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Si queremos proyectar la ciudad de una forma más ecológica, que
incluya múltiples ecologías, tenemos que conocer mejor la ciudad.
Solo mediante una comprensión profunda de las ecologías
urbanas podremos proyectarlas de modos más eficientes y
matizados. en esta sección se discutirán dos formas de sentir: una
tiene que ver con cómo puede utilizarse la tecnología para
entender de un modo más sutil la ciudad; la otra tiene que ver con
los sentidos del olfato y el tacto, además del de la vista. el trabajo
del SenSeable City Lab nos muestra cómo puede emplearse la
información telefónica para entender mejor las discrepancias
que existen entre los recorridos peatonales en la ciudad y, como
resultado, planificar mejor su convergencia con los sistemas de
transporte público. De esta manera se pone de manifiesto cómo la
tecnología puede ser un buen complemento de los sentidos
humanos. Sissel tolaas reta a los urbanistas a que integren
consideraciones sobre el olfato en los proyectos de ciudad.
Demasiado a menudo estas cuestiones se dejan al azar, pero
¿no es acaso cierto que relacionamos ciertas ciudades con ciertos
olores? Ahora bien, no todos los olores nos gustan. esto suscita
preguntas sobre por qué nos gustan ciertos olores y cómo estos,
en última instancia, conforman un espacio. en su artículo “Hay más
verde de lo que a simple vista parece”, Gareth Doherty invita a los
proyectistas a pensar en el color a la hora de dar forma a la ciudad,
en especial en lo que toca a la asociación entre lo ecológico y el
medioambientalismo, pues en algunos climas el verde es de difícil
mantenimiento. A mayores conciencia, comprensión y sensibilidad
por el contexto, más capaces seremos de intervenir en él con
precisión.
S e n t i r La ciudad desde el olfato
Sissel Tolaas
Planeta Urbano: Ciudad de México
Daniel Raven-Ellison
CitySense: una red de sensores a escala urbana
Matt Welsh y Josh Bers
Eat love
Marije Vogelzang
ecologías autoingeniadas
Christine Outram, Assaf Biderman y Carlo Ratti
Hay más verde de lo que a simple vista parece:
ecologías de lo verde en Baréin
Gareth Doherty
Play Me, I’m Yours!
Luke Jerram
Mapping Main Street
Jesse Shapins, Kara Oehler, Ann Hepperman
y James Burns
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La ciudad desde el olfato
Sissel Tolaas
Artista invitada Rouse, Harvard Graduate School of Design, 2009
Olores buenos, malos o sencillamente
interesantes
Creo que “tolerancia” es la palabra clave para una nueva aproxi-
mación a la ciudad y a nuestros entornos. Creo que debemos
aprender a ser tolerantes para convivir de otro modo. ¡El proceso
comienza por la NARIZ!
La intolerancia de la nariz a ciertos olores ha tenido efectos
serios y duraderos en el estatus del olfato en nuestras socieda-
des. En general, se tiende a asociar el olor con clichés de una
decadencia ética, moral y mental. Los llamados malos olores
persisten, aun cuando cabe la posibilidad de expresarlos de
maneras nuevas, ya sea en el cine, en la literatura o en otros
medios de comunicación.
El mundo ideal se nos presenta limpio y desodorizado y se
percibe principalmente a través de los sentidos de la vista y el
oído. La superficie blanca y brillante, ya sea de un cuerpo des-
odorizado, de una pared blanca o de una calle limpia, es la visua-
lización del estatus del olfato, una instancia en la que los olores
y las imágenes se confunden en la convergencia de sus campos
semánticos. Esta retórica de la higiene domina la imaginación
colectiva, y generalmente se piensa que ser limpio y pulcro es
aquello digno de representar o presentar.
Nuestras ciudades desinfectadas nos privan de la oportuni-
dad de utilizar nuestras narices para orientarnos e informar-
nos.1 ¿Qué nos estamos perdiendo? No usamos el 5 % de nuestros
genes relacionados con el olor. ¿Qué sucedería si la nariz comen-
zara a tener un papel similar al de los ojos y los oídos en nuestros
procesos de percepción, orientación y comunicación?
Junto a las ratas y las cucarachas, los seres humanos somos
los generalistas con más éxito del mundo: podemos vivir en cual-
quier nicho ecológico del planeta y sobrevivir a base de los ali-
mentos disponibles. Para los generalistas, la función del olfato
consiste en aprender a responder adecuadamente a una fuente
particular de olor cuando nos la encontramos, y no a tener una
serie de respuestas predeterminadas a olores particulares. Los
animales especialistas tienen respuestas olfativas innatas ante
las presas o los depredadores; los generalistas no.2
Nuestras respuestas a los olores se basan en el aprendizaje
por asociación; no son innatas. Asociamos un olor a las circuns-
tancias en las que lo percibimos por primera vez, y seguirá sien-
SEnTiR 4
do así hasta que queramos cambiarlo. La adaptación cultural, el
sentido de la pertenencia y el entendimiento son muy importan-
tes en este caso.
El olfato es el primer sentido mediante el cual interactuamos
con el mundo y nos relacionamos con él; olemos antes que vemos.
Los olores están muy asociados a la identidad personal y de gru-
po. Lo que separa más marcadamente a dos personas son sus
propios olores. Los humanos manipulan su identidad odorífera
para mantener o crear una identidad personal “nueva” o demos-
trar su conexión a un grupo. Ninguna sensación de gusto o dis-
gusto es tan básica como una sensación física. El odio racial o
religioso, las diferencias de temperamento o de educación, de
intelecto y de hasta código moral pueden superarse, pero el
rechazo físico no.3
Las repulsiones y preferencias olfativas están profundamente
arraigadas; manipularlas es una forma muy eficaz de obtener
efectos y resultados, ya sean estos políticos, sociales o indivi-
duales. Nada es más exitoso que la manipulación de las sensa-
ciones de la gente, que es lo que se produce en el mundo comer-
cial con los olores. Existe una fuerte relación entre olor, sociedad
y poder.4
Debemos superar todos los prejuicios que tenemos en torno
al olor y superar la idea de “no soportar cómo olemos”. Hay que
cambiarla para que podamos soportarlo. ¡Esto cambiará el
mundo!
¿Qué hacer y cómo hacerlo?
Creo que los olores son un componente fundamental en la defini-
ción de, y orientación hacia, un entorno, sea este el cuerpo o la
ciudad. Los escenarios de los olores pueden pasarse por alto de
un modo irreflexivo, sin embargo, son señales de métodos parti-
culares de implicación y compromiso ante una situación. Los
lugares pueden caracterizarse individualmente, o tipificarse –de
manera inolvidable– mediante los olores. Los olores nos rodean
en todo momento, estemos donde estemos. ¡La nariz nunca des-
cansa! Cada vez que respiramos, inhalamos moléculas de olor
que nos brindan importante información sobre microniveles de
nuestro entorno.
En las ciudades operamos en tres esferas: la industrial, la
pública y la privada. Cada una cuenta con sus propias infraes-
tructuras y leyes en lo que se refiere a la tolerancia del olor. Nor-
malmente operamos con una tolerancia elevada ante los malos
olores si nos movemos en áreas industriales, como fábricas, ver-
tederos y demás. ¿Por qué? En la esfera pública, la cosa es distinta:
nuestra relación con ella es presumiblemente “neutra”, aunque en
realidad operemos con muchas restricciones y prejuicios que pue-
den verse provocados por el olor de una comida “extraña” o de
alguien que huela “distinto” en el metro. En la esfera privada se
5
Sin fronteras – NOSOEAWE, Bienal
de Berlín, 2004
el proyecto consta de once botellas
que lentamente fusionan los olores
de cuatro barrios berlineses:
nO = norte; We = oeste; eA = este
y SO = sur.
SEnTiR 6
La ciudad desde el olfato 7
1 Drobnick, Jim (ed.), The Smell Culture aceptan casi todos los olores, pero si alguno de ellos llegara a
Reader, Berg Publishers, Oxford/nueva traspasar el límite de la privacidad, se lo percibiría fácilmente
York, 2006.
como problemático. ¿Puede cambiarse este hecho? ¿Podemos
2 ibíd.
3 George Orwell discutió la relación entre entrenarnos para ir más allá de la aceptación? ¿Qué significaría
los olores y las diferencias de clase en The todo esto para la noción de tolerancia en general?
Road to Wigan Pier [1937] (versión caste-
Si aprendemos a educar nuestro olfato para orientarnos en el
llana: El camino de Wigan Pier, Destino,
Barcelona, 2012). contexto urbano, podremos progresar en la tolerancia de los
4 Classen, Constance; Howes, David y unos con los otros. Deberíamos redefinir nuestras nociones de
Synnott, Anthony, Aroma: The Cultural
History of Smell, Routledge, nueva York, limpieza y los términos “bueno” y “malo”. Esto es algo importan-
1994. te, pues “limpiar” significa cosas muy distintas en las diferentes
culturas.
Hay un elemento lúdico en descubrir el mundo a través de sus
olores y en conocernos mejor a nosotros mismos y a nuestro
potencial de interacción con el entorno. Una relación más cómo-
da con el olor genera una actitud más optimista ante las cuestio-
nes medioambientales; cambia el estado de ánimo. Retar a que la
gente utilice su nariz ofrece nuevas formas de acercase a la reali-
dad, diferentes de las que aprendemos viendo desastres por tele-
visión. Creo que necesitamos más optimismo y más actitudes
positivas para poder entender la seriedad de aquello a lo que nos
enfrentamos: nuevos retos, nuevos métodos, nuevas herramien-
tas... La nariz es la clave.
Mi experiencia es que la gente en todo el planeta se siente
desafiada cuando se les pregunta seriamente para qué utilizan
su nariz, además de para inhalar y exhalar. La importancia de
esa pregunta no radica en si huelen un olor malo o uno bueno,
sino en que, en ese mismo instante, redescubran su entorno –a
los otros seres humanos, los lugares o la misma ciudad– al abor-
dar los olores de una forma distinta. Cuando la gente entiende
por la nariz, entiende de verdad.
Necesitamos una discusión nueva y diferente sobre cómo
hacer uso de los códigos ocultos del olfato para unirnos en lugar
de separarnos. Tenemos que deshacernos de la idea de que el
olor solo tiene que ver con los aspectos intrínsecos, privados y
personales de nuestras vidas. Tenemos que salir y desafiar la
opinión convencional que establece que los olores son privados y
no hay que hablar de ellos. Solo así podremos progresar; y creo
que un nuevo acercamiento intelectual a la nariz y a los olores
está en camino.
La pregunta más importante es qué constituye un entorno de
olores aceptable. ¿Quién decide las reglas? ¿Cómo se justifican?
¿En qué se fundamentan las definiciones de malo o bueno? ¿No
es acaso el momento de redefinirlas y de reaprender cómo las
abordamos?
nada apesta, pero pensarlo hace que así sea.
SEnTiR 8
tALKinG nOSe _Ciudad de México
TALKING NOSE es un proyecto de investigación sobre los olores
de Ciudad de México.
TALKING NOSE es un proyecto sobre el olor como información y
como sistema de comunicación.
LOS OLOreS = 200 olores de 200 barrios
Se identificaron doscientos barrios a través de sus moléculas
de olor, el ADN de un lugar. Los olores son señales (químicas) de
nuestro entorno, de las cosas animadas e inanimadas que nos
rodean. Recogí e interpreté partes de su sustancia inasible utili-
zando avanzadas herramientas de análisis y recolección, y con la
ayuda del repertorio de efectos olfativos y de un método adapta-
do al olor. Se entendieron y recolectaron los fenómenos odorífe-
ros de cada zona a lo largo de varias visitas y, en cada caso, me
serví de una aproximación fenomenológica a los olores del lugar.
Utilicé la tecnología punta Headspace para recoger moléculas
de los distintos lugares. Si una fuente de olor está lo suficiente-
mente localizada en el espacio y el tiempo, puede fijarse su posi-
ción (localización). No obstante, los movimientos del aire pueden
inducir a error en la localización espacial (deslocalización). La
inercia del aire puede retrasar la detección del aroma.
LA PeLÍCULA = película muda que solo muestra
narices olfateando el aire de la ciudad
Se pidió a dos mil personas que describieran el olor de su ciudad
y de su contaminación en su propio idioma. El criterio para
seleccionar a los participantes fue que conocieran muy bien su
zona. Al aplicar lo que yo llamo el “método peripatético urbano”,
filmamos y registramos lo que ellos percibieron y sintieron en
sus caminatas. Se pidió a los caminantes que se concentraran
en sus sensaciones olfativas, que gesticularan con sus narices.
Después se analizaron las descripciones y se hizo uso de los efec-
tos olfativos para desarrollar hipótesis sobre los fenómenos
olfativos de cada lugar. Se combinaron los análisis y se los com-
paró con el análisis electrónico. La película muda solo muestra
los gestos y movimientos de las narices y de los rostros.
La ciudad desde el olfato 9