Table Of ContentTOCADOS, PEINADOS Y PELUCAS EN EL
ANTIGUO EGIPTO
INTRODUCCIÓN
Las ideas relacionadas con los cabellos entre los pueblos del Mediterráneo partían de la
base de que éstos simbolizaban la plenitud y la vitalidad del hombre. El cabello no es
una parte del ser humano que dependa de su voluntad, crece de forma espontánea,
incluso más allá de la muerte durante cierto tiempo. El cabello era, por lo tanto, portador
de muchos simbolismos y, de alguna manera, cada individuo se sentía representado por
sus cabellos. Cuando el cabello se caía o se volvía gris, el individuo se sentía
amenazado por la edad o la enfermedad y sentía mermada su capacidad vital.
El ser agarrado por el pelo, incluso hoy en día, es sinónimo de ser vencido y quedar a la
merced del otro. El faraón agarraba a sus enemigos por el pelo para demostrar que los
sometía. En otras culturas antiguas sucedía algo parecido, si una persona se dejaba
tocar los cabellos por otra significaba que le entregaba su voluntad y demostraba
sumisión. Por ejemplo, entre los germanos, el simple hecho de tocarle las barbas a
alguien significaba una adopción; y entre los griegos, este mismo gesto significaba
sumisión y petición de clemencia. Incluso se llegó a atribuir poderes mágicos al cabello,
todos recordamos el episodio bíblico de Sansón y su fuerza en los cabellos. Hasta en el
lenguaje coloquial se percibe esta importancia de los cabellos, puesto que todos hemos
oido expresiones como ¿subirse a las barbas¿ o ¿tomar el pelo¿ como falta de respeto;
¿jugarse el bigote¿ para decir arriesgar la vida; o antiguos juramentos que decían ¿por
mis barbas¿ que era tanto como decir ¿por mi vida¿.
Entre las culturas antiguas también encontramos que el cabello tenía una gran
importancia en los diferentes momentos de la vida, y con frecuencia había ritos
relacionados con él en los cambios de etapa en la vida de las personas, como puedan ser
la infancia, pubertad, maternidad, sacerdocio, los ritos funerarios...
Vamos a tratar de desvelar hasta qué punto fue importante todo lo relacionado con
cabellos, peinados y pelucas en el Antiguo Egipto.
EL PELO NATURAL: COLOR, CALIDAD Y APARIENCIA
Egipto es un país africano, por lo tanto debemos pensar que sus habitantes
tendrían en su mayoría cabello oscuro y rizado como correspondería étnicamente a
las razas mediterráneas. No queremos decir los rizos pequeños y apretados de los
individuos de raza negra, sino ondulado, o al menos no liso como encontraríamos en las
culturas americanas o en las personas pertenecientes a la razas orientales. El pelo de los
egipcios se iría haciendo más rizado cuanto más al sur, en la zona de Nubia, donde ya
sería el tipo de cabello fuertemente rizado de la raza negra.
Por lo tanto, cabe suponer que los habitantes de Egipto tendrían, en su mayoría, cabellos
negros o al menos bastante oscuros. Y también que la calidad de su pelo era buena, ya
que el cabello en las razas mediterráneas suele ser abundante y fuerte.
No obstante, una vez más, la climatología de Egipto, con su calor sofocante, condiciona
casi todos los aspectos de esta civilización. Y el estilo de peinado no podía ser menos.
Los egipcios normalmente llevaban el cabello corto, o incluso rasurado. Si acaso las
mujeres podían llevar una melena corta y cuadrada, pero los hombres solían cortar sus
cabellos muy cortos, casi al estilo actual. Esto tiene toda la lógica del mundo en lo
referente a las clases trabajadoras. El pelo corto o rasurado era una buena manera de
hacer frente al calor y a los parásitos. Por este mismo motivo también se depilaban todo
el vello corporal.
El cabello y el cuero cabelludo era motivo de constantes atenciones. Unas veces se
trataba de combatir las canas, otras veces la calvicie, otras tratar de hacer que el pelo
creciera de nuevo, e incluso les preocupaba que las cejas se les volvieran grises. En el
Papiro Ebers encontramos recetas para ¿transformar a un viejo en joven¿ (esto sería un
tinte) así como otra destinada a mujeres y que sirve para ¿hacer que a una rival se le
caiga el pelo¿. Esta receta se compondría de hojas de loto quemadas y sumergidas en
aceite que habría que aplicar en la cabeza de la mujer odiada.
La receta propuesta por los egipcios para hacer crecer el pelo de alguien calvo
sería: grasa de león, grasa de hipopótamo, grasa de cocodrilo, grasa de gato, grasa
de serpiente y grasa de ibis, todas ellas mezcladas y puestas en la cabeza. No
sabemos si esto era efectivo, aunque el hecho de que la alopecia siga atormentando a la
humanidad, nos hace dudar de su eficacia..
Las referencias al cabello también tienen su importancia en la mitología. La diosa Isis,
al enterarse del asesinato de su marido, lo primero que hace es cortarse un mechón de su
cabello antes de emprender su búsqueda del cuerpo. Igualmente cuando llega a Biblos,
enseña a las damas de aquella corte a trenzar sus cabellos.
EL PELO EN LOS RITOS FUNERARIOS
En los ritos funerarios también parece que el cabello tenía su papel. Hombres y
mujeres aparecían con el pelo en desorden, y las mujeres plañideras se tiraban del
pelo entre lamentos, y se tiraban ceniza sobre ellos. Por otra parte, en muchos
enterramientos han aparecido pequeñas trenzas o bucles de pelo humano
cuidadosamente guardados en cajitas. No sabemos muy bien si estos eran postizos o
extensiones y formaban parte del ajuar funerario, como el caso de las pelucas
completas, o era simplemente una cuestión piadosa basada en el cariño de alguien por el
fallecido o viceversa.
La realeza contaba con peluqueros y barberos que cuidaban tanto de su pelo natural
como de las pelucas. Tanto mujeres como hombres se ponían a diario en manos de los
peluqueros, barberos, manicuristas, etc., al menos esto es lo que nos quieren indicar las
representaciones oficiales. Solo en el caso de la familia amárnica tenemos la seguridad
absoluta de que llevaban el cráneo rasurado. Hay gran cantidad de representaciones en
las que aparecen tanto la pareja real, como sus princesitas luciendo sus alargadas
cabezas afeitadas.
Pero en la vida real, las clases trabajadoras se conformaban con ir al barbero/peluquero
de vez en cuando para que les rasurase el cráneo. Para ello, hacían cola al aire libre y
esperaban su turno echando un sueñecito a la sombra.
Ahora bien, casi podemos decir que se sabía la posición social de un personaje por la
longitud de sus cabellos. Cuanto más adinerado era el personaje, más largo tenía el
cabello. Un hombre o mujer de cabellos largos no podría estar trabajando en el campo a
pleno sol, y si lo hacía, el aspecto de sus cabellos sería de suciedad y desaliño. Así, sólo
quienes tenían sirvientes para cuidarles y trenzarles el pelo, podían permitirse dejarlo
crecer. Aunque, a partir de las representaciones, es muy difícil determinar si el pelo era
natural, o se trataba de peluca. Por supuesto, en los elaboradísimos peinados que vemos
en los banquetes, o en las decoraciones de las tumbas, no nos cabe ninguna duda de que
son pelucas. La duda aparece cuando el peinado es ¿posible¿, es decir, no es tan
sofisticado, y sería por lo tanto factible que fuera de pelo natural.
ESTILOS DE PEINADO EN PELO NATURAL I
Como ya hemos dicho, resulta muy difícil saber si los peinados que aparecen en las
imágenes representadas son de pelo natural. Sólo en las escenas de vida cotidiana y de
trabajadores, podemos estar seguros de que se trata de pelo natural. En las escenas
¿oficiales¿ o rituales siempre aparecen representados con pelucas, incluso los sirvientes.
También resulta algo pretencioso llamar peinados a lo que simplemente es un cabello
corto, o un cráneo rasurado, ya que es así como aparecen los adultos en estas escenas.
Baste para ello ver a los carniceros, o cerveceros, o joyeros. Es decir, los artesanos
aparecen frecuentemente rasurados o con cabello muy corto.
En el caso de las mujeres, el hecho de que aparezcan con frecuencia con una melenita
corta y cuadrada nos hace pensar que el estilo predominante entre ellas era este, y que
efectivamente era su pelo natural, ya que no parece probable que usaran peluca para los
extenuantes trabajos que realizaban.
En el caso de los niños, sí que tenemos seguridad absoluta de que les afeitaban la
cabeza totalmente con el fin de evitar los molestos piojos y liendres. Los niños de la
nobleza también solían ir rasurados, a excepción de unos cuantos mechones, por lo que
vemos en las representaciones. Aunque esto debía ser incómodo, y creemos que era una
manera de representarlos para ¿embellecerlos¿ de alguna manera, ya que este tipo de
arreglo capilar no parece práctico en la vida cotidiana, y menos para niños. Las
jovencísimas sirvientas nubias también llevaban estos mechones, aunque solían
trenzarlos.
Los niños de la realeza podían llevar el pelo corto, o llevarlo rasurado, pero
manteniendo un mechón en lo alto de la cabeza que dejaban crecer y que trenzaban en
un mechón lateral que denominamos mechón de juventud, puesto que al alcanzar la
pubertad, lo cortaban. En las representaciones, este mechón aparece azul, como
imitando el pelo de los dioses.
Otro tipo de peinado que suponemos de pelo natural era el que utilizaban las bailarinas.
Estas muchachas llevaban el pelo largo y lo utilizaban para acompañar los movimientos
de sus danzas. Por supuesto no podrían utilizar pelucas para bailar sin que se les cayeran
durante sus evoluciones. Hay representaciones en las que estas mujeres aparecen con el
pelo suelto, o apenas sujeto por unas cintas.
Hay también representaciones en las que aparecen con el pelo corto, pero con un largo
mechón en lo alto de la coronilla, el cual trenzaban con un disco o una bola de terracota
que ponían en el extremo de la trenza. Esto suponemos que les servía para dar peso a la
trenza y poderla hacer oscilar al ritmo de la música y configurar así algo equivalente a
una coreografía.
ESTILOS DE PEINADO
Los sacerdotes, por su parte, aparecen representados de diferentes formas. Los
sacerdotes de menor grado, como por ejemplo los lectores o los wab (puros) iban casi
siempre totalmente afeitados.
Pero encontramos otros sacerdotes, como puedan ser el sem o el Iunmutef que suelen
aparecer con peluca corta y redonda de la que denominamos ¿nubia¿. Particularmente,
en el caso de los Iunmutef suelen estar representados con peluca corta y trenza lateral,
como los niños. Este tipo de peinado era también el de los sacerdotes del clero del dios
Ptah en Menfis, y siempre era peluca.
Ya hemos dicho que tenían un estilo de peinado para cada etapa de la vida. El curioso
peinado con el que representan a las mujeres que están de parto nos confirma este
hecho. Al parecer mientras duraba el trabajo del parto la mujer llevaba un moño
despeinado e informal en lo alto de la cabeza, y sólo cuando el niño estaba dispuesto a
ver la luz, ella soltaba sus cabellos, como vemos en las representaciones y en el
jeroglífico.
Al parecer, recogiendo su pelo conjuraba a los espíritus malignos, y una vez estaban ya
conjurados, ella soltaba el pelo como dando permiso al niño para nacer sin peligro. Pero
este peinado igualmente era el utilizado para amamantar al bebé. Quizás cumpliera las
mismas funciones mágico-religiosas de protección a la madre y al bebé. Pero en mi
opinión podría tratarse de una idealización de la tendencia natural que tendría una mujer
de recogerse el pelo en lo alto de la cabeza con horquillas, con el fin de paliar el calor y
de evitar que cayeran cabellos al bebé que amamanta. Poniéndolo en lenguaje actual,
parece lógico que una mujer de pelo largo que va a dar el pecho a un bebé, se lo recoja
con una pinza en lo alto de la cabeza para mayor comodidad de ambos. Lo cierto es que
siempre que aparece una escena de lactancia, la madre está representada con una especie
de moño nada simétrico y bastante informal. Además de estar siempre sentada bajo una
pérgola de clemátides, planta que al parecer tenía mucho que ver con la sexualidad y sus
consecuencias, en este caso la maternidad. En la iconografía de imágenes de lactancia,
casi siempre aparece igualmente un espejo y una sirvienta nubia, con los típicos
mechones en su cráneo rasurado.
En cuanto a los extranjeros que visitaban o vivían en el Valle del Nilo, sólo los
mencionaremos para contrastar las grandes diferencias que presentaban en el estilo de
peinado. Los asirios, asiáticos, los pueblos del mar y los nubios siempre aparecían
representados con sus estilos autóctonos de peinado. Y al parecer ninguno de esos
pueblos tenía por costumbre el uso de pelucas.
LAS PELUCAS
Desde épocas muy antiguas aparece el uso de la peluca en Egipto. Para ilustrar esta
afirmación debemos remontarnos a las figurillas votivas de fertilidad que ya aparecían
con una enorme cabellera de terracota en la que había practicados unos agujeros que
servían para insertar ramitas y fibras vegetales a modo de cabellera vegetal.
También en épocas posteriores se siguieron fabricando unas figurillas votivas de
fertilidad en forma de pala de madera, cuyas espesísimas pelucas estaban hechas de
cuerdas.
Ya hemos dicho que los egipcios se rasuraban por higiene, pero para mantener la
estética hacían uso de pelucas en sustitución del propio cabello. Tanto el faraón,
como los dioses, o los personajes de la realeza lucían diferentes pelucas dependiendo
del rito representado, por tanto debemos pensar que existía cierta simbología en el estilo
de la peluca, puesto que los egipcios hacían pocas cosas por que sí, sino que cada cosa
obedecía a algo.
Vamos a centrarnos primero en las técnicas de fabricación. Las pelucas egipcias
estaban hechas mayoritariamente de cabello humano. No parecen ciertas las
afirmaciones de que fabricaban pelucas ¿baratas¿ con fibras de palma, o con lana, al
menos para la parte ¿visible¿ de la peluca. Si que pudieron haber servido de relleno o de
base. Lucas y Harris afirman en su libro sobre materiales en el Antiguo Egipto haber
analizado microscópicamente 14 de las 15 pelucas que hay en el Museo Egipcio de El
Cairo, y el resultado fue común: todas ellas estaban fabricadas con pelo humano castaño
o castaño oscuro, se habían teñido de negro y habían sido impregnadas con cera de
abejas. Por el contrario, ningún ejemplar de peluca de fibras de palma o de lana ha
llegado a nuestros días. Parece, pues, lógico poner en duda su existencia.
Las pelucas, como tantas cosas, fueron idealizadas por los artistas en su afán de
simetría, ya que los pocos ejemplares que han llegado a nuestros días no son tan nítidas
ni elegantes como aparecen en las representaciones. Además de estar muy manchadas
por la grasa de los conos.
La confección de una peluca seguía un esquema simple: El pelo natural, en mechones
sueltos, retorcido o en trencitas se entrelazaba muy tirante entre las aberturas de un
soporte almohadillado que podía ser de fibras vegetales. Para darle consistencia y fijar
el cabello al soporte sumergían (sólo el soporte y la raíz de la peluca) en un líquido
compuesto por resina y cera de abejas. La resina endurecida haría las veces de
adhesivo y mantendría los mechones en su lugar. La cera le daría cierta
flexibilidad y no se derretiría hasta los 60º por lo tanto la peluca quedaría en su
sitio incluso en los días de más calor. Entonces, ya con la base fijada se podría
proceder al peinado de la peluca. Se calcula que una peluca constaba aproximadamente
de unos 120.000 cabellos como mínimo.
La famosa peluca rubia rizada del Museo Británico está hecha sobre un entramado de
trencitas (unas trescientas, de 400 cabellos cada una) que deja aberturas romboidales por
las que se pasan los mechones rizados de la coronilla, que forman una cascada de bucles
en lo alto de la cabeza.
Las damas acaudaladas tenían sirvientas que cuidaban sus pelucas, y las repeinaban,
mientras que en la clase baja, se arreglaban unas a otras, ya que no se puede trenzar el
cabello de la nuca una misma. Las pelucas eran fabricadas por los barberos o por
mujeres.
PELUCAS DE MELENA CUADRADA Y TRIPARTITA
Las pelucas femeninas que aparecen más frecuentemente en las representaciones del
Reino Antiguo son las cortas cuadradas y las largas tripartitas. Las primeras son las
típicas pelucas de melena corta cuadrada como la que luce la princesa Nofret en la
estatua en la que está con su marido. Estas pelucas tenían raya en medio y el cabello
muy abundante caía a los lados hasta el mentón más o menos sin llegar a los hombros.
Cubría las orejas, aunque al parecer iban superpuestas, y no les importaba nada que el
propio cabello apareciera por la frente. Normalmente, llevaban una diadema o cinta
rodeando la frente.
Los hombres en el Reino Antiguo solían llevar su pelo natural muy corto o afeitado,
aunque podían utilizar alguna peluca corta para actos específicos. En las
representaciones parietales casi todos los obreros o campesinos aparecen rasurados.
Y no debemos dejar de mencionar a la más exótica de las reinas del REINO ANTIGUO.
Nos estamos refiriendo a Meresanj III, la cual no sabemos si utilizaba peluca de pelo
muy corto, o realmente instauró la moda de cortarse el pelo natural a lo chico en el
Reino Antiguo. Pero lo que llama poderosamente la atención es el color rubio del pelo
(o peluca) en aquella época de costumbres tan sobrias.
Las películas durante el reino medio.- Durante el Reino Medio las pelucas cortas
cuadradas quedaron para las clases trabajadoras, mientras que las de pelo muy corto,
casi como un casco, y las de pelo largo llamadas tripartitas fueron las más comunes.
Las pelucas tripartitas consistían en una melena dividida en tres partes, dos mechones a
los lados que caían sobre el pecho, y otro mechón mas grueso que caería por la espalda.
Suponemos que esta disposición del pelo era una idealización más, ya que al menor
movimiento las tres particiones se mezclarían y quedaría el pelo desordenado. Aunque
también podían estar los cabellos impregnados de algo que les diera consistencia y les
impidiera moverse de su sitio. Normalmente, estas pelucas no eran de trenzas sino de
mechones gruesos y lisos, dejaban ver las orejas y también estaban peinadas con raya en
medio.
LAS PELUCAS COMPLEJAS
Como casi todo en el Antiguo Egipto, las pelucas llegaron a su momento de mayor
sofisticación en el Imperio Nuevo, con intrincados trenzados, y diferentes capas de pelo.
Cada mechón acababa en un tirabuzón, o llevaba algún adorno.
Esposa de Ramses II con peluca tripartita compleja
Pero no sólo se utilizaba la técnica de la trenza sino también un torsionado del cabello
formando mechones gruesos, que impregnaban en cera o grasa para mantenerlos
torsionados y en su sitio. Quizás deberíamos considerar a los egipcios como los
inventores de las rastas que tan de moda están hoy en día.
Parte trasera de representación de peluca en mechones
gruesos o rastas
Estas pelucas complejas podían ser de pelo muy largo y abundante, pero también más
cortas, solo hasta tocar los hombros, con aspecto más bien redondo y diferentes capas
de pelo cortado y dispuesto en diagonal, logrando efectos sorprendentes.
Otro tipo de peluca muy utilizada por los hombres fueron las llamadas nubias. Estas
pelucas eran cortas, redondas, pegadas a la cabeza casi como un casco. Este tipo de
peluca, aunque preferida por los hombres, también fue muy utilizada por algunas
mujeres con cargos de importancia o de carácter autoritario, como pudieron ser
Hatshepsut, Tiyi o Karomama.
Por supuesto siguieron utilizándose las pelucas largas tripartitas, aunque ahora
aparecían con trenzados y adornos en los extremos de los mechones o trenzas, y se
pusieron de moda las llamadas pelucas Hathoricas, o de caracol. Esto consitía en
arrollar el cabello de la peluca a un disco de material rígido formando dos caracoles
sobre el pecho, casi con el aspecto de que llevaban los rulos puestos. Esto imitaba la
iconografía tradicional de la diosa Hathor y fue muy popular entre las reinas de la Din
XVIII. Aunque, una vez más ponemos en duda que estos discos se sujetaran a menos
que estuvieran pegados o entrelazados con el pelo.
Diosa Hathor con peluca de caracol
Según fue avanzando el tiempo la moda se liberalizó, y se adoptaron pelucas más largas
y de aspecto más libre y salvaje, quizás debido a influencias extranjeras. Esta libertad
adquirida en la realidad quedaba igualmente idealizada en las representaciones, donde
aparecían las ondas perfectamente paralelas, aunque todos sepamos que esto no puede
mantenerse así, a menos que estuvieran rígidas por algún producto que hiciera las veces
de nuestras lacas. Y definitivamente, las melenitas cuadradas quedaron solo para las
clases trabajadoras.
Las pelucas eran habitualmente de pelo oscuro, pero tampoco tenían empacho en
teñirlas de colores, y así hemos visto pelucas azules, rubias y blancas. Para conseguir el
azul utilizaban el índigo (indigofera tinctoria), y para los tonos rojizos la henna.
Las azules suelen ser las nubias que usaban los soldados y oficiales de élite. El color
azul trataría de aproximarse al color del jeperesh o corona de guerra del faraon, y
además al color de pelo de los dioses, quienes tenían el pelo de lapislazuli, y
frecuentemente se los representaba con el pelo azul.
Y los demás colores formarían parte de la fantasía, como vimos en el caso de la reina
Meresanj, si bien en el caso de pelucas blancas podrían estar queriendo indicar de la
edad de los personajes representados.
En cuanto a los dioses de figura antropomorfa podemos decir que seguían un poco las
modas de los mortales, aunque generalmente tanto dioses como diosas aparecen con
peluca tripartita antigua, es decir sin trenzar, de pelo liso y azul, imitando el lapislazuli.
No obstante en el caso de dioses niños siempre están representados con el mechon
lateral de juventud, como es el caso de Ihy, Nefertum, Jonsu o Harpócrates.
Cuando los infantes de la realeza aparecían con peluca, esta era de tipo nubio corta y
con el clásico mechón de juventud.
ADORNOS DE PELO (I)
La diadema más antigua de la que tenemos referencia pertenecía a una princesa cuya
tumba fue descubierta en Abydos. Consistía en una serie de cuentas de turquesa y
malaquita con intervalos de anillitos de oro. Y una sección de cuentas de oro formaban
el cierre trasero. Indiscutiblemente se trata de una diadema ya que fue encontrada en su
lugar, es decir sobre la cabeza de la difunta. Esta diadema aún mantenía un fragmento
de velo que cubría la cara. La datación de esta pieza se remonta al 3200 a.C., la época
del predinástico que denominamos Nagada II.
Aproximadamente un milenio más tarde, ya en el Reino Medio aparecen nuevos
ejemplares de diademas, que ponen de manifiesto el refinamiento alcanzado por la
orfebrería en esta época. Los descubrimientos que nos han aportado mayor información
en este campo fueron los de Lisht, de Dashur y de Lahun.
En primer lugar citaremos la sutil diadema de la dama Senebtisy, cuyo enterramiento
descubrió Herbert Winlock en Lisht al lado de la pirámide de Amenemhat I, fundador
de la Din XII. Se trata de una diadema calada formada por hilos de oro torsionados y
formando un intrincado dibujo. Sobre la frente lleva un corazón invertido. Un total de
98 rosetas de oro adornan los mechones de su peluca.
Diadema de la princesa Sithathoriunet
Pero esta diadema no sería más que la versión plebeya de las exquisitas diademas que
poseía la princesa Khnumit, hija de Amenemhat II. El tesoro fue descubierto en 1895
por De Morgan en Dahshur, cerca de la pirámide de su padre. Esta princesa fue
enterrada con dos diademas, una de ellas más formal, y la otra una verdadera fantasía.
La diadema formal está compuesta de ocho grupos de adornos. Cada uno de estos
grupos consiste en una roseta de oro y lapislázuli, con los pétalos de turquesa incrustada
alrededor de un disco de cornalina. A los lados de las rosetas aparecen los Lotos del
Alto Egipto fabricados en los mismos materiales. Para separar cada grupo aparece una
de estas rosetas con un loto vertical. El elemento central de la diadema es un buitre de
lámina de oro con las alas extendidas. Este buitre (seguramente una alusión a Nejbet o a
Mut) presenta con gran detalle el plumaje del ave, y se cree que sus ojos tenían
incrustaciones de obsidiana.
Description:descubrió Herbert Winlock en Lisht al lado de la pirámide de Amenemhat I, fundador de la Din . Las rosetas podían ser incluso de metales nobles.