Table Of ContentÍ N D I C E
Prólogo / Lesbia Vent Dumois / 9
Aclaración al lector / 12
Palabras introductorias / 15
Capítulo I / Los cuatro grandes ausentes: Raúl Martínez, Muñoz
Bachs, Rostgaard y Frémez. Homenajes / 19
Capítulo II / El entorno del diseño gráfico en los sesenta:
realidades, debates, críticas e influencias / 42
Capítulo III / Lunes... revolucionó la gráfica por su audacia, por su
dinamismo / 54
Capítulo IV / Los aportes a la cultura cubana de los diseñadores
gráficos del Consejo Nacional de Cultura / 78
Capítulo V / El cartel de cine del ICAIC (1959-1974) / 111
Capítulo VI / Vamos a caminar por Casa / 142
Capítulo VII / La editorial de la UNEAC que conocí en los sesenta / 167
Capítulo VIII / La revista Cuba: una historia olvidada del diseño
gráfico cubano / 172
Homenaje: Hablando de Roberto Guerrero / 189
Capítulo IX / La gráfica política y social / 192
La Exposición del Tercer Mundo y el Pabellón Cuba / 208
Homenaje: Hablando de Guillermo Menéndez y René
Mederos / 213
Capítulo X / El diseño Tricontinental de la OSPAAAL / 218
Homenaje: Hablando de Alfredo Rostgaard / 232
Capítulo XI / El diseño cubano del libro 1959-1974 / 239
Homenaje: Hablando de Raúl Martínez / 264
Lista de testimoniantes / 271
Bibliografía / 273
Índice onomástico / 275
Anexo gráfico / 285
Testimonios del Diseño Gráfico cubano 1959-1974 es el libro que P R Ó L O G O
nos regala el diseñador Héctor Villaverde y que sin lugar a dudas, por la
pasión de la entrega y el afán por reconocer los valores de aquellos que
con su obra han dado prestigio al arte cubano, es una valiosa contribución
a nuestra cultura.
El autor pone en práctica la evocación como método, donde un numeroso
y diverso grupo de interesados, en una imaginativa convocatoria que
titulara Jueves del Diseño, aportó con sus opiniones un entramado vivo
y ameno sobre los primeros quince años del diseño gráfico de la
Revolución, período calificado como su «época de oro».
Lectura amena, ajena a la cronología, que rinde honores desde su inicio
a los hombres que ya no están y que adoptaron al diseño como su lenguaje.
Ahí está la versatilidad de Raúl Martínez, el juguetón sentido del humor
de Muñoz Bachs, así como la ironía y el espíritu renovador de Rostgaard
y Frémez. Se preocupó el autor para que quedaran expresados también
la realidad del entorno social, la formación con la que emprendieron los
diseñadores sus nuevas labores, las verdaderas y falsas influencias, los
mitos y leyendas que han acompañado al género y a la época, los debates
celebrados, que reafirmaban la opinión de Raúl Martínez sobre la titánica
labor de los diseñadores, pero que calificaba, a la vez, de prodigiosa.
Once capítulos que nos van llevando de la mano para conocer cómo el
diseño gráfico, en estrecho vínculo con su hermana carnal, la fotografía,
aplicó con espíritu renovador nuevas ideas para propagar la realidad
revolucionaria en la prensa, manifestaciones estas a las que correspondió,
por su calidad y valores artísticos, la responsabilidad de mostrar al mundo
el arte de la Revolución.
Los aportes en la promoción cultural y las herencias institucionales que
generaron cambios estructurales en aquellos renovadores días trajeron a
la luz la labor del Teatro Nacional y del Consejo Nacional de Cultura, el
cartel de cine en la producción nacional e internacional del Instituto
Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica (ICAIC), la labor de sus
fundadores, el cambio de uso doméstico que del cartel hizo el público y
la serigrafía manual como uso cotidiano de impresión, son algunos de los
temas que con profundidad abordan los capítulos del libro.
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Se siente, por sincera, la inevitable nostalgia de los que no comparten el
suelo patrio, pero que contribuyeron con sus memorias por haber
participado en el periodo fundacional y que sienten, a la vez, el orgullo
de ser parte de esta historia.
El diseño cubano para lo latinoamericano, aplicado ejemplarmente en
las variadas áreas de actividades y secciones de Casa de las Américas, y
las primeras ediciones literarias del diseño del libro en la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), van enriqueciendo el panorama
nacional.
Reconocer que el cartel ocupó un lugar preponderante en el gusto popular
es innegable, como también lo es dejar sentado el valor que se le otorgó
a la ilustración, al logotipo, al buen uso de la tipografía, al emplane, entre
tantas áreas que complejizan esta actividad.
Las revistas, publicaciones que en muchos casos antes de leer los textos
reconocemos por la huella de su diseñador, ocuparon también un lugar
preponderante en este periodo. La revista Cuba, sustituta de INRA,
toma de esta última la fotografía, pero la acompaña también el humor,
para cohabitar con el diseño gráfico, posibilitando la ampliación del
intercambio de opiniones y hacer de la creación un acto colectivo.
No deja el autor, en este calidoscopio, que el juego de espejos que
nos propone limite el horizonte de relaciones de los creadores. Aquí se
trata de su vínculo con las imprentas, con los talleres tipográficos y de
impresión, con el conocimiento de diferentes materiales en la aplicación
de nuevas tecnologías, aspectos tan necesarios de conocer por cercanos
al oficio; pero también a la necesidad de la expresión en su relación con
los promotores, su inserción en salones, premios, becas y con la obra y
los diseñadores de reconocimiento internacional que propició la
Revolución.
Pero otras formas entraron en el tratamiento del diseño en la sección
dedicada a la gráfica política. Soluciones muy cercanas a la pintura se
utilizaron para los paneles que en los grandes momentos de celebraciones
en la Plaza de la Revolución representaban a nuestros héroes,
rompecabezas que cubrieron grandes espacios de los edificios públicos;
se inician los proyectos para campañas de todo tipo, las dedicadas a la
salud, al deporte, conmemoraciones o eventos internacionales que
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celebrábamos en el país; es el momento de los álbumes, los portafolios y
carpetas para la divulgación nacional e internacional.
Publicaciones periódicas con características específicas por estar
destinadas a tratar temas políticos de otros países y continentes
representaron también ejemplos de excelentes tratamientos y no olvida
este valioso libro eventos fundamentales para considerarlos en la historia
del diseño cubano por haber integrado la arquitectura, la fotografía, el
diseño ambiental y el gráfico, en una instalación que ganó reconocimiento
nacional e internacional, algunos lamentablemente no repetidos, ni
divulgados como se debía.
Cierra Testimonios… este diálogo reconociendo la complejidad del
diseño del libro y las estrategias que se establecieron para crear la
estructura que garantizara en la creación del Instituto Cubano del Libro,
su funcionamiento, incluyendo la selección del personal creativo requerido.
Correspondió a su fundador, el Dr. Rolando Rodríguez, además de contar
valiosas anécdotas, reconocer que al trabajar con los más notables
diseñadores del gremio, fueron ellos los que le otorgaron desde el principio
personalidad y belleza al libro cubano.
Para terminar, me complace agradecer la belleza del emplane y la
selección, aunque limitada, representativa de las ilustraciones, así como
la facilidad de establecer relaciones en los textos de las intervenciones
centrales y colaterales en un libro que será de consulta obligada. También,
naturalmente, como corresponde, al Centro Cultural Pablo de la
Torriente Brau por su preocupación de convertir testimonios de la cultura
en memoria viva y a los participantes de los Jueves de Diseño, que con
sus evocaciones y recuerdos reafirmaron la opinión del autor de este
regalo, el amigo Héctor Villaverde, de que «el diseño se afinca en sus
emociones».
Lesbia Vent Dumois
Marzo 2010
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Aclaración al lector
Entre abril y diciembre de 2009 tuve a mi cargo el ciclo «Memorias del Diseño
Gráfico cubano 1959-1974», que formó parte del espacio Jueves del Diseño
del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Muchos de los relatos que se
ofrecieron allí han sido la principal fuente de información de este libro.
Estas páginas pueden considerarse un producto de ese ciclo, pero no son una
recopilación de todos los textos de dicho evento. Se han incluido numerosos
fragmentos, siempre en función de expresar los propósitos del libro,
respetando el tono y las expresiones coloquiales de los testimoniantes.
Para completar o enfatizar ciertas ideas hemos utilizado igualmente otras
fuentes imprescindibles, que nos han sido enviadas directamente o tomadas
de varias publicaciones. En cada caso, se hará la necesaria mención
de su procedencia.
Dedicatoria:
A Marcia y a mis hijos
Agradecimientos:
A Víctor Casaus, María Santucho y todos los compañeros del Centro Pablo de
la Torriente Brau por su inestimable ayuda.
A Jorge Luis Rodríguez Aguilar, Raúl Valdés González (Raupa), Eric Silva Blay,
Giselle Monzón Calero, Daniel Díaz Milán y a todos los que contribuyeron al
éxito de Jueves del Diseño.
A Teresa Guerra, Enrique de la Uz, José Alberto Figueroa, Cristina Figueroa
Vives, Virgen Gutiérrez, Pablo Pacheco, Mercedes Casado, Haydée Díaz, a
Xenia por su edición y a Katia por su excelente cubierta.
Debo añadir que es imposible hacer un libro como este sin la ayuda anónima de
innumerables personas; para ellos mi gratitud y en especial a todos los
testimoniantes por su desinteresada colaboración.
Instituciones:
Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Asociación de Artistas Plásticos
de la UNEAC, Biblioteca Nacional José Martí, Instituto Cubano de Arte e
Industria Cinematográficos ICAIC, Casa de las Américas, Consejo Nacional de
las Artes Plásticas y OSPAAAL.
Raúl Martínez / 1963
Cubierta y Portadilla
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El diseño gráfico está presente con intensidad en toda la vida social de PALABRAS
un país y de una época determinados, principalmente en tiempos tan INTRODUCTORIAS
conmovedores como los del comienzo de la Revolución en 1959. Por
ello, este variado y amplio recorrido nos ayudará a comprender cómo
pensaban y actuaban no solo los diseñadores sino muchos de los cubanos
que ayudaron a hacer inolvidables aquellos años sesenta.
Por mi parte, un simple diseñador que vivió esa etapa, he sido afortunado
pues conocí a todos los protagonistas de este libro y con ellos viví la
lucidez, la euforia y las contradicciones de aquellos años, por lo que será
comprensible que en todos los recuentos haya cierta nostalgia, lo cual ha
sido inevitable.
Se ha hecho énfasis en estas páginas en la masividad de este movimiento
y sobre todo en la diversidad de áreas que abarcó, pues aunque el diseño
de carteles siempre ha sido el tema más divulgado existieron otras zonas
destacadas como el diseño de libros, revistas, logotipos y otros soportes
que muchas veces se han ignorado a pesar de su gran calidad visual y el
importante rol que desempeñaron.
Lo que se expresa aquí tiene el valor del testimonio personal y no es
ninguna definición lapidaria, ni oficial ni extraoficial, de algún suceso o
expresión gráfica determinada; las formulaciones que se hacen respetan
otros criterios y solo pretenden enriquecer la indagación o ser una guía
para ulteriores investigaciones. No se ha buscado la unanimidad sino la
objetividad, vista desde la diversidad y la pluralidad. Tampoco ha habido
intención de hacer conclusiones ni calificar actuaciones.
Hay casi unanimidad en el criterio de que esta fue la etapa más fecunda
del diseño gráfico cubano, sin embargo sobre otros asuntos existen visiones
disímiles y hasta en ocasiones contradictorias, aunque es justo decir que
siempre todos estos puntos de vista se han expresado con la misma
voluntad de brindar una colaboración apartada de cualquier interés o
absurdo protagonismo. Puede observarse fácilmente que se ha contado
con la valiosa opinión de diseñadores gráficos y personalidades que
vivieron esos años, independientemente de si residen o no actualmente
en Cuba.
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