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PRESENTACIÓN
El hito de los siglos XVI y XVII marca el apogeo del pensamiento hermético en el
Santo Imperio romano-germano.
Los filósofos son acogidos oficialmente en las cortes principescas e incluso si
algunos sopladores llegan a colarse entre ellos, rápidamente son desenmascarados. El
mismo Emperador Rodolfo II muestra la vía pues, por ejemplo, hizo venir hasta Praga
al mago inglés John Dee y también al autor del Tratado del Cosmopolita, el célebre
Sendivogius. Por todas partes en Europa, es llamado el “Hermes de Alemania” y posee
una impresionante colección de obras sobre alquimia; sus agentes en Oriente y en
Egipto tienen la misión de llevar a Praga los libros más raros y recopilar toda clase de
objetos científicos y preciosos.1
Rodolfo II gusta rodearse de consejeros que comparten su visión hermética del
mundo, pero su atracción por el hermetismo no es unánime entre los Habsbourg.
El nombre de Michael Maier es bien conocido en la cancillería imperial, médico
nacido en 1568 en Rendsburg, en el Holstein, quien ha frecuentado, además de la de
1 . Cf. R. J. W. Evans, Rudolf II and his World – A Study in Intellectual History 1576-1612. Los
alquimistas al servicio del Emperador eran alojados en la inmediata proximidad del Castillo, en la célebre
ruelle d’or ou Zlata Ulicka.
1
Rostock, las universidades de Padua, Bolonia y Basilea. Además de adquirir presto las
ideas de Paracelso, Maier poseía una vasta cultura médica y filosófica.
En 1609, tras haberlo nombrado su consejero particular, el Emperador confiere a
Maier la dignidad de Pfalzgraf (Conde palatino). El nuevo Conde escoge su blasón: un
águila y un sapo. Así lo explica él mismo:
Avicena, que fue un verdadero Filósofo Hermético, dice en su Porta elementorum: Un águila
que vuela a través del aire y el sapo que se arrastra sobre el suelo constituyen el magisterio.
Por el águila se entiende la parte volátil del mercurio común [azogue, literalmente plata
viva], y por el sapo la parte fija de la tierra. Los dos reunidos permiten realizar la medicina
hermética y la Tintura de los Sabios.2
En 1612, tras el fallecimiento de Rodolfo II, Maier se vio obligado a buscar otro
protector y aceptar del Elector palatino la misión de viajar a Inglaterra,3 llevando un
mensaje para el Rey Jaime I. En efecto, el motivo de ello es la cercana unión entre la
Princesa Elisabet, hija del Rey Jaime, y el hijo del Elector, el futuro Federico V, este
efímero Rey de Bohemia al que después la historia llamará “rey de un invierno”.4
Michael Maier aprovecha su larga estancia en Londres para conocer a algunos
reputados médicos, particularmente Sir William Paddy, médico del Rey y presidente del
“Colegio de Físicos” de Londres. El 28 de mayo de 1613 hace registrar en la Stationes’s
Company su primera obra titulada Arcana arcanissima, que dedica a Paddy.5 A partir de
1614, Arcana es ampliamente difundida en Inglaterra y en todo el continente. A pesar
de ello, el lugar de impresión del libro queda, aún hoy día, sujeto a discusión: algunos
historiadores hablan de Londres, mientras que otros citan a los hermanos de Bry en
Oppenheim o incluso Lucas Jennis en Francfurt, ciudad donde a continuación Maier
firmará sus dedicatorias.6 A decir verdad, toda la vida de Maier revela numerosos
puntos enigmáticos, y faltan los documentos que permitirían comprender mejor la
verdadera misión del filósofo y médico.
¿Tal vez es una coincidencia que también sea en 1614 cuando se publica la Fama
rosacruz cuyo éxito es igualmente inmediato, anunciando la Confesio de 1615 y
prefigurando las Bodas químicas de Christian Rose-Croix en 1616?7
En los siguientes años y a un ritmo considerable aparecen otros libros de Maier:
Lusus serius (1616), Silentium post clamores (1617), Symbola aureae mensae (1617),
Atalanta fugiens (1617), Themis aurea (1618), Verum Inventum (1619), etc., por citar
sólo los principales títulos. Varias obras hacen referencia a la Augusta Fraternidad de la
Rosa-Cruz, de la que el alemán se hace apologista. Se rumorea el hecho de contarlo
entre los eminentes rosacruces, también en lo que concierne al inglés Robert Fludd,
autor igualmente prólijo respecto al tema del hermetismo y al que Maier conoció en
Londres.8
En el transcurso de esos años conviene señalar como nuevos mecenas de Maier al
Príncipe Augusto de Anhalt, gran aficionado al hermetismo (su consejero Julius Sperber
fue el autor de una obra titulada Echo der von Gott hocherleuchten Fraternitet des
2 . M. Maier, Atalante fugitive, p. 46. Cf. infra, p. 341. Ver también J. van Lennep, Alchimie –
Contribution à l’histoire de l’art alchimique, p. 177.
3 . Cf. R. Heisler, Michael Maier and England, artículo aparecido en The Hermetic Journal, 1989.
4 . Cf. R. Vanloo, L’Utopie Rose-Croix du XVII siècle à nos jours, p. 66 y ss.
5 . Cf. R. Heisler, op. cit.
6 . Ver particularmente J. B. Craven, Count Michel Maier – Life and Writings.
7 . Cf. R. Vanloo, op. cit. p. 39 y ss.
8 . Cf. ibidem, p. 172-180. Sobre Fludd, véase también J. Godwin, Robert Fludd, philosophe hermétique
et arpenteur des deux mondes.
2
löblichen Orden R. C. 1615)9 así como el célebre Landgrave Maurice de Hesse-Cassel,
de sobrenombre “el Sabio”, también muy versado en alquimia y en filosofía
paracelsiana.10
Michael Maier fallece en 1622, pero su obra continúa suscitando interés,
particularmente en Inglaterra, donde Arcana arcanissima es reeditada en 1625 bajo la
égida de una sociedad de libreros.11
Hacia el año 1650, Elías Ashmole – anticuario londinense que fue uno de los
promotores de la Franc-Masonería especulativa y a quien se le debe la reedición de
numerosos textos alquímicos -12 también hizo mucho para difundir el pensamiento de
Maier en Inglaterra, así como un siglo más tarde Dom A. J. Pernety utilizó Arcana
arcanissima y Atalanta fugiens para componer su Dictionnaire mytho-hermétique, con
el propósito de explicar a los franceses “las alegorías fabulosas de los poetas, las
metáforas, los enigmas y los términos bárbaros de los filósofos herméticos”.
Las traducciones de las obras de Maier en francés son más bien pocas. Señalemos las
siguientes:
• Cantilenae intellectuales de phoenice redivivo (hoc est medicinarum omnium
pretiosissima) o Canciones intelectuales sobre la resurrección del Fénix o La más
preciosa de todas las medicinas, traducidas al francés sobre el original latín por
M. L. L(e) M(ascrier). París, Debure, 1758.
• Atalante fugitive, traducción de Etienne Perrot, Dervy, París 1997 (reedición de
la edición príncipe de 1969).
Hoy día conviene añadir a esta breve lista la excelente traducción hecha por el señor
Stephane Feye13 de Arcana arcanissima, libro del que acabamos de exponer brevemente
su génesis.
Respecto a esto damos las gracias al dinámico equipo de BEYA, en particular a sus
responsables, señor y señora Jean-Christophe Lohest, el señor Pierre de Meeûs, y el
señor Hans van Kasteel cuyos esfuerzos empleados en vistas a perpetuar estos
importantes testimonios de un pasado en el que la cristiandad no renegaba del
conocimiento arcano [secreto] de las antiguas fuentes de sabiduría (particularmente en
el Egipto faraónico y la Grecia pitagórica) merecen ser nombrados.
Robert Vanloo
9 . Cf. R. Vanloo, op. cit. P. 39 y ss.
10 . Cf. R. Vanloo, op. cit. P. 51 y ss. Ver también B. T. Moran, The Alchemical World of the German
court – Occult Philosophy and chemical medicine in the circle of Moritz of Hessen (1572-1632).
11 . Cf. R. Heisler, op. cit.
12 . Cf. R. Vanloo, Les Bijoux Rose-Croix 1760-1890, p. 29 y ss.
13 . Stephane Feye es fundador de la escuela privada de humanidades tradicionales Schola Nova en
Incourt, (Bélgica).
3
INTRODUCCIÓN
Este aire yace: su fuego que fluye,
¡qué tierra líquida!
EH1
¿No sería irrisorio que un brillante doctor en ginecología afirmara sin pestañear
que por no perder la objetividad, a lo largo de sus estudios, hubiera adoptado como
postulado que la mujer no existía?
Ahora bien, cuando se trata de hermetismo o de alquimia es corriente hoy día,
entre los “especialistas”, reivindicar semejante presupuesto “científico”: “¡No nos
arriesguemos a hacer el ridículo, veamos! Es evidente que la piedra de los filósofos no
puede existir. ¿Quién la ha visto y quién la ha tocado?” Los innumerables tratados que
la invención de la imprenta ha facilitado a la curiosidad exterior no pueden estudiarse
seriamente, según parece, más que con una fe inversa a la de sus autores.
Esta moda sin nobleza se explica fácilmente por la rareza del objeto. ¡En efecto,
si la mujer carnal, a pesar de su creciente accesibilidad, se ve aún calificada de
“misteriosa e incomprensible”, su existencia, ella, no podría ser puesta en duda ni por
el más tonto!
No es así para la Dama Alquimia. Pues gusta de ocultarse y se reserva para su
Ulises elegido. El crecimiento de espinas en torno al castillo donde ella duerme sólo
para los ignorantes no le inquieta para nada. Es más, algunos más esclarecidos que
otros, claman que la denigración de la que ella es objeto proviene de un justo juicio de
Dios, pues, como escribía el añorado EH, bienaventurada sea su memoria: “¿negar este
don del cielo, no sería excluirse de él2?”
*
¡El autor de Arcana arcanissima lo había previsto todo! Dirigiéndose “sólo a
aquellas personas sensatas a las que les ha sido dado gustar, antes que a los otros, estas
realidades3”, llegará a desear que sus páginas sólo sean editadas para ellos y que
permanezcan inaccesibles para los incrédulos a los que trata de “plebeyos indoctos”4.
Así el programa queda claramente anunciado: el escritor tiene la intención de
demostrar públicamente el valor, la continuidad y la cohesión de la tradición secreta
1 . E. d’Hooghvorst, “Aforismos del Nuevo Mundo”, 91, en el Hilo de Penélope, Arola Editors,
Tarragona 2000, p. 348.
2 . E. d’Hooghvorst, “A aquellos que en la Iglesia, osan negar y denunciar la gnosis”, en Le Fil d’Ariane,
nº 46-47, p. 8. También el mismo artículo en LA PUERTA nº 53, Cristianismo y Filosofía oculta, Arola
Editors, Tarragona 1998, p. 11.
3 . “Prefacio a los lectores”, p. 16.
4 . Ibidem, p. 17.
4
velada en los mitos, los monumentos y las instituciones de los Antiguos, pero sabe que
su obra no agradará a todos…
En efecto ¿cómo han podido permanecer tanto tiempo ignoradas las diecisiete
notables obras de Michael Maier tras haber tenido tal éxito? Protegidas por el
mismísimo Emperador, ilustradas por los grabadores más célebres, redactadas en un
exquisito latín, magníficamente presentadas, gozarían de una gloria más esplendorosa
que la que, contrariamente, la historia les ha reservado después. Pero he aquí: tras este
prometedor crecimiento, “muchas luces se han apagado”5. El Santo Imperio es
dislocado. Una vez asesinados los reyes, los artistas se mueren de hambre y el pueblo,
abundantemente armado por los criminales, se mata unos a otros de una manera atroz.
¡Y los supervivientes se cogen de las manos con una inmensa solidaridad fraternal que
asegura la igualdad de todos los nacidos en este naufragio universal!
¡Ojalá! Que nuestro pesimismo pueda ser desmentido. Plazca al cielo que se exclame
con Virgilio:
Apparent rari nantes in gurgite vasto6.
Es a estos “raros, sobrenadando en el vasto y tragón abismo”, que dedicamos nuestra
traducción del docto Maier.
*
Justo en medio de sangrientas luchas religiosas que desgarran Europa (la guerra
de los Treinta Años iva a empezar), Michael Maier prueba que la ciencia de las ciencias,
poseída por los egipcios, transmitida por los paganos griegos y romanos, está extendida
en todo el orbe habitado bajo el velo de las fábulas, los jeroglíficos, los monumentos y
las instituciones.
Socialmente, la tarea del discípulo de Hermes requería una singular sutilidad. En
efecto, ¿no se arriesgaba nuestro conde palatino a verse acusado por las facciones tanto
católicas como protestantes (su emperador Rodolfo II de Habsbourg, y uno de sus
editores Teodoro de Bry, pertenecían respectivamente a la una y a la otra…) de querer
entregar al paganismo sus cartas ejecutorias y minar así la cristiandad que lo había
subyugado?
En equilibrio sobre esta tensa cuerda, el erudito doctor profesa un argumento
genial que hace surgir a intervalos regulares a lo largo de su libro: el paganismo no es
más que una idolatría y una superstición popular. Aquellos que no acepten indagar y
encontrar la verdad original y pura que ha debido de ocultarse tras estas ridículas
máscaras, las admiten como tales y continúan vehiculándolas. Ellos mismos,
participando así en la idolatría, no se comportan como cristianos.
He aquí cuán sutil es. Este rodeo directo al remitente potencial le permite no
solamente evitar los golpes, sino también susurrar las cosas a los oídos de sus
contemporáneos, en tanto que éstos tengan la inteligencia de leer entre líneas,
practicando la transposición necesaria. En efecto, cuando él habla de la ignorancia de
los antiguos pueblos privados de la luz divina, no se puede impedir asimilar en ello, y
5 . E. d’Hooghvorst, El Hilo de Penélope, t. I, p. 24.
6 . Virgilio, Eneida, I, 118.
5
apenas velada, la de numerosos cristianos rígidos y, digámoslo, idólatras. Sin embargo
en ningún lugar afirma claramente que los cristianos no comprenden su religión más
que un viejo egipcio que no adivinaba el sentido oculto de sus jeroglíficos. ¡No! El
verdadero cristiano se considera que lo comprende todo; ¡está liberado de toda
oscuridad! ¡Sólo los paganos estaban ciegos, y si hoy día quedan algunos ciegos es que
se comportan como paganos!
Se convendrá en que el argumento triunfalista es convincente. “Que el
inteligente comprenda”, diría Jesús…
*
La edición príncipe de Arcana arcanissima, en latín, ha visto la luz en un mundo
de europeos, católicos o protestantes, aún instruidos
Nuestra traducción francesa va a circular en un mundo moderno, económico y
productor, que esperamos esté cansado del “dogma impío del progreso científico”7 que
acaba por roerle la médula. Este no impide que el problema de la mitología permanezca
en una sorprendente actualidad.
Se ha creído siempre percibir allí todo lo que se ha deseado. El teólogo ha visto allí la
Teología; el moralista la Moral; el físico los secretos de la Naturaleza; el alquimista la Gran
Obra. Ninguno ha carecido de razones especiosas para poner la Fábula de su lado8.
Como esta cita data del siglo XVIII, es conveniente que hoy día sea completada la
lista: el psicólogo ha visto allí las pulsaciones de nuestro inconsciente, etc., etc.
Pero en Maier observamos una constante exigencia propia de todos los sabios: para
él, la fábula es una vestimenta que debe irle como un guante a aquella que la lleva. Este
hábito debe convenirle perfectamente, ¡no a medias o en parte! Recordemos el zapato de
cristal de la Cenicienta o la sortija de Piel de Asno. ¿Cómo verificar desde entonces la
cosa sin la “presencia real” de aquella que debe llevar esta vestimenta? Sin ella es
normal que se delire… puesto que entonces el tejido sin consistencia sólo se hincha de
vanidad.
Otra consideración, pero del mismo orden: si la mitología sólo oculta realidades
humanas ordinarias, ya sean groseras o sutiles, accesibles a la voluntad o a la
observación ¿cuál es entonces la utilidad de un sofisticado vestido?
¿Por qué ocultar lo que de todas maneras el profano puede descubrir, con o sin
fatiga?
Tomemos dos ejemplos. Si el “Rey Midas” de Ovidio no vela más que la
condenación de la avaricia, ¿por qué hablar en parábolas?
Si el “Buen Samaritano” del Evangelio sólo trata de “la no asistencia a alguien en
peligro de muerte”, ¿no lo trata más el simple código penal que la revelación del Rey
descendido del cielo?
Escuchemos a Louis-Claude de Saint-Martin:
7 . Louis Cattiaux, El Mensaje Reencontrado, XXII, 74’.
8 . A. Court de Gébelin, El Mundo Primitivo, I, citado por Porfirio en El Antro de las Ninfas en la
Odisea, p. 7
6
Intérpretes de la mitología, ¿por qué decís que esta no vela más que la marcha de los astros y
las leyes de la naturaleza material y corruptible?
¿Qué proporción habría allí entre la figura y la cosa figurada? ¿No es inútil la alegoría
cuando es superior a su objeto?9
He aquí, pues, un tema que también será incansablemente repetido por Maier a lo
largo de Arcana arcanissima: admitir el carácter enigmático de la tradición de los
paganos no es suficiente. Necesariamente es preciso encontrar la llave y el verdadero
objeto: ¡la medicina de oro, poseída por tan pocos y negada por muchos!
Aunque sean ficticios los poemas poseen siempre una verdad oculta y propia que existe
como fundamento en el espíritu del poeta, de tal manera que sólo los sabios pueden discernir
esta verdad oculta, partiendo de los poemas. De otra manera no se les podría considerar ni
como poemas ni como ficciones, sino más bien como tonterías: por cierto, todo poema y toda
figura se extiende a muy numerosos significados.10
Si bien Michael Maier es quizás el primero, en cuanto a la forma, en haber
presentado un estudio perfectamente sistemático de los documentos alquímicos, queda
patente que se inscribe en una muy antigua línea en cuanto al fondo: Alberto el Grande,
Pico de la Mirándola y sobre todo Bracesco. Este último había escrito:
Es verdaderamente sorprendente que los antiguos filósofos hayan ocultado este arte bajo
ficciones tan oscuras y quiméricas. Nuestros letrados las elucidan desviándolas en un sentido
moral.11
De hecho, en su prefacio, Maier cita expresamente a Bracesco y a Robert Vallensis,
como siendo sus predecesores.12
En lo que concierne a Bracesco, es preciso notar que su exposición sistemática del
sentido alquímico de los mitos había sido burlado por Natale Conti, un autor milanés
(murió hacia el 1582), en su importante obra titulada Mythologiae, sive explicationis
fabularum libri X, publicado en 1551.13
Esto explica las numerosas invectivas de nuestro autor contra Natale Conti a lo largo
de su obra. Ciertamente la intención, no expresada, fue la de vengar a Bracesco.
Con una admirable erudición, nuestro sabio tratado demuestra la unidad de
pensamiento de los maestros, citando a cantidad de autores antiguos o más recientes en
apoyo de sus declaraciones.
Como él así lo merecía se le ha hecho otro tanto. En efecto, el célebre benedictino
Dom Pernety, de la congregación de San Maur, extrajo de él extensamente para
9 . L.-C. de Saint-Martin, El Hombre de deseo, citado por Porfirio en El Antro de las Ninfas en la Odisea,
p. 7.
10 . P. Bonus de Ferrare, Pretiosa Margarita novella, XI; Theatrum chemicum, t. V, p. 616; J.-J. Manget,
Bibliotheca chemica curiosa, t. II, p. 43.
11 . G. Bracesco, Dialogus ; J.-J. Manget, op. cit., t. I, p. 583.
12 . Cf. “Prefacio a los lectores”, infra, p. 17.
13 . Cf. S. Matton, “Introduction”, en A.-J. Pernety, Les Fables égyptiennes et grecques dévoilées, t. I, p.
13.
7
componer sus Fábulas egipcias y griegas desveladas, hasta el punto de guardar el
mismo orden que Arcana arcanissima, en seis libros con los mismos títulos y lo único
que hizo fue traducirlos al francés.
He aquí lo que él mismo dice:
He leído con mucha atención muchos de los tratados de Michel Maier, y me han sido de una
gran ayuda, como el que tiene por título Arcana arcanissima, que me ha servido de bosquejo
para mi obra, por lo menos en su distribución, pues no siempre he seguido sus ideas. Este
autor embrollaba sus razonamientos cuando no quería o no podía explicar ciertos rasgos de
la fábula, ya sea porque el secreto tan recomendado a los filósofos le sujetaba el corazón,
temiendo ser indiscreto, o bien (como así se podría creer) que su discreción fuera forzada.14
A pesar de esta discreción, Michael Maier indica el secreto, por aquí y por allí, pero,
como hacen muchos conocedores, “sumergiendo el pez” en un texto agradable de leer y
donde la descripción de los mitos, ritos y monumentos, mezclada a consideraciones de
orden general e histórico, ocupa una parte importante. Corresponde al lector, eso nos
parece, reunir estas piezas del puzzle. El buscador podrá así reconstituir lo esencial de la
enseñanza del autor que, así como el cuerpo de Osiris, debe rehacerse y revivir con la
ayuda de Isis sin la cual nada es posible.
*
Nuestra traducción ha sido realizada según una copia de la edición príncipe que
no contiene ni lugar ni fecha, ni la dedicatoria a Sir William Paddy.15
El texto latín está castigado pero muy claro y nos hemos esforzado en traducirlo
a un francés accesible. Esperamos que el lector agradecerá que hayamos vuelto más
evidente la trama de la obra por los títulos y las separaciones en parágrafos que no se
encuentran en el original. Igualmente con las cursivas, los signos de puntuación o las
mayúsculas, que no correspondían al uso actual y que hemos adaptado completamente.
En cuanto a las citas es preciso saber que Maier las reprodujo a menudo con
exactitud, pero a veces también de manera muy libre. En este último caso parafrasea,
resume, reagrupa o invierte las frases o los pasajes. A menudo sus referencias están
ausentes, incompletas, inexactas o no verificables. Hemos intentado remediar todo esto,
según nuestros medios, corrigiendo, completando o encontrando la referencia en lo
posible, sin haber llegado a la perfección. Todo ello se encontrará en las notas. Por otro
lado hemos redactado notas explicativas. Esperamos que no sean juzgadas como
superfluas. Cuando se trata de una nota de Maier, situada en el margen del original, así
lo indicamos.
Nos ha parecido bien indicar en el margen el número de página de la edición
príncipe, a fin de facilitar la tarea del buscador que desee consultar el original.
*
Nos queda dar las gracias a aquellos y aquellas sin los cuales este trabajo no
hubiera podido ver la luz.
14 . A.-J- Pernety, op. cit., t. I, p. 243.
15 . Cf. “Presentación” de M. Vanloo, supra, p. VIII.
8
Ante todo dedicamos esta labor a la bienaventurada memoria del barón
d’Hooghvorst. Con la ayuda de su hermano Charles al que también echamos mucho de
menos, este testigo de la Ciencia de Hermes ha suscitado en nosotros el deseo de
instruirnos en los arcanos más secretos de la tradición de Occidente. ¡Que Dios sea
bendito! El hilo conductor que poseía por filiación nos ha evitado muchos extravíos en
el laberinto…
El señor Hans van Kasteel ha tenido a bien releer y corregir nuestra traducción.
¡Cuán preciadas nos han sido sus juiciosas observaciones! Además ayudado por la
señorita Sylvie Muller, ha verificado y corregido minuciosamente y sobretodo
encontrado un número incalculable de referencias.
La señorita Carolina Thuysbaert, directora de las humanidades antiguas greco-latinas
de Schola Nova, ha aceptado redactar un índice tan completo como útil incluyendo
dioses, lugares, personajes, términos alquímicos, etc. También le debemos un segundo
índice de todos los autores antiguos y modernos.
Nuestra hija, Hélène Feye, se ha encargado de una primera tipografía.
El señor Robert Vanloo, autor de la Utopía Rosa-cruz, nos ha agraciado con una
presentación y nos ha permitido localizar las sucesivas ediciones.
Finalmente el señor y la señora Jean-Christophe Lohest no han economizado ni sus
consejos, ni su energía, ni su virtuosidad de excepcionales editores para llevar a bien
toda la empresa.
Que todos estos amigos, así como todos aquellos que nos han sostenido de mil
maneras, reciban aquí nuestras efusivas gracias. Que gocen de la protección de Arriba!
Este libro tiene doble sentido
con o sin Isis.
EH16
16 . E. d’Hooghvorst, “Aforismos del Nuevo Mundo”, 104, en El Hilo de Penélope, Arola Editors,
Tarragona 2000, p. 349.
9
Michael Maier
LOS ARCANOS MUY SECRETOS
10
Description:El hito de los siglos XVI y XVII marca el apogeo del pensamiento hermético en el . Ver particularmente J. B. Craven, Count Michel Maier – Life and Writings. 7 . Ver también B. T. Moran, The Alchemical World of the German Cf. R. Vanloo, Les Bijoux Rose-Croix 1760-1890, p. el laberinto…