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Departamento de Antropología
PROYECTO DE TESIS PARA CANDIDATURA A MAGISTER EN ANTROPOLOGÍA Y
DESARROLLO
Factores culturales de capital social:
El caso de la comunidad productiva de aceitunas de Jahuel
Preparado por: Luis Javier Grayde K.
Diciembre 2009
ÍNDICE
Página
I. Introducción 3
II. Antecedentes Generales 4
III. Problematización 15
IV. Justificación y Relevancia 16
V. Objetivos 17
VI. Hipótesis 18
VII. Marco Teórico y Modelo de Observación 19
VIII. Enfoque Metodológico 27
IX. Desarrollo del Proyecto 32
X. Análisis de la Comunidad y su Entorno 33
XI. Reflexiones Finales 59
VIII. Bibliografia 62
I. Introducción
El presente estudio busca hacer un análisis de la dimensión cultural en la
conceptualización y práctica del capital social, en la comunidad de pequeños agricultores
de aceitunas, ubicada en el Valle de Aconcagua, específicamente en la zona de Jahuel,
Comuna de Santa María.
La propuesta que se presenta a continuación busca observar el correlato de los pequeños
agricultores de aceitunas, con el fin de conocer los factores culturales, en referencia a la
construcción de capital social, dado el actual contexto del Valle de Aconcagua y la
experiencia, ya vivida por la comunidad, con la formación y desaparición de la Sociedad
Cooperativa Jahuel.
Observar cuáles son las características culturales del actual modelo de capital social,
identificando los elementos facilitadores y obstaculizadores en la construcción del mismo,
a partir del discurso o las semánticas que fluyen desde la experiencia local, son los
principales objetivos de este estudio.
Esta investigación posee una relevancia teórica, puesto que permite abordar el tema del
capital social desde una mirada o modelo de observación antropológico, a partir de las
propias descripciones que realiza el sistema, que pretende ser útil para analizar a
cabalidad los aspectos culturales inherentes a la comunidad de estudio. En este sentido la
relevancia teórica pasa por adoptar un paradigma que propone transparentar los
significados que una comunidad en particular construye en relación al capital social.
Respecto a la relevancia práctica, ésta viene dada por la generación de información
relevante que pueda ser traducida en nuevas oportunidades que contribuyan a las
agencias o instituciones de la zona, en el diseño e implementación de proyectos o
programas de desarrollo.
Además, podría generar un escenario reflexivo para establecer los puntos de
acoplamiento o desacoplamiento entre las organizaciones -con todos sus rasgos y
estructuras- y las comunidades agrícolas que han estado bajo las políticas de desarrollo
para la zona.
II. Antecedentes Generales
i. ¿Qué entendemos por capital social?
No son pocos los enfoques relativos al capital social desarrollados por distintos autores en
el tiempo, ni tampoco las reflexiones que ha generado este concepto en relación a los
modelos de desarrollo económico.
Entre sus fundadores, es posible citar a Bourdieu, Coleman y Putnam, todos centrados en
el desarrollo de capital social en tanto alternativa para resolver los conflictos, las
desigualdades y las asimetrías de poder propias de la sociedad moderna.
Bourdieu en particular, (Durston et. al., 2003) plantea que el capital social es un tipo de
capital que permite la movilidad de los actores en sus espacios sociales, asignándole una
significación puramente relacional al concepto.
Putnam por su parte (Arriagada, 2003), entiende el capital social como los aspectos
organizacionales -tales como redes y normas- que permiten alcanzar objetivos favorables
para todos los actores involucrados. Él considera que el capital social tiene dos
dimensiones, una que se encuentra en el plano individual (autonomía e integración
social) y otra en el colectivo.
Para Coleman en tanto (en Durston et. al., 2003), el capital social está constituido por los
recursos socioestructurales que constituyen un activo de capital para el individuo, y que
facilitan ciertas acciones de quienes conforman dicha estructura. Además, incorpora
elementos asociados a las relaciones jerárquicas y de distribución de poder.
Otros autores que serán considerados en el desarrollo de este estudio, destacan aspectos
como la colaboración, la confianza y la cooperación en la definición de capital social.
Además, ven en él una alternativa para la generación y entrega de herramientas y
capacidades a grupos o comunidades que se han visto desfavorecidos por las dinámicas
sociales y económicas que actualmente operan en la sociedad.
Entre las definiciones que presentan algunos de ellos, destaca la propuesta por Durston
(2005), quien plantea que el concepto de capital social se entiende como el contenido de
ciertas relaciones sociales marcadas por conductas de reciprocidad, cooperación y
retroalimentadas con actitudes de confianza en un círculo virtuoso de acumulación de
capital social, ya sea como propiedad de un individuo o de una colectividad.
Para Atria (2003), el capital social podría entenderse como la capacidad efectiva de
movilizar, productivamente, y en beneficio del conjunto, los recursos asociativos que
radican en las distintas redes sociales a las que tienen acceso los miembros del grupo en
cuestión.
Por otro lado, contamos con las distintas visiones de las instituciones que trabajan en el
diseño e implementación de programas de desarrollo. Entre ellas, destaca la del Banco
Mundial (2001), que propone que el capital social se refiere a las instituciones, relaciones
y normas que conforman la calidad y cantidad de interacciones sociales de una sociedad.
El capital social no sería entonces sólo la suma de las instituciones que configuran una
sociedad, sino también la materia que las mantiene juntas.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo considera al capital social comos
los valores, las normas, las organizaciones y los mecanismos de asociación, que facilitan
las relaciones interpersonales y permiten la convivencia social (PNUD, 2005).
La CEPAL (Durston, 2001) en tanto, lo entiende como un conjunto de normas,
instituciones y organizaciones que promueven la confianza y la cooperación entre las
personas, las comunidades y la sociedad en su conjunto.
Reforzando lo anterior, y considerando el enfoque del estudio, también podemos
comprender el capital social como un recurso que se deposita en los vínculos sociales,
cuya activación y características dependen tanto de las particularidades culturales de
las relaciones sociales como de quiénes son conectados (Raczynski et. al., ,2005).
En síntesis y de acuerdo a todo lo ya revisado, podemos entender que el capital social se
refiere a las relaciones sociales, específicamente a los vínculos entre las personas, la
acción social y el actuar de forma conjunta para lograr propósitos comunes.
Por lo mismo, entendemos que el capital social tiene un carácter colectivo, puesto que es
un aspecto de la estructura social que facilita las acciones de personas y de actores
corporativos. Además, se refiere a los beneficios de la pertenencia a un grupo.
Se comparte en esta propuesta la idea planteada por Coleman respecto a que, en
realidad, las personas no son completamente egoístas ni toman sus decisiones racionales
con total independencia de los demás.
Entre los beneficios o resultados que genera la acumulación de capital social en
comunidades campesinas, podemos encontrar (Raczynski et. al., ,2005):
1. Beneficios económicos y materiales, que posibilitan un mayor acceso a mejores
niveles de bienestar.
2. Beneficios sociales y culturales, que generan ventajas en el ámbito de la
integración social.
3. Beneficios políticos y cívicos, que colaboran para alcanzar mayores cuotas de
poder e influencia social.
Distintos estudios han trabajado sobre el impacto que tienen el desarrollo de capital.
Knack y Keefer (en Klikberg, 1999) midieron econométricamente las correlaciones entre
confianza y normas de cooperación cívica, por un lado, y crecimiento económico, por otro,
en un amplio grupo de países y encontraron que las primeras tienen un fuerte impacto
sobre el segundo. Asimismo, su estudio indica que el capital social integrado por esos dos
componentes es mayor en sociedades menos polarizadas en materia de desigualdad y de
diferencias étnicas.
Narayan y Pritchet (en Klikberg, 1999) realizaron un estudio muy sugerente sobre grado
de asociatividad y rendimiento económico en hogares rurales de Tanzania. Se dieron
cuenta que aun en esos escenarios de alta pobreza los mayores niveles de ingresos eran
las que tenían un más alto grado de participación en organizaciones colectivas, y el
capital social que acumulaban a través de esa participación las beneficiaba
individualmente y creaba beneficios colectivos por diversas vías. Estas familias(Klikberg,
1999): i) utilizaban prácticas agrícolas mejores que las de los hogares que no
participaban, ya que al participar recibían información que las llevaba a utilizar más
agroquímicos, fertilizantes y semillas mejoradas; ii) tenían mejor información sobre el
mercado; iii) estaban dispuestas a tomar más riesgos, porque el formar parte de una red
social las hacía sentirse más protegidas; iv)influían en el mejoramiento de los servicios
públicos y participaban más en la escuela, y v) cooperaban más a nivel del municipio.
Señalan estos investigadores en sus conclusiones que los canales identificados por los
que el capital social incrementaba los ingresos, y la solidez econométrica de la magnitud
de sus efectos, sugieren que el capital social es capital y no meramente un bien de
consumo.
Por el contrario, la ausencia de capital social dificulta que las organizaciones campesinas
logren adaptarse a los cambios socioculturales y socio-productivos que traen consigo la
globalización y la economía de libre mercado (Durston et al, 2005).
A modo de conclusión, se debe indicar que el enfoque de capital social elegido no se
centra en centra en las normas principalmente sino en ver el capital social como un
recurso de las personas, los grupos y las colectividades en sus relaciones sociales.
Lo anterior se confronta con potros autores, como North, Putnam y Fukuyama (en
Durston, 2002), que ponen el énfasis en aspectos históricos, valóricos, simbólicos y
abstractos. Al poner el énfasis causal en las culturas entendidas como sistemas
normativos y cosmovisiones, esa definición de capital social se acerca peligrosamente a
un simplista 'determinismo cultural-histórico', descuidando la variabilidad y volatilidad
de los sistemas normativos, es decir, la facilidad con que son reelaborados en reacción a
cambios en las estructuras sociales y en respuesta a otros cambios en el entorno.
En relación al presente estudio, se desea reflexionar sobre uno de estos autores, y su
conclusión respecto al cambio del capital socia en comunidadesl: Robert Putnam.
Este autor, en palabras de J. Durston indica que:
“Putnam llega a una conclusión universal, según la cual hay un doble equilibrio social: el
equilibrio de las sociedades con gran dotación de capital social, y el equilibrio de las que
se caracterizan por la desconfianza, la traición y el autoritarismo (Putnam, 1993a, p. 177).
En esencia, este modelo, derivado implícitamente de la teoría del equilibrio económico,
postula que la dependencia de la trayectoria implica un fortalecimiento constante de estos
dos conjuntos de normas y prácticas contrapuestas, trayectoria cuya dirección quedó
determinada en el pasado (Putnam, 1993a, p. 179)”. (Putnam en Durston, 2002)
Otro aspecto que plantea este autor es que las comunidades que se ven enfrentadas a
situaciones dramáticas de destrucción de capital social es que tienden siempre a un
equilibrio negativo marcado por relaciones de egoísmo y desconfianza (Putnam en
Durston, 2002), que requieren mucho tiempo para cambiar.
Dado que, este estudio profundiza el impacto de un hecho ocurrido en el pasado, parece
atingente entender si lo planteado por Putnam es un acercamiento a la realidad cultural
actual presente en la comunidad.
Un nuevo enfoque de desarrollo económico
Al observar las propuestas y perspectivas de los distintos autores y entidades vinculadas
al tema de capital social, se desprende un nuevo enfoque para el desarrollo económico,
principalmente, porque el actual modelo de corte liberal, más que aportar elementos para
la cohesión social, genera incentivos que construyen dinámicas con considerables riesgos
de fractura social.
Los modelos de desarrollo que actualmente priman en el país enfrentan, en la mayoría de
los casos, “los clásicos problemas de medición y cuantificación de carencias y dificultades
de acceso a recursos, bienes y servicios” ( Raczynski et. al., ,2005).
Bajo esta mirada, se puede constatar que los programas de desarrollo han ido
desplazando su foco de atención, desde las carencias propias de la sociedad hacia una
expansión de los “espacios de libertad” de las personas que les permita hacerse cargo de
sus vidas y destinos. Por lo tanto, bajo este enfoque, las políticas públicas buscan
propagar capacidades que permitan a las comunidades detectar y generar nuevas
oportunidades para su desarrollo.
Es este mismo sentido, el desarrollo de capital social pretende fortalecer las capacidades
de las pequeñas comunidades productivas para dirigir sus destinos, buscando que logren
poseer y promover conductas de confianza y reciprocidad orientadas al cumplimiento de
objetivos compartidos.
Como plantean Raczynsk y Serrano (2005), el desafío radica en observar las
oportunidades que tienen o no tienen las personas para pensar sus vidas en la línea de
un desarrollo integral. Son focos de interés los recursos no materiales de las familias, las
relaciones sociales y el capital social. El criterio de éxito de los programas de desarrollo
no se reduce al incremento de ingresos, bienes o consumo, sino que comprende el
acceso a mayores espacios de autonomía personal para dirigir la vida, mayores
oportunidades de participación plena en la vida social y política del país.
Asimismo, para promover proyectos constructivos de capital social, se requiere de
voluntad y compromiso por parte de todos los actores involucrados, con la finalidad de
definir objetivos comunes y de enfrentar de forma conjunta los problemas y las
oportunidades existentes.
ii. Capital Social en Chile
Los cambios en el contexto de la política social en América Latina, y específicamente en
Chile, ameritan una mirada general a las distintas transformaciones ocurridas, puesto que
hablan de aspectos relativos tanto a la intervención estatal como al desarrollo comunitario
(el cual puede verse afectado positiva o negativamente por la anterior).
Entre de las principales transformaciones en este ámbito, destacan las siguientes
(Roberts en Durston, 2005):
- la proliferación de actores involucrados en la política social (asociaciones privadas-
públicas, alianzas tripartipas cuyos actores -agencias de gobierno, ONGs,
organizaciones comunitarias y agencias del sector público no estatal);
- una mayor profundización del alcance de la política social en el nivel individual y
comunitario, al incrementarse el rol del gobierno local;
- y la existencia de una mayor heterogeneidad ideológica en su implementación,
dada por los múltiples y complejos efectos de la urbanización, la modernización y
los procesos democráticos.
En Chile, tras el retorno de la democracia, se han sucedido una serie de transformaciones
y definiciones estratégicas respecto a la problemática asociada al desarrollo económico,
social y tecnológico de los pequeños productores agrícolas y de los campesinos
indígenas.
La referencia a la evolución en el tratamiento del desarrollo agrícola tiene como punto de
partida la formulación de la modificación de la Ley Orgánica del Instituto de Desarrollo
Agropecuario (INDAP), contenida en el D.F.L. RRA.Nº12, de 1963, por la LEY Nº 18.910,
publicada en el diario oficial en el año 1993.
Esta ley le da facultades a la principal agencia de desarrollo u organismo del estado, el
INDAP, para promover el desarrollo económico, social y tecnológico de los pequeños
productores agrícolas y campesinos, con el fin de contribuir a elevar su capacidad
empresarial, organizacional y comercial, su integración en el proceso de desarrollo rural y
de optimizar al mismo tiempo el uso de los recursos productivos.
A partir del espacio aportado por la formulación de esta ley, otras instituciones, como
Sercotec y diversas ONG’s, suman su apoyo al desarrollo de pequeños productores
agrícolas.
El Instituto de Desarrollo Agropecuario es el principal servicio del Estado de Chile para el
apoyo de la pequeña agricultura. Fue creado el 27 de noviembre de 1962. Es un servicio
descentralizado del Ministerio de Agricultura y desconcentrado en regiones, con
personalidad jurídica, patrimonio propio y capacidad para adquirir, ejercer derechos y
contraer obligaciones. Tiene como principal objetivo fomentar y potenciar el desarrollo de
la pequeña agricultura. Por ello, INDAP atiende a agricultores/as que explotan una
superficie inferior a las 12 hectáreas de riego básico y que tienen activos por un valor
menor a las 3.500 unidades de fomento (US$96.000).
Entre de sus principales funciones destacan:
- Otorgar asistencia crediticia a sus beneficiarios pudiendo ésta extenderse al
financiamiento del enlace necesario, en coordinación con los organismos públicos
competentes, para la construcción y mejoramiento de la vivienda rural y sus
servicios básicos.
- Formular, coordinar y ejecutar programas de desarrollo rural o prestar
asistencia técnica y crediticia en la formulación o ejecución de dichos programas y,
especialmente, en lo relativo al mejoramiento de los canales de comercialización,
acceso a los insumos o industrialización. Dichos programas podrán comprender
acciones conjuntas con personas naturales o jurídicas, públicas o privadas.
- Otorgar asistencia crediticia a las organizaciones de sus beneficiarios, con
personalidad jurídica, que desarrollen programas o actividades productivas que
impliquen beneficio directo a los sectores rurales.
- Proporcionar asistencia técnica y capacitación a sus beneficiarios, tanto en los
aspectos productivos como en todos los que constituyen sus objetivos propios.
Bajo el alero de INDAP, se han diseñado e implementado una amplia gama de
programas, entre los cuales se encuentran:
(cid:127) Servicio de Asesorías Local (SAL),
(cid:127) Asesoría a proyectos (SAP),
(cid:127) Asesoría Especializada (SAE)
(cid:127) Asesorías Locales en Comunidades Rurales Pobres (PRODESAL),
(cid:127) Programa de Integración Horizontal de pequeños productores por rubros,
(cid:127) Fondo de Desarrollo Empresarial (FODEM)
(cid:127) Fomento a la Asociatividad Campesina (FONDAC),
(cid:127) Servicio Rural Joven,
(cid:127) Programa Mujer
En este contexto, PRODESAL y FONDAC son los mayores responsables de promover el
desarrollo de proyectos orientados a empoderar a las comunidades.
Si bien INDAP ofrece una propuesta relevante para las comunidades, al reconocer que su
objetivo es que las unidades productivas campesinas sean “un actor relevante sobre la
base de sistemas de producción competitivos y empresas agrícolas asociativas efectivas”
(Berdegué en Raczynsk, 2005), los programas no hacen mención al concepto de
capital social en su formulación (Raczynsk, 2005).
No obstante, a fines de la década de los 90, INDAP realiza un proyecto en conjunto con la
CEPAL e IICA, cuyo objetivo era empoderar a los usuarios campesinos y suavizar los
efectos del clientelismo, forjar un cambio en la relación agente-comunidad e iniciar un
proceso de empoderamiento que incorporara los activos de capital social presentes en el
medio comunitario y microregional; del mismo modo, buscaba integrar una visión del
sistema sociocultural específico a cada comunidad en el modelo técnico manejado
por la agencia.
Sin embargo, este proyecto termina abruptamente. El motivo fue que, producto de la
renuncia del Director Nacional de INDAP, impulsor de la idea, se echó pie atrás con el
proyecto, con lo cual la noción de capital social para los programas de INDAP quedó
reducida a la asociatividad y a la hipótesis de que asociarse era indispensable para
enfrentar los desafíos de la economía actual.
Más allá de esto, el mayor problema al día de hoy es que los programas no consideran o
no incorporan los factores socioculturales inherentes a las comunidades
beneficiarias (Durston 2001), es decir, resuelven únicamente los problemas de los
socios, dejando parte de la comunidad afuera.
iii. Antecedentes de desarrollo de Capital Social incorporando cultura
Diversos estudios han elaborado propuestas de desarrollo y construcción de capital social
a partir de los trabajos sobre los elementos culturales inherentes a las comunidades de
estudio. Un ejemplo de esto es un estudio realizado por Cadenas (2002) sobre la cultura
organizacional cooperativa para las campesinas de Manquehua. En este estudio se
aprecia como los elementos culturales, tales como relaciones cara a cara y valoración de
género, tienen gran relevancia sobre las relaciones de cooperación y confianza en los
procesos decisorios y como estos elementos se pueden aprovechar en una futura
transformación organizacional. Además, se entiende que identificar y potenciar las
relaciones culturales genera un terreno fértil para enfrentar debilidades u amenazas, que
surgen de la interacción con el entorno, como la mala relación con las instituciones de
desarrollo del gobierno y la falta de recursos materiales.
Otro trabajo, desarrollado por Aguirre y Pinto(2006), sobre Asociatividad, Capital Social y
Redes Sociales en un club de fútbol amateur, plantea que las normas culturales, los
valores, las historias culturales son fundamentales para “ producir relaciones sociales con
alto contenido reciproco y cooperativo “insertas” en redes interpersonales”. En este
sentido se concluyó que el acoplamiento entre capital social y capital cultural conlleva a
que las prácticas deportivas y el “ser parte de” posean un significado simbólico, que
refuerzan la pertenencia de las personas con los objetivo de lo proyectos asociativos.
Además, se determina que el desciframiento del ámbito cultural en donde los actores, del
club amateur, están insertos permite entender la identificación social y apoyo real a las
actividades concretas, propuestas por el proyecto asociativo o de formación de capital
social.
Otro autor, Klikberg (1999), en su texto Capital social y Cultura presenta distintas
experiencias en Latinoamérica, sobre como la cultura es un elemento esencial en el
desarrollo de capital social, y este a su vez en las políticas de desarrollo económico y
social.
Entre los casos, se presenta el de la Villa El Salvador de Perú, comunidad compuesta por
300 mil allegados, de origen indígena y de bajos recursos, que formaron una comunidad,
en un terreno aislado, cerca de Lima, donde lograron tener acceso a alcantarillado, pistas,
colegios, mercados, zona agropecuaria y hasta un parque industrial.
Estos logros no se debieron ni al acceso a recursos materiales que presentaba el espacio
físico donde se ubicaba ni a la ayuda del gobierno central, sino a los elementos incluidos
al concepto de capital social presente en la comunidad.
Se destaca, en este proceso, como la mantención de las tradiciones y cultura indígena de
sus integrantes, que consideraba una milenaria experiencia histórica de cooperación,
trabajo en comunidad y solidaridad, formo parte de las políticas de desarrollo, y fue este
uno de los factores que facilito el montaje de una extensa organización participativa.
Description:En este contexto, PRODESAL y FONDAC son los mayores responsables de promover el desarrollo de proyectos orientados a empoderar a las