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Eugène Bodin
Barcos sobre el Garona
Contenido resumido
Consideraciones críticas sobre el Cristianismo, con que El Círculo
Cristiano-Espiritista busca clarificar los desvíos cometidos a tra-
vés de los siglos sobre las enseñanzas de Jesús de Belén, por me-
dio de la Revelación de la Doctrina de los Espíritus, codificada
por Allan Kardec, sintetizando lo que puede ser el verdadero Cris-
tianismo, representado mediante el símbolo de Nicodemo (Reen-
carnación) y las expresiones máximas de las enseñanzas de Cristo
(Sermón de la Montaña)
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SUMARIO
Prefacio ........................................................................................... 6
Consideraciones críticas sobre el Cristianismo ........................... 10
I - La Iglesia docente ................................................................... 10
II - La crisis Religiosa ................................................................. 15
III - La Ola crece ......................................................................... 25
IV - La savia del Cristianismo ..................................................... 30
V - El Espiritismo......................................................................... 65
VI - La Internacional Negra ....................................................... 101
VII - La Internacional Cristiana ................................................ 107
VIII- Nicodemo ......................................................................... 117
Nicodemo – La Inmortalidad y el Renacimiento
Primera Parte:
De spués de la Muerte
I - Asombro Espiritual. – Vanitas Vanitatum ............................ 121
II - Una conciencia desnuda. – En el espacio ............................ 122
III - La Tierra y la Humanidad Terrestre ante el Espíritu ......... 124
IV - El despertar de las Almas ................................................... 126
V - En torno a mi cadáver – Los afectos de la Tierra ................ 128
VI - Mundos Regeneradores – Cuerpo Espiritual – Armonías
de Luz .................................................................................. 131
VII - Mundos venturosos ........................................................... 134
VIII - Porta Coeli - ¡He de nacer nuevamente! ......................... 139
IX - Ven… ¡Sígueme! – Los Infiernos del dolor. ..................... 143
X - Un Espíritu desdichado – Mundos Primitivos
– Peregrinación de las Almas .............................................. 149
XI - Continuación de los Mundos Primitivos. – El crepúsculo
de la idea Cristiana – ¡Adiós, hermanos míos, tristes
hermanos en Dios! ............................................................. 156
XII - El caos de los orígenes ...................................................... 160
XIII - Regreso a la Tierra. – La Génesis del Espíritu. – La rea-
lidad Espiritual ................................................................ 164
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XIV - Remordimientos. – Inspiraciones – Recuerdos, prome-
sas y amenazas ................................................................ 169
XV - Voz del cielo – La lucha del Espíritu – Tinieblas y
Luz – Los propósitos – La Reencarnación – La postrera
llamada– La separación – Sobre el Vaticano .................... 175
Segunda Parte:
La Génesis de la Tierra
y la H umanidad Terrestre
Libro I – Génesis de la Tierra .......................................... 180
I - Introducción .......................................................................... 180
II - El Caos – El Primer día de la Génesis ................................. 181
III - El Segundo día de la Tierra ................................................ 185
IV - La Tercera época ................................................................ 188
V - El Cuarta época .................................................................... 192
VI - El Quinto día de la Tierra. ‒ Génesis Espiritual. La gran
catástrofe espiritual. El precursor del Hombre .................. 198
VII – El Sexto día. ‒ El Hombre ............................................... 206
Libro II – La Humanidad Terrestre .............................. 208
I - La Humanidad Terrestre primitiva ........................................ 208
II - La Segunda generación. El Hombre-Niño .......................... 212
III - La Tercera edad del Hombre.............................................. 217
IV - El Cuarto día del Hombre. – La emigración Adámica.
Set. Caín ............................................................................. 221
V - El Quinto día. – La leyenda del Diluvio. – La Iniciación.
El Cristo de Oriente .............................................................. 228
VI - Abraham – Sus viajes – Su política y sus planes. – Isaac
e Ismael. – Testamento y muerte de Abraham. – Esaú y
Jacob. – Su educación y elevación. Los Hijos de Jacob
en Egipto ............................................................................. 233
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VII - Moisés. – Su emigración al Sinaí. – La visión.
– Regreso de Moisés a la ciudad ....................................... 240
VIII - Los ancianos de Israel en presencia del Faraón.‒ Plan
de Moisés para liberar a su pueblo de la Esclavitud ........ 244
IX - La fiesta de los Hebreos. – La matanza y el incendio.
– El pánico de los Egipcios – Proyectos de venganza ....... 247
X - Las huestes del Faraón. – Sorpresa nocturna. – Las orillas
del Mar Rojo. – El clarín de Moisés. – Muerte del Rey.
– Destrucción de su ejército ................................................. 252
XI - Consideraciones Históricas y Filosóficas .......................... 255
XII - Índole y misión del pueblo Hebreo – Llegada al pie del
Sinaí – Política de Moisés. – Sube Moisés al Monte
– La Visión – La Tempestad ........................................... 257
XIII - Sueño profético. – Las dos Tablas – Los ocho manda-
mientos ............................................................................. 263
XIV - Moisés y el sacerdote del Sinaí establecen las bases de
un código Político-Religioso para la educación del pue-
blo. – Graban el Decálogo en dos Tablas de piedra. ‒ El
pueblo delinque – Debilidad de Aarón. – Josué sube al
Sinaí .................................................................................... 267
XV - Amenazas de Moisés. – El pueblo se arrepiente. – El Ta-
bernáculo. – El sacerdocio en la tribu de Leví. – Institu-
ción de los Jueces .............................................................. 270
XVI - Los Doce – Los Misterios – El código Hebreo – Muerte
de Moisés – La conquista de Canaán – Los jueces y los
Reyes ................................................................................ 274
XVII - El Sexto día del Hombre. – La civilización Romana.
– Corrupción general. – Necesidad de renovación en
los sentimientos y costumbres. – Nacimiento de
Jesús ............................................................................... 280
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Prefacio
Jesucristo expulsó con el látigo a los mercaderes del templo;
con todo, el templo fue nuevamente invadido, ahora no por los
vendedores de palomas, sino por aquellos que, haciéndose llamar
herederos y continuadores de la misión con que vino al mundo el
fundador del cristianismo, hicieron del Evangelio el manantial
inagotable de su dominio y conquista. Amparándose en una doc-
trina que es toda humildad y pobreza, son, no obstante, altivos y
poderosos: invocando la mansedumbre y abnegación de aquel que
dio su vida por la salvación del hombre, son perseguidores y
egoístas; alardeando de ser ellos los únicos autorizados intérpretes
de una religión puramente espiritual y sus más fieles cumplidores,
han erigido un culto rico en paramentos y ceremonias que seduce
los sentidos sin, no obstante, mejorar las condiciones morales de
los hombres.
Con todo, la culpa no les pertenece exclusivamente; porque
no son los representantes de una institución quienes la hacen sur-
gir y la sostienen, sino los vicios o las virtudes de las generacio-
nes humanas en sus respectivas épocas. La humanidad tiene
siempre las instituciones que merece. Un pueblo bronco e igno-
rante no puede ser sino un pueblo despótica y fanáticamente diri-
gido o gobernado: para la emancipación, tanto del cuerpo como
del espíritu, ha de preceder necesariamente la cultura de la volun-
tad y del buen sentido. Si se quiere que una sociedad sea libre en
sus manifestaciones políticas y religiosas, se hace imperioso edu-
carla dentro de la virtud y combatir su ignorancia.
No echemos pues, a nadie, toda la culpa de nuestras miserias
y errores religiosos, de los absurdos aceptados como verdades de-
finitivas, de las sofisticaciones y abusos de que venimos siendo
víctimas en nombre del Evangelio: culpemos, eso sí, al atraso mo-
ral e intelectual de nuestros antepasados, que han hecho posibles e
incluso fáciles dichos errores y miserias, así como aquellas sofis-
ticaciones y abusos; no se ha de entender con esto que debamos
declarar libres de toda responsabilidad a aquellos que, convertidos
en maestros y doctores de la sociedad humana, astutamente se
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aprovechan de su ignorancia en beneficio propio y, al mismo
tiempo, se sirven de todos los medios para mantenerla en perpetua
sumisión.
Los vicios y la ignorancia de los hombres dieron vida a las
instituciones absorbentes y depresivas; sin embargo, pronto los
representantes de esas instituciones fomentaron la ignorancia y
alimentaron los vicios, para hacer eterna su dominación sobre los
hombres. Solo así, mediante la imposición y la servidumbre del
entendimiento, ha podido subsistir durante siglos y siglos como
cristiana una institución cuyas máximas y modos de proceder
constituyen la más cabal antítesis de los actos y máximas de Cris-
to.
Y este error subsistirá, pese a que cuantos lo conocieron e in-
teriormente lo reprueban, lo sancionen exteriormente con su hipó-
crita aquiescencia; pese a que la cobardía sea la norma de conduc-
ta de los que juzgan imparcialmente; pese a que se antepongan al
triunfo de la verdad la conveniencia y el interés; pese a que la jus-
ticia no tenga sino amantes platónicos que la confiesan en su alma
y la niegan con sus palabras o con su vergonzoso silencio. Si to-
dos los que conocen la mentira tuviesen el digno valor, la noble
integridad de denunciarla, sus apóstoles perderían la inmerecida
confianza de que gozan entre los ignorantes y fanáticos, y la
emancipación de las conciencias sería otra de aquellas conquistas
del progreso, indudablemente la de más fecundos y transcendenta-
les resultados.
Este libro fue escrito como protesta contra el fraude religioso
de unos, de los mercaderes del templo, y la cobardía o disimulo
de otros, aquellos que se aperciben del fraude y no obstante no
profieren siquiera una palabra para condenarlo públicamente,
convirtiéndose así en encubridores y cómplices. Lo dedicamos a
todos los hombres de recto juicio que anhelan el establecimiento
de la razón como soberana de las manifestaciones del espíritu; a
todos los corazones generosos que buscan en la libertad, en la
santa libertad, la dignificación y prósperos destinos de los pue-
blos; a las conciencias honradas que sienten por toda explotación
indigna la mayor repugnancia; a los apóstoles de la fraternidad
universal, a los enemigos de las tinieblas, a los sedientos de justi-
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cia; en una palabra, a todos los hombres de buena voluntad, de
sacrificio y abnegación por el progreso.
Nuestra bandera es el racionalismo cristiano. Hemos alzado
esta bandera con la publicación de ROMA Y EL EVANGELIO,
obra que ha merecido del público la más favorable acogida y del
clero católico la más honrosa condenación; y continúa enarbolada
con la publicación de NICODEMO, escrito desde el mismo punto
de vista e igual criterio religioso de ROMA Y EL EVANGELIO.
Somos racionalistas, porque la razón es el atributo de la naturale-
za humana por la cual estamos hechos a semejanza de la inteli-
gencia universal; y somos cristianos, porque en las enseñanzas de
Jesús hemos venido bebiendo la fuente perenne de la salvación de
las almas y la más perfecta concordancia entre sus máximas y las
de la razón independiente.
El cristianismo no es Pedro en el siglo primero de la Iglesia,
ni mucho menos Víctor en el segundo siglo, ni Marcelino en el
tercero, ni Siricio en el cuarto, ni León en el quinto, ni Juan II en
el sexto, ni Sabiniano en el Séptimo, ni Esteban IV en el octavo,
ni Nicolás I, ni Juan VIII, ni Formoso, ni Bonifacio VI, ni Esteban
VII, ni Cristóbal I, ni Sergio, ni Juan XXII, ni Alejandro VI. El
cristianismo es el sermón de la montaña, es la humildad, es el
perdón, es la justicia, es el sacrificio por el prójimo, es el sublime
episodio de la cruz, es Jesucristo extendiendo sus brazos llenos de
amor a toda la humanidad, redimida por la adoración y la frater-
nidad universal. El cristianismo no es un hombre, sino una idea;
no es la jerarquía, sino la igualdad espiritual, que depone de sus
cátedras a los soberbios y ensalza a los humildes. El cristianismo
es el Verbo divino revelado, es la moral eterna, es el ideal perfec-
to de caridad, es la redención por los actos y sentimientos, es la
ley del progreso, que la humanidad entera habrá de llevar a cabo
en la conquista de la celestial Jerusalén. Así es como entendemos
nosotros el cristianismo.
Encontraremos enfrentados a nosotros a todos los traficantes
religiosos, los que han convertido el templo en casa de comercio,
a los levitas, a los fariseos, a los acaparadores de las cosas santas,
a los que se jactan de poseer, como dioses, la verdad infalible, y
de ser ellos sus únicos depositarios en la Tierra. Encontraremos
también enfrentada a nosotros a la Iglesia oficial con todo su in-
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menso poder aún incontestable. Combatimos sus errores y sus
abusos: sus ministros difaman nuestras doctrinas, las doctrinas de
nuestra escuela, calumniándolas y persiguiéndonos hasta la muer-
te. Las condiciones de la lucha les son más favorables; no obstan-
te, sin cualquier sombra de duda, su derrota es cierta, porque su
razón consiste en la fuerza, pero los tiempos del triunfo de la jus-
ticia ya se acercan.
Como racionalistas, venimos a batallar contra los opresores
de la razón humana y por la libertad del pensamiento: como cris-
tianos venimos a denunciar los vicios de que padece el cristianis-
mo oficial y su impotencia para saciar la sed de los espíritus y re-
generar las sociedades.
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CONSIDERACIONES CRÍTICAS SOBRE EL
CRISTIANISMO
I
La Iglesia docente.
Tenemos en manos un extracto del discurso pronunciado por
Montero Ríos en el acto de toma de posesión del cargo de rector
de la Institución Libre de Enseñanza al inaugurarse el curso co-
rrespondiente al curso 1877 – 1878.
Siempre que una voz autorizada se deja oír para ilustrar la
opinión referente a las cuestiones que están directa o indirecta-
mente relacionadas con el problema religioso expuesto en el
Evangelio, y pese a todo sin resultado tras diecinueve siglos, la
escuchamos con vivo interés y no dejamos escapar ninguna de sus
notas, con la esperanza de encontrar en ella un eco de las eternas
verdades que el cristianismo ha venido a anunciar al mundo. Por
eso recurrimos ávidamente a los párrafos de dicho extracto y fi-
jamos toda nuestra atención en los fragmentos del discurso que
reproduce, los únicos por los cuales podemos formar un juicio
propio en lo que atañe a la oración inaugural del reputado cano-
nista.
La enseñanza laica, de dónde parten sus derechos y cuáles
son sus límites: tal fue la tesis desarrollada en su discurso por el
rector de la universidad libre, tema importantísimo y oportuno en
estos tiempos, en que la escuela ultramontana pretende para la
Iglesia el monopolio de la educación, no solo la religiosa, sino
además la científica y la artística. El insigne orador estudia la
cuestión con criterio enteramente liberal y censura las aspiracio-
nes absorbentes de esa escuela que, jactándose de representar y
poseer la verdadera tradición católica, trabaja para hacer a la Igle-
sia solidaria con sus usurpaciones y errores, inoculando en ella
sus más desordenados apetitos de dominio y su odio a las con-
quistas del progreso.
No seguiremos al Señor Montero Ríos en todos sus razona-
mientos ni es nuestro objetivo extendernos en consideraciones
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Description:NICODEMO por D. José Amigó y Pellicer http//:www.espiritismo.es. 2. Eugène inmigración forzada de los espíritus de luz que por la luz habían.