Table Of ContentTítulo original: Teachers as Intellectuals. Toward a
Critical
Pedagogy ofLearning
Publicado en inglés por Bergin and Garvey Publishers,
Inc.
Massachusetts
Traducción de Isidro Arias
Cubierta de Ferran Caries
7f edición, 1990 1ª
reimpresión, 1997
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Coeditan: Centro de Publicaciones del M.E.C.
y Ediciones Paidós Ibérica, S.A.
Tirada: 3.000 ejemplares
ISBN: 84-7509-588-7
Depósito legal: B-3292/1997
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SUMARIO
Prefacio. Teoría crítica y significado de la esperanza, Peter McLaren. . 11
Agradecimientos ................................................................................ 25
Introducción del editor, Paulo Freire. . ........................................ 29
Introducción. Los profesores como intelectuales .............................. 31
SECCIÓN PRIMERA: REPENSANDO EL LENGUAJE DE LA INSTRUCCIÓN
ESCOLAR
1. Repensando el lenguaje de la instrucción escolar ..................... 41
2. Hacia una nueva sociología del curriculum .............................. 51
3. Educación social en el aula: la dinámica del curriculum oculto. 63
4. La superación de objetivos de conducta y humanísticos. . . 87
SECCIÓN SEGUNDA: ALFABETIZACIÓN, ESCRITURA Y POLÍTICA DE
SUFRAGIO
5. Escritura y pensamiento crítico en los estudios sociales. . . 99
6. Cultura de masas y ascenso del nuevo alfabetismo: consecuencias
para la lectura ............................................................................. 121
7. Pedagogía crítica, política cultural y discurso de la experiencia. 135
8. Cultura, poder y transformación en la obra de Paulo Freiré:
hacia una política de la educación ............................................ 159
9. Los profesores como intelectuales transformativos. . . . 171
10. Estudio curricular y política cultural ......................................... 179
11. Necesidad de los estudios culturales .......................................... 193
12. La educación del profesor y la política de reforma democrática. 209
13. Crisis y posibilidades de la educación pública ........................... 229
14. Reproduciendo la reproducción: la política del «encasillamiento». 239
8 | Los profesores como intelectuales
15. Antonio Gramsci: la escuela al servicio de una política radical. 251
16. Solidaridad, ética y posibilidad en la educación crítica. . . 261
índice de autores ............................................................................... 281
índice analítico ................................................................................... 283
Este libro está dedicado a mis tres hijos —Jack, Chris y Brett—, que
me han hecho comprender en profundidad lo que significa luchar por un
futuro mejor para todos los niños.
También se lo dedico a mi hermana, Linda Barbery, cuya valentía es
para mi una fuente constante de inspiración, y a Donaldo Macedo, mi
hermano y amigo, cuya inteligencia y generosidad de espíritu nunca han
dejado de proporcionarme fuerza y placer.
PREFACIO: TEORÍA CRITICA Y
SIGNIFICADO
DE LA ESPERANZA
POR PETER MCLAREN
La pedagogía de lo concreto de Henry Giroux
No resulta fácil trazar un perfil intelectual del conjunto de la obra de
Henry Giroux en unas cuantas páginas. (Incluso en condiciones óptimas,
los críticos deberán hacer un esfuerzo notable para captar adecuadamente
los fines y la profundidad de su obra.) Por consiguiente, lo que sigue no es
sino un ensayo sumamente modesto para esclarecer algunos aspectos
generales de la obra de Giroux, que, como espero, ofrezca a los lectores un
contexto teórico en el que situar los capítulos de este volumen.
Durante los diez últimos años Giroux no ha cesado de engrosar su obra
con nuevas publicaciones, todas ellas importantes, en el campo de la teoría,
la política y la pedagogía. El efecto acumulativo de su escritos ha echado
vir-tualmente por tierra la noción recibida de instrucción escolar, mostrando
sobre todo que la relación de ésta con la sociedad más amplia está definida
por su «cuerdo ininterrumpido y por un modus vivendi ventajoso para
ambas. Al oponerse al punto de vista tradicional, según el cual la
instrucción y el aprendizaje escolar son un proceso neutral y transparente
sin connivencia con el poder, la historia y el contexto social, Giroux ha
conseguido poner los fundamentos. para un teoría social crítica de la
instrucción escolar que ofrece especiales posibilidades para educadores,
políticos, teóricos sociales y, en un grado no menor, para estudiantes.1
Asimilando con sentido crítico avances recientes en la teoría social y al
1. Para un comentario extenso de Education Under Siege, véase mi revisión a modo de
ensayo tn Educational Studies, 17 (1986), 277-289. Para una discusión conjunta de
Education Under Siege y de Theory and Resistance in Education, véase Peter McLaren,
«Education as Counter-Discourse», Review of Education, 13, invierno de 1987, 58-68.
Partes muy aisladas de estos artículos han «ido reproducidas en el presente ensayo.
12 | Los profesores como intelectuales
mismo tiempo desarrollando nuevas categorías de investigación teórica,
Giroux ha puesto efectivamente en entredicho el supuesto dominante de
que las escuelas funcionan como uno de los mecanismos centrales para el
desarrollo del orden social democrático e igualitario. Su análisis del
resurgimiento neoconserva-dor en educación ha ayudado a descubrir la
lógica por medio de la cual el movimiento elitista ha sido capaz de
camuflar su deserción en materia de equidad y reforma social. Por otra
parte, sus críticas a los progresistas han puesto de relieve cómo muchas
prácticas bien recibidas por educadores liberales —tales como el
encasillamiento (tracking) institucionalizado y la estructuración del cu-
rriculum de acuerdo con imperativos de la industria— socavan los mismos
valores democráticos que están en la base de la postura liberal.
Consiguientemente, hemos de levantar acta de cómo tanto las prioridades
desarrolladas por los educadores conservadores como las desarrolladas por
los liberales se ven a menudo desmentidas por la desigualdad y la jerarquía
en la raíz misma de las ideologías que ellos tienen, al parecer, en tan alto
aprecio.
Tanto política como pedagógicamente, el verdadero mérito de Giroux ha
consistido en desenmascarar la desigualdad estructurada de los intereses
personales que compiten dentro de un orden social. En sus escritos ha
puesto de relieve cómo los servicios públicos básicos que los
norteamericanos asocian generalmente con la instrucción escolar —tales
como la habilitación meritocrática de todos los individuos
independientemente de su raza, clase social, religión o sexo— se ven
subertidos por las mismas contradicciones internas de su constitución. En
resumidad cuentas, la obra de Giroux está comprometida fundamen-
talmente en la tarea de denunciar aquellas prácticas ideológicas y sociales
que en las escuelas suelen ser un obstáculo para que todos los estudiantes se
preparen para asumir un rol activo, crítico y emprendedor como
ciudadanos. Abarcar el amplio abanico de los intereses de Giroux ha sido
una constante permanente, con la intención liberadora de apoyar a aquellos
que han quedado arrinconados en el camino hacia el éxito educativo, a
aquellos a quienes la historia ha arrebatado cruel y prematuramente la
esperanza. Entre éstos hay que incluir tanto a los descontentos como a los
indigentes, juntamente con aquellos otros a quienes una posición social más
ventajosa ha hecho excesivamente insensibles e incapaces de reaccionar
con firmeza contra las desigualdades e injusticias de la sociedad.
La obra de Giroux representa mucho más que una contribución
histórica a una teoría educativa crítica. En efecto, Giroux ha desarrollado
también una estimación sumamente original de las formas políticas de la
instrucción escolar contemporánea, una estimación dictada por el
conocimiento de los puntos fuertes y de las deficiencias de la teoría
educativa crítica y, al mismo tiempo, por una aguda sensibilidad para las
limitaciones y la contingencia histórica de la teoría misma. Mientras que,
por una parte, los escritos de Giroux revelan una profunda erudición
teórica, hay en ellos, por otra parte, puntos sobre los que se puede y se
debería suscitar un debate, para impugnarlos si el caso lo requiere,
Prefacio | 13
como exigencia de todo proceso permanente de diálogo. Sin duda, algunos
aspectos de su obra no se verán libres de críticas lanzadas contra la obra de
Giroux. Aquí nos interesa más bien explorarla en su calidad de cuerpo de
pensamiento crítico que ha de leerse como parte de un proyecto continuado
de lucha pedagógica y de fortalecimiento político.
Aunque la obra escrita de Giroux no se convirtió en una actividad
política de envergadura hasta bien entrada la década de los 70, sus escritos
constituyen en la actualidad una aportación teórica de primer orden y el
fundamento a partir del cual se puede desarrollar y promover una teoría
crítica de la educación. Estos últimos años hemos sido testigos de las
significativas incursiones realizadas por Giroux en el campo más amplio de
la teoría social, las cuales se han plasmado en una serie de importantes
contribuciones a la naciente disciplina de los estudios culturales.2 El
proyecto que vertebra la obra de Giroux, ilustrado por el abanico de los
materiales reunidos en este volumen, puede sintetizarse como un intento de
formular una pedagogía crítica comprometida con -los imperativos de
potenciar el papel de los estudiantes y de transformar el orden social en
general en beneficio de una democracia más justa y equitativa. -Para Giroux,
el tema central es el desarrollo de un lenguaje que a los educadores y a otros
les permita desvelar y comprender el nexo existente entre instrucción
escolar, relaciones sociales en sentido amplio que informan dicha instruc-
ción, y las necesidades y competencias producto de la historia que los
estudiantes llevan a la escuela. Una cierta toma de conciencia crítica de ese
nexo se hace necesaria si los educadores pretenden reconocer el hecho de
que la cultura escolar predominante está implicada en prácticas hegemónicas
que a menudo reducen al silencio a grupos subordinados de estudiantes, al
tiempo que inhabilitan y privan de poder a quienes instruyen a esos grupos.
Semejante toma de conciencia podría acrecentar también la habilidad de los
profesores para trabajar críticamente con estudiantes de clases dominantes y
subordinadas, de manera que éstos lleguen a reconocer cómo y por qué la
cultura dominante estimula tanto su complicidad como su impotencia.
Naturalmente, el objetivo principal de la pedagogía crítica es potenciar a los
alumnos para que ellos mismos intervengan en su propia formación y
transformar los rasgos opresivos de la sociedad en su conjunto que hacen
necesaria esta intervención. El enjuiciamiento final de Giroux sobre las
facciones culturales que ejercen tan tremendo influjo en la vida educativa,
cultural y económica, aunque condenatorio, no excluye la posibilidad del
cambio progresivo y de la reforma. Desde el punto de vista de Giroux, los
agentes humanos poseen la capacidad de rehacer el mundo tanto por medio
de la lucha colectiva en y sobre el mundo material como por medio del
ejercicio de su imaginación social.
2. Véase Henry A. Giroux y Roger Simón, «Critical Pedagogy and the Politics of
Popular Culture», en Critical Pedagogy and Popular Culture, comp. por Henry A. Giroux y
Roger Simón, South Hadley, Mass., Bergin & Garvey Publishers, en prensa.
14 | Los profesores como intelectuales
En los escritos de Giroux se percibe un apasionamiento e indignación
—po-dríamos hablar también de una esperanza militante— que apenas
tienen nada que ver con el distanciamiento y la tranquilidad académica del
trabajo científico convencional. La vitalidad y a veces ferocidad que
distinguen la voz crítica de Giroux son expresión a la vez de rabia y de
fuerza, un legado que en parte proviene de la frustración vivida
personalmente y del ambiente combativo en que creció en un barrio obrero
de Rhode Island. La historia de Giroux ha sido configurada también por su
participación en las luchas de la década de los 60, por su trabajo como
organizador de la comunidad y por siete años de profesor en una escuela
superior. Giroux se refiere a menudo a sus estudios universitarios
calificándolos de accidente histórico. De no haber sido por la beca para
baloncesto que le ayudó a dejar las calles de Smith Hill por las aulas
universitarias, su vida habría tomado sin duda otro rumbo diferente y desde
luego menos ventajoso.3 La pasión por la justicia y la igualdad que, como
todos reconocen, es una de las características de sus escritos, proviene tanto
de su experiencia de las diferencias de clase social en sus años jóvenes
como de sus esfuerzos subsiguientes por comprender las vías por las que la
instrucción escolar potencia y estimula a aquellos estudiantes que gozan de
una ventaja social temprana.
La obra de Giroux pone en manos de los educadores un lenguaje crítico
que los capacita para comprender la enseñanza como una forma de política
cultural, es decir, como una tarea pedagógica que toma en serio las
relaciones raciales, de clase, sexo y poder en la producción y legitimación
de sentido y experiencia. La importancia del lenguaje en cuestión puede
deducirse de su indudable capacidad para abordar ciertos temas y
problemas que guardan afinidad con la construcción de una pedagogía
liberadora. Algunos de los temas y problemas que durante años han guiado
el trabajo de Giroux pueden formularse como una serie de interrogantes:
¿cuáles son las variantes morales contra las que hemos de tomar una actitud
personal como agentes sociales de cambio? ¿Cómo podemos convertir los
problemas relacionados con la clase social, la raza, el sexo y el poder en
cuestiones de calidad y rango educativos? ¿De qué manera podemos, en
cuanto educadores, oponernos a la cultura dominante con el fin de
reconstruir nuestras propias identidades y experiencias y al mismo tiempo
las de nuestros estudiantes? ¿Cómo pueden los educadores elaborar un
proyecto pedagógico que legitime una forma crítica de praxis intelectual?
¿Cómo es posible reconocer las diferentes y múltiples formas de identidad
y, sin embargo, enfrentarse a los temas de la voluntad y el empeño
político? ¿Cuál es la diversidad que de hecho silenciamos en nombre de
una pedagogía liberadora? ¿Cómo pueden los educadores llegar a
reconocer determinadas injusticias que han sido perpetradas en nombre de
la educación? ¿Cómo pueden esos mismos
3. Véase Bill Reynolds, «Henry A. Giroux Has the Working-Class Blues», Sunday
]oumal Magazine (Rhode Island), 15 de mayo de 1985, págs. 4-7.
Prefacio | 15
profesores llegar a tomar conciencia de su propia participación en el
empleo de un sistema frecuentemente opresivo que priva a los estudiantes
de sus derechos básicos? ¿De qué modo les es dado a los enseñantes
trabajar en apoyo de una pedagogía capaz de forjar colectivamente una
cultura pública democrática? ¿Cómo pueden los educadores acoplar una
teoría de la enseñanza con una pedagogía del cuerpo y el deseo? ¿Cuáles
son los límites de la relación entre conocimiento, poder y subjetividad?
¿Cómo desarrollamos nosotros de hecho un discurso público que integre el
lenguaje del poder y los fines con el lenguaje de la intimidad, la amistad y
la solicitud? ¿Cómo hablamos de hecho en nombre de la emancipación sin
mostrar desprecio por quienes están atrapados en las estructuras de la
dominación o la ignorancia, independientemente de su posición social?
Dado que no conocemos qué cosas son históricamente posibles hasta que
no las hayamos intentado, ¿cómo pueden los educadores comenzar a
mentalizar a los estudiantes para que imaginen un futuro en el que la
esperanza sea algo próximo y la libertad objeto de nuestros sueños, luchas
y, eventualmen-te, victorias? Cuestiones como éstas son las que plantea la
pedagogía crítica; sus respuestas deben tomar como punto de partida los
problemas reales y concretos con que hoy se enfrentan estudiantes y
profesores. Las cuestiones suscitadas por la pedagogía crítica —cuestiones
importantes y pertinentes para la condición humana, cuestiones formuladas
como parte de un esfuerzo más general por la liberación humana— son las
mismas que se han de plantear a la historia. En sentido amplio, podemos
repartir la obra de Giroux en dos etapas principales. La primera está
reflejada en sus ensayos sobre clase social e instrucción escolar escritos al
final de la décadade los 70. En esta época su nombre se asoció a menudo
con un grupo pequeño, pero muy influyente, de teóricos educativos —entre
ellos podemos contar a William Pinar, Jean Anyon y Michael Apple— que
realizaron algunos análisis importantes de la instrucción escolar que ahora
nos parecen un tanto lastrados por su lenguaje económico político y por un
concepto reduccionista de la reproducción social.1 Mientras que gran parte
del trabajo llevado a cabo por la escuela crítica en aquel momento conti-
nuaba siendo tributario de un cierto determinismo causal y de un marxismo
economicista, Giroux entrevió muy pronto unas relaciones más complejas
entre lo que sucedía en las aulas y el ordenamiento político, social, moral y
económico de la sociedad en general. Giroux sufrió un cierto influjo de la
nueva sociología del conocimiento desarrollada a partir de la obra de
Michael Young y Basil Bernstein en Gran Bretaña, de los escritos de
Raymond Williams, y de los trabajos abiertamente innovadores sobre las
subculturas juveniles emprendidos por Stuart Hall, Richard Johnson, Paul
Willis y otros investigadores del Center For Contemporary Cultural
Studies de la Universidad de Birmingham. Los intereses teóricos de
Giroux se centraron muy pronto en los escritos del teórico
4. Véase el libro en prensa en Giroux, Schooling and the Struggle for Public Life:
Critical Pedagogy in the Modern Age, Minneápolis, University of Minnesota Press.