Table Of ContentLA SOCIEDAD DECENTE
AVISHAI MARGALIT
PAIDÓS ESTADO Y SOCIEDAD
Título original: The Decent Society, de Avishai Margalit
Publicado en lengua inglesa por Harvard University Press
Traducción de Carme Castells Aulcda
Imagen de cubierta: Composición universal, 1933. de Joaquín Torres-García.
Óleo sobre labia (54,6 * 74,9 cm). Snite Museum of Art. Notre Dame, Indiana.
Cubierta de Jaime Fernández
Ia edición, noviembre 1997
Ia edición en esta presentación, septiembre 2010
3a impresión, septiembre 2016
© 1996 by Harvard University Press
© Joaquín Torres-García, VEG AP, Barcelona, 2010
© 1997 de la traducción. Carme Castells Auleda
© 1997 de todas las ediciones en castellano.
Espasa Libros, S. L. U.,
Avda. Diagonal. 662-664. 08034 Barcelona, España
Paidós es un sello editorial de Espasa Libros, S. L. U.
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ISBN: 978-84-493-2426-0
Depósito legal: M. 33.219-2010
Impreso en Promotion Digital Talk, S. L.
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y está calificado como papel ecológico
Impreso en España - Printed in Spain
Para Mira, Yotam, Tamary Ruth
Anoche, el jeque anduvo por toda la ciudad, candil en
mano, gritando: «Estoy harto de zafios y malvados, anhelo
un ser humano».
Rumi (1207-1273 )
SUMARIO
Prefacio........................................................................................................... 13
Introducción.................................................................................................. 15
Primera parte
EL CONCEPTO DE HUMILLACIÓN
1. Humillación........................................................................................... 21
2. Derechos ............................................................................................... 35
3. Honor .................................................................................................... 45
Segunda parte
LAS BASES DEL RESPETO
4. La justificación del respeto............................................................... 57
5. La solución escéptica ......................................................................... 71
6. Tratar a los seres humanos como si fuesen no humanos........... 81
Tercera parte
LA DECENCIA COMO CONCEPTO SOCIAL
7. La paradoja de la humillación ......................................................... 101
8. Rechazo ................................................................................................. 111
9. Ciudadanía ........................................................................................... 125
10. Cultura.................................................................................................... 133
Cuarta parte
LAS INSTITUCIONES HUMANAS SOMETIDAS A EXAMEN
11. Esnobismo............................................................................................. 151
12. Privacidad ............................................................................................. 159
13. Burocracia............................................................................................ 167
14. La sociedad de bienestar.................................................................... 175
15. Desempleo............................................................................................. 193
16. Castigo.................................................................................................... 203
Conclusión .................................................................................................... 209
PREFACIO
Hace unos veinte años acompañé a Sidney Morgenbesser al aero
puerto. En la sala de espera, mientras aguardábamos la salida de su vue
lo, estuvimos discutiendo la teoría de la justicia de Rawls, que nos había
impresionado profundamente a ambos. Antes de despedirse, Morgenbes
ser nos dijo -a mí, y a los demás pasajeros- que el problema más acucian
te no era la sociedad justa, sino la sociedad decente. Ni siquiera ahora sé
con certeza qué quiso decir con ello, pero su afirmación me causó una
gran impresión. Este libro debe su existencia a aquel comentario de Mor
genbesser. Y yo mismo le debo gran parte de mi aprendizaje filosófico y
no pocas de mis opiniones relativas a la sociedad.
La idea de la sociedad decente me resultaba atractiva, pero durante
muchos años fui incapaz de darle forma. Poco a poco, gracias a las con
versaciones que mantuve con palestinos durante su levantamiento en los
territorios ocupados (la Intifada), así como las que mantuve con inmi
grantes recién llegados a Israel, procedentes de los países del extinto blo
que comunista, me convencí de la centralidad del honor y la humillación
en las vidas de las gentes y, consecuentemente, de la importancia que de
bemos dar, en el pensamiento político, a los conceptos de honor y humi
llación. Así nació la idea de la sociedad decente, entendida como aquella
que no humilla a sus integrantes.
Sin embargo, éste no es un libro sobre la Intifada o la caída del co
munismo, sino que los empleo únicamente a modo de ejemplo, aunque
inicialmente lo escribí en hebreo y teniendo en mente al lector israelí. Da
vid Hartman, entre otros, fue quien me convenció de que la idea de la so
ciedad justa podía tener una audiencia más amplia que la limitada exclu
sivamente a los lectores de habla hebrea. Así pues, la traducción al inglés
se debe a su estímulo activo y al patrocinio del Shalom Hartman Institu-
te de Jerusalén, que Hartman dirige. A su vez Naomi Goldblum asumió
la tarea, que realizó con dedicación.
Amigos como Maya Bar-Hillel, Moshe Halbertal, David Heyd, Jo-
seph Raz y Michael Walzer leyeron varios borradores del libro, prestán
dome una ayuda inestimable por la cual les doy las gracias. Mi esposa,
Edna Ullman-Margalit, con la que comparto mi vida y mi trabajo, me ayu
dó a perfilar las ideas, tanto los grandes trazos como los pequeños deta
lles. Mi agradecimiento no basta para corresponder a su apoyo.
También me ayudaron algunas instituciones. Mi estancia como pro
fesor visitante en el St. Antony's College, en Oxford, me proporcionó una
sociedad decente en la que escribir gran parte de este libro. La agradable
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biblioteca del Van Leer Institute de Jerusalén, en la que durante muchos
años pasé la mayoría de mis horas de vigilia, me permitió avanzar aún
más. Conté también con la ayuda del Center for Rationality and Interac
tive Decisions de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Y di los toques fi
nales al libro en la cálida y espléndida casa de mis amigos Irene y Alfred
Brendel, en Hampstead. Todos ellos cuentan con mi gratitud.
Este no es un libro de texto. La extensión de los diversos capítulos y
secciones no refleja su peso relativo, sino, más bien, lo que sentí que tenía
que decir sobre cada uno de los temas. Creo que cada una de las afirmacio
nes de este libro es verdadera, pero creo también que algunas de ellas son
erróneas. Tal estado de la cuestión corresponde a lo que los filósofos deno
minan «la paradoja del prefacio» y, sea cual fuera el estatus lógico de dicha
paradoja, tengo claro que ésta refleja mi propio estado de la cuestión.
Escribí este libro convencido de lo que hacía. Pero la convicción no
nos hace inmunes al error; si acaso, aumenta su probabilidad. No me cabe
la menor duda de que este libro contiene errores; únicamente espero que
contenga suficiente verdad.
Jerusalén
Agosto de 1995
INTRODUCCIÓN
¿Qué es una sociedad decente? La respuesta que propongo es, a
grandes rasgos, la siguiente: una sociedad decente es aquella cuyas insti
tuciones no humillan a las personas. Y distingo entre una sociedad de
cente y una sociedad civilizada. Una sociedad civilizada es aquella cuyos
miembros no se humillan unos a otros, mientras que una sociedad decen
te es aquella cuyas instituciones no humillan a las personas. Así, por ejem
plo, podríamos pensar en la Checoslovaquia comunista como una socie
dad no decente pero civilizada, mientras que es posible imaginar, sin caer
en contradicciones, una República Checa que pudiera ser más decente
pero menos civilizada.
Las instituciones sociales se pueden describir de dos maneras: de ma
nera abstracta, por sus normas o leyes, o de manera concreta, por su con
ducta real. Análogamente, podemos hablar de la humillación institucional
a través de la ley, como evidencian las leyes de Nüremberg o las del apart-
heid, diferenciándola de los actos concretos de humillación institucional,
como el tratamiento que aplicó la policía de Los Ángeles al motorista ne
gro Rodney King. En la descripción concreta de las instituciones, la dis
tinción entre una sociedad no civilizada y una sociedad no decente queda
difuminada. Mi interés en las instituciones se centra en su aspecto concre
to y, por ello, probablemente, tal distinción se difumine repetidas veces a
lo largo de este libro. Pese a todo, la distinción sigue siendo válida aunque
no siempre quede claro cómo aplicarla en casos particulares. La idea de
una sociedad civilizada es un concepto microético que atañe a las relacio
nes entre individuos, mientras que la idea de una sociedad decente es un
concepto macroétíco vinculado a la organización social en su conjunto.
El concepto de una sociedad decente se puede comparar y contrastar
con otros términos valorativos; por ejemplo, el de una sociedad correcta
entendida como aquella que se atiene a los procesos debidos, o el de una
sociedad respetable entendida como aquella que protege la respetabili
dad de sus ciudadanos. Pero la comparación más importante de todas es
la que se establece entre una sociedad decente y una sociedad justa. Para
aclarar el concepto de una sociedad decente no sólo es preciso averiguar
en qué se diferencian las sociedades decentes y las no decentes, sino tam
bién compararlo con otras nociones sociales, ya sean antagónicas o com
plementarias. Sin embargo, no compararé explícitamente la noción de
una sociedad decente con otras nociones sociales, con la excepción de la
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sociedad justa, aunque mencione la posibilidad de comparación con la es
peranza de dar constancia de ella a lo largo del libro.
En la primera parte abordaré las razones por las cuales alguien se
siente humillado, y empezaré con dos postulados radicales. Uno de ellos
es el del anarquismo: la mera existencia de las instituciones gubernamen
tales es razón suficiente para sentirse humillado. El otro es el del estoicis
mo: ninguna institución gubernamental puede dar razones suficientes
para sentirse humillado. Y rechazo ambas posturas radicales para afirmar
que las instituciones gubernamentales no necesariamente humillan a la
gente, aunque tengan capacidad de hacerlo.
En mi opinión, el concepto de una sociedad decente no está conecta
do necesariamente con el concepto de los derechos. Incluso una sociedad
que carezca de tal concepto puede desarrollar nociones de honor y humi
llación apropiadas para una sociedad decente. El concepto apropiado de
honor es la idea del respeto hacia uno mismo, entendido como algo
opuesto a la autoestima o al honor social.
La segunda parte está dedicada a la cuestión de qué es lo que justifi
ca el respeto hacia los seres humanos, y en ella presento tres tipos de jus
tificación. La primera es de carácter positivo, que confía en un elemento
común a toda la humanidad en virtud del cual las personas merecen ser
respetadas. La segunda es una justificación escéptica, que duda de la exis
tencia de tal elemento y que sugiere que el origen del respeto es el respe
to en sí mismo. Y, finalmente, la tercera es una justificación negativa, para
la que no existe ninguna justificación positiva o escéptica para respetar a
los seres humanos, aunque esté justificado el evitar humillarlos.
La tercera parte trata la idea de humillación entendida como el recha
zo hacia una persona ejercido por el colectivo humano y como la pérdida
del control básico. Mostraré cómo estos dos aspectos de la humillación se
manifiestan concretamente en los escenarios sociales como el rechazo de
formas específicas de vida en las que las personas expresan su humanidad.
La cuarta parte plantea la manera en que deben actuar, en una socie
dad decente, las principales instituciones sociales, como las relacionadas
con el bienestar o con el castigo. No me propongo abarcar todas las insti
tuciones sociales (por ejemplo, no me ocupo de las relacionadas con la vi
vienda), aunque estudio una amplia gama de instituciones.
Por tanto, el libro está dividido en dos secciones principales. Las tres
primeras partes versan sobre la humillación; la cuarta parte aborda sus
manifestaciones institucionales. Al final del libro comparo la sociedad
decente con la sociedad justa. Toda sociedad justa debe ser una socie
dad decente, pero de ello no se sigue lo contrario.
No he estipulado un límite máximo o mínimo al tamaño de las unida
des sociales que pueden ser sociedades decentes, aunque en el mundo mo
Introducción 17
derno la elección natural se decanta hacia las sociedades del orden o mag
nitud de una nación, y por ello no abordaré las unidades sociales más pe
queñas. Una de las razones de ello es que, en la actualidad, las condiciones
para vivir una vida no humillante requieren, cuando menos, la capacidad
de leer y escribir, así como algunas habilidades técnicas básicas que, a su
vez, requieren un sistema educativo relativamente avanzado. A una socie
dad pequeña le resulta difícil proporcionar un sistema educativo de este
tipo. Existe aún otra razón por la cual interesan las naciones. Se supone que
los Estados tienen el monopolio del uso de la fuerza, como acostumbra a
suceder en realidad. Por tanto, el Estado tiene un potencial especialmente
grande, tanto normativo como fáctico, para la humillación institucional.
Empiezo por caracterizar a grandes rasgos una sociedad decente
como una sociedad que no humilla a sus integrantes. ¿Por qué caracteri
zar la sociedad decente de una manera negativa, en vez de positiva como,
por ejemplo, una sociedad que respeta a sus miembros? Por tres razones:
una razón de índole moral, otra lógica y, finalmente, una razón cognitiva.
La razón moral se debe a mi convicción de que existe una notable asime
tría entre erradicar el mal y fomentar el bien.1 Es más prioritario eliminar
males dolorosos que crear bienes disfrutables. La humillación es un mal
doloroso, mientras que el respeto es un bien. Por tanto, es más prioritario
eliminar la humillación que ofrecer respeto.
La razón lógica se basa en la distinción entre los objetivos que se pue
den lograr directa e inteligentemente y aquellos que son esencialmente
productos laterales y no se pueden lograr directamente.2 Por ejemplo, las
personas que quieren ser espontáneas no pueden lograrlo directamente
sólo porque así lo decidan. Lo más que pueden hacer es simular que ac
túan espontáneamente. La espontaneidad es, en esencia, un producto la
teral y no un objetivo primario. Tratar con respeto a la gente puede ser
también, esencialmente, un producto lateral de la propia conducta gene
ral hacia las personas, mientras que éste no es el caso de la no humilla
ción. Quizá no hay ningún comportamiento del que se pueda decir que
fomenta el respeto (en el mismo sentido que existen actos, como el salu
do militar, que podemos identificar como acciones que rinden honores
militares). Quizá simplemente podamos manifestar nuestro respeto me
diante actos pensados para otros propósitos, de manera que el respeto
otorgado no es más que un producto lateral de éstos. Por el contrario,
existen actos específicos, como escupir a alguien en la cara, que son hu
millantes sin ser productos laterales de otros actos.
1. Karl Popper, The Open Society and Its Enetnies, vot. I, Plato, 5.' edición, Londres, Routled-
ge, 1966, págs. 284-285 (trad. cast.: La sociedad abierta y sus enemigos, Barcelona, Paidós, 1981).
2. John Elster, «States That Are Essentially By-Products», en Elster, Sour Grapes, Cambridge
University Press, 1983, págs. 43-101 (trad. cast.: Las uvas amargas, Barcelona, Edicions 62, 1988.