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TEOLÓGICA
II
B L I O T E CA H E R D ER
BIBLIOTECA HERDER
SECCIÓN DE TEOLOGÍA Y FILOSOFÍA
VOLUMEN 16
INICIACIÓN TEOLÓGICA
POR UN GRUPO DE TEÓLOGOS
INICIACIÓN TEOLÓGICA
TOMO SEGUNDO
TEOLOGÍA MORAL
BARCELONA
BARCELONA
EDITORIAL HERDER
EDITORIAL HERDER
1962 1962
Versión española, por los PP. Dominicos del Estudio General de Filosofía de Caldas de
Besaya (Santander), de la 2.a edición de la obra ^niíiíitíon Jbiotogi^ue, m, del P. A. M. HENRY
O. P , y un grupo de teólogos, publicada por Les Éditions du Cerf, París 1955 SIGLAS BÍBLICAS
Abd Abdías lud Jueces
Act Hechos de los apóstoles luda San Judas
Primera edición i 959
Agg Ageo Iudith Judit
Segunda edición 1962 Amos Amos Le San Lucas
Apoc Apocalipsis Lev Levítico
Bar Baruc 1-2 Mac Macabeos
Cant Cantar de los Cantares Mal Malaquías
Col Colosenses Me San Marcos
1-2 Cor Corintios Mich Miqueas
Dan Daniel Mt San Mateo
Deut Deuteronomio Nah Nahum
Eccl Eclcsiastés Neh Nehemías
Eccli Eclesiástico Num Números
Eph Efesios Os Oseas
NIHIL OBSTAT. Los Censores: RR. PP. CANDIDUS ANJZ, O. P., Doctor S. Theolog.,
Esdr Esdras 1-2 Par Paralipómenos
y VICTOBIANUS RODRÍGUEZ, O. P., S. Th. Lector
Esther Ester 1-4 Petr San Pedro
IMPRIMÍ POTEST. FR. ANICETUS FERNÁNDEZ, O. P., PRIOR PROVINCIALIS Ex Éxodo Phi! Eilipenses
Ez Ezequiel Philem Filemón
Gal Calatas Prov Proverbios
NIHIL OBSTAT. ANTONIUS SOLANO, T. O. P., Censor Gen Génesis P's Salmos
Hab Habacuc 1-2 Reg Reyes
Hebr Hebreos Rom Romanos
lac Santiago Ruth Rut
IMPRIMATUR. Santanderii, 5 maio 1958
ler leremías Sap Sabiduría
JOSEPHUS, EPISCOPUS SANTANDERIÉNSIS Iob Job Soph Sofonías
Ioel Joel Thes Tesalonicenses
loh Evangelio según San Juan Thren Lamentaciones
1-3 loh Epístolas de San Juan 1-2 Tim Timoteo
Ion Jonás Tit Tito
los Josué Tob Tobías
Is Isaías Zach Zacarías
OTRAS SIGLAS
AAS Acta Apostolícete Sedis, Roma 1909 ss.
BAC "Biblioteca de Autores Cristianos", Madrid.
CG Contra Gentiles.
CIC Codcx Inris Canonici.
CSIC Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid.
CT "La Ciencia Tomista", Salamanca 1910 ss.
DTC Dictionnaire de Théologie Catholiquc, París.
Dz HENRICI DENZINC.ER, Enchiridion Symbolorum, Herder, Friburgo-
Barcelona 31 1957 El Magisterio de la Iglesia. Barcelona 1961.
EB Enchiridion Biblicnm, Roma 1927.
Editorial Wcrdcr, Varctlona 1959
PL, PG MIGNE, Patrologiae Cursits complctus; Series latina, París 1884 ss;
Series graeca, París 1857 ss.
PUF Presses Universitaires de France, París.
ES PROPIEDAD N.° RgtO. 919-59 PRINTED IN SPAIN RSR "Revue des Sciences Religíeuses", París.
ST Suma Teológica.
Imprenta Altes. S. L. - Callé Tuset, 17. - Barcelona
Reproducción Offset - GRAFESA, Torres Amat, 9 — Barcelona 5
Prefacio
ORIGINALIDAD DE LA MORAL DE SANTO TOMÁS
MORAL Y EVANGELIO
por M.-D. CHENU, O. P.
La constitución en un saber orgánico del contenido de la palabra
de Dios es una empresa tan difícil como provechosa. Mas si se
trata de convertir en teología, en «ciencia» sagrada, no solamente
las cosas de fe, sino también las conductas morales que esta revé'
lación inspira en la gracia del Espíritu, entonces la empresa se
muestra paradójica. Más aún que en un régimen de valores
humanos, parece que los conceptos y leyes racionales no pueden
apresar la irreductible originalidad de la acción y de la vida, allí donde
acción y vida hacen resaltar gratuitas e imprevistas relaciones perso-
nales de Dios y del alma.
De hecho, la historia de la teología moral parece revelar el fracaso
prolongado de semejante tentativa. La historia de la moral especu'
lativa es tan caótica y dolorosa como sugestiva y fecunda es la historia
de las llamadas espiritualidades. En verdad, los grandes siglos de
la primitiva Iglesia, junto con las definiciones dogmáticas de las ver
dades de fe en los concilios, han producido un admirable florecí'
miento de la instrucción y edificación en las catequesis, pero ninguna
«ciencia» moral, que más bien parecía a los antiguos como un vestigio
de la pretensión pagana.
¿ Ha podido Santo Tomás, gran maestro en teología, incluir en
la homogénea textura científica de su Suma, un saber nioral que
mantenga la originalidad de su objeto, sin destruir ni el carácter
doctrinal ni el carácter sagrado de la doctrina sacra, como él llama
a la teología ?
Creemos que Santo Tomás ha logrado esta intención: lo ha
alcanzado mucho mejor que sus maestros (Alberto Magno y, entre
los padres, Agustín) y sus contemporáneos (Buenaventura) ; es particu'
larmente original en este punto, y la originalidad de este éxito
se muestra, ¡ay!, hasta en el penoso fallo de la mayor parte de
los moralistas; sus sucesores.
La originalidad de la construcción teológica moral de Santo
Tomás se descubre inmediatamente en el plan de su Suma. La mayor
parte de sus contemporáneos no aciertan a situar la materia moral
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Teología moral Moral y Evangelio
de la doctrina cristiana sino mediante un inciso ocasional dema todo lo que hace. Ciencia de salvación, con la tensión que ésta
siado breve: en el curso del tratado de la encarnación se plantean entraña, en Cristo y en nosotros, pero, a pesar de todo, ciencia;
esta pregunta: ¿ Poseyó Cristo las virtudes de fe, esperanza, caridad, cf. i q. i, art. 3-6.
y las virtudes cardinales de justicia, fortaleza, prudencia y tem La eficacia de esta alta concepción se revela desde la primera
planza?, y se incluye ahí el estudio del aparato de las virtudes. página de la obra maestra de Santo Tomás: se inicia con el tratado
Tal era la distribución de materias en el plan del Líber Scntentiarum de la bienaventuranza. Mientras en las obras anteriores la doctrina
de Pedro Lombardo, marco universal de la enseñanza en el siglo XIII cristiana de la bienaventuranza sólo se daba como un capítulo
y hasta pleno siglo xvi. Distribución muy significativa en este particular del tratado de los fines últimos, De novissimis, aquí
compilador de la tradición, si se tiene en cuenta que, para los antiguos viene a ser la clave de todo el edificio. En la presente obra se verá
doctores, la moral no figuraba en su enseñanza doctrinal, ni aun la más adelante la inmensa trascendencia de esta innovación en la arqui
conciliar, sino que se manifestaba en escritos de exhortación. El peso tectura espiritual de una teología de la acción humana en general
de esta tosca división gravitaba todavía, con Lombardo, en la teolo y de todas las acciones humanas en particular.
gía del siglo XIII. Indudablemente, y tal era el estimable beneficio
Es notable que la fuerza de esta arquitectura aparezca en
de esa distribución, virtudes y pecados aparecían en estrecha unión
el hallazgo imprevisto, para definir esa bienaventuranza, del gran
con la economía cristiana y la persona de Cristo; mas el análisis
tema evangélico de la visión beatificante y del principio racional
objetivo de sus estructuras, densidades y técnicas no puede entonces
del fin último, por el cual comienza Artistóteles su Ética. En ade
realizar todas sus exigencias .racionales. Santo Tomás en la obra
lante, de un extremo al otro, se fijará y ejercitará, en el interior
de su juventud, el Comentario a las Sentencias, será todavía
de la fe —y, por consiguiente, bajo luz teologal y en ciencia
esclavo de esta distribución que no concede a la materia moral
teológica—, la razón, principio y regla de moralidad cristiana.
su categoría propia.
Así como en la elaboración especulativa de la palabra de Dios, la fe
Si, en apoyo de este hecho, observamos que, en ese mismo engendra la teología, según las estructuras mismas de la razón que
período, el alto valor doctrinal de los maestros en santidad —como ella asume, y, por lo tanto, con la necesaria discreción, según todas
un San Bernardo — se expresaba en obras situadas fuera de la ense las técnicas que ésta utiliza —división conceptual, multiplicidad
ñanza teológica, cuadros y mentalidad, vemos en qué profundidad de análisis, definiciones y divisiones, clasificaciones, ilaciones, razo
se sitúa el cisma, hoy secular, entre teología y espiritualidad, entre namientos —, así también, en la ciencia teologal de la acción humana,
saber moral sagrado objetivamente constituido e inducción empírica la fe engendra juicios prácticos y conductas efectivas según las estruc
de experiencias personales. Por sí sola, la distribución de materias turas mismas de la razón y, por lo tanto, con la reserva impuesta
en las tres partes de la Suma, unificadas bajo el gran tema por la libertad del Espíritu, según todas las técnicas que implica.
— clásica, filosófica y religiosamente — de la emanación y del retorno El equilibrio, íntegramente religioso y totalmente racional a la vez,
a Dios, manifiesta la interioridad de la moral en el conocimiento de esta moral es el rasgo ideal de tal saber. Al principio descon
y en la dirección de la economía de la salvación. cierta el derroche analítico en que se desenvuelven los tratados
de Santo Tomás, sobre todo a medida que desciende al minucioso
Santo Tomás implanta esta unidad desde el principio de su nueva pormenor de las virtudes, pero luego se cae en la cuenta de. que
gran obra: la Suma. La teología es la más unificada de las ciencias, viene a servir a la unidad sintética y concreta de la acción y, en
y la única, ciencia que supera la disyunción, natural y tan dolorosa la acción, a la unidad de la naturaleza y de la gracia.
para el hombre, entre el conocer y el obrar. Por eso, más que
una ciencia, es una «sabiduría». Pero el ser sabiduría no la hace En el centro de este análisis original de las «virtudes», que
desviarse hacia un experimentalismo divino, que no sería ni especu los preceptos vienen a aplicar, y no viceversa, se sitúa como pieza
lativo, tal como son especulativas las ciencias sin referencia a la acción, característica la virtud de la prudencia. En el curso de esta Iniciación
ni práctico, a la manera en que lo es la misma filosofía moral. se dirá cómo Santo Tomás concibe esta pieza maestra, delicada
Esta solución, corriente bajo formas distintas en sus contempo y poderosa, de la moralidad; ya desde ahora, conforme al propósito
ráneos — Alberto Magno, Buenaventura -—, y que sobrevive también de este prólogo, señalemos su originalidad haciendo constar que
hoy en estado larval en la enseñanza corriente, es rechazada por casi ha desaparecido completamente, al menos en su valor arqui
Santo Tomás. Imitando de manera pobre tal vez, pero verdadera, tectónico, tanto en los manuales de la teología moderna como en
la conducta misma de Dios, la doctrina sagrada se consuma en el voluntarismo compendiado de. los tratados de ascética.
una suprema unidad en que acción y contemplación, en contra
Pero, ¿no estamos resueltamente lejos del Evangelio hasta
de nuestras divisiones terrenas, se alimentan entre sí en una cohe
en el sentido de las palabras? La evolución misma del nombre
rencia total. Así, la doctrina sagrada es como la impresión de la única
de prudencia, en el lenguaje de los hombres y en su significación
ciencia divina según la cual Dios se conoce a sí mismo y conoce
usual, ¿ no indica una especie de degradación con respecto al heroísmo
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Teología moral
de la santidad? Esta originalidad de la teología de la acción,
¿no coloca a Santo Tomás al margen de los grandes autores espiri
tuales a causa de ese intelectualismo fuera de lugar?
Las palabras tienen su destino. Éste, irreversible tal vez, denuncia
en todo caso la desviación que se ha operado en una teología donde
el tratado de la «conciencia», con sus famosos «sistemas de mora
lidad», ha venido a ser el eje de la reflexión. Esta inversión para Introducción
que no deje de tener fruto y motivo, ha comprometido al menos
el papel principal de la prudencia — instrumento en nosotros de
EN LOS UMBRALES DE LA «SECUNDA PARS»
la razón divina, valor pleno, en verdad, de savia bíblica y de expe
riencias cristianas, desde Casiano hasta San Francisco de Sales —, MORAL Y TEOLOGÍA
merced a la cual el hombre virtuoso es la regla viva de su acción
y el cristiano está dispuesto para la libertad del Espíritu. La n parte por J. TONNEAU, O. P.
de la Suma Teológica nos da la definición de esta santidad '.
El ingreso en la Iglesia jamás se dio sin una conversión
de costumbres. Al mismo tiempo que se enseñaba a los catecú
menos los misterios de la fe, articulados en forma de símbolos,
se les prescribían ciertas reglas de conducta y se les prevenía
contra el desenfreno de la sociedad pagana. A este respecto, la catc
quesis hallaba sus fuentes en la Escritura, donde podían leerse
multitud de preceptos morales junto con exhortaciones pedagó
gicas y ejemplos capaces de estimular la imitación de los fieles.
Las cartas de los apóstoles y obispos a las distintas iglesias,
los sermones y homilías trataban de buen grado, cuando se presen
taba ocasión, de los problemas morales. Algunos documentos, como
la Didakhc, el Pastor de Hermas y las epístolas de Clemente
Romano, manifiestan una inclinación especial hacia este género
de exhortaciones. Hay que tener en cuenta que estos textos, íntima
mente ligados a las circunstancias, no pretendían elaborar una
ciencia moral; respondían a dificultades concretas, intentaban con
mover y arrastrar las buenas voluntades. Parece incluso que los
primeros pastores cristianos, desengañados de las consideraciones
sutiles e ineficaces en que se habían deleitado los moralistas paganos,
se mostraron poco inclinados, en el campo de las costumbres,
a las especulaciones científicas. Ante las transformaciones fulmi
nantes operadas en las almas por la gracia del Espíritu Santo,
no evitaban cierto pragmatismo, un asomo de antiintelectualismo;
durante mucho tiempo, los padres se han expresado irónicamente, y
siempre los espirituales sentirán la tentación de ironizar a expensas de
los que discuten, definen, analizan y se consumen en consideraciones
sobre las leyes de la vida cristiana, sin decidirse acaso a vivir
cristianamente.
No es de extrañar que el esfuerzo científico del pensamiento
cristiano se aplicase, en primer lugar, a las verdades de fe, abando
nando las costumbres a intervenciones de carácter inmediatamente
práctico: determinaciones de la disciplina, reglas propias de ciertos
i. Sin más bibliografía, inoportuna para este sencillo prólogo, mencionamos el
estados de vida (penitentes, vírgenes, viudas, etc.), discursos pare-
opúsculo del P. TK. DEMAN, AIOX origines de la thcologie morale, Montreal-París 1951,
cuyo objeto es precisamente encuadrar la moral de Santo Tomás en la historia del pensa néticos y exhortaciones pastorales. Los primeros grandes concilios
miento cristiano.
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Teología moral Moral y teología
ecuménicos se ocuparon primordialmente de las definiciones que
se bosquejaba necesariamente un análisis de las realidades morales
llamamos dogmáticas. Es verdad que los misterios de la Trinidad,
y una reflexión crítica sobre los principios de la conducta cristiana.
encarnación y gracia atañen a las costumbres cristianas de una
Aun los primeros esbozos de síntesis teológica, de los cuales hemos
manera decisiva; sin embargo, los padres, en estas solemnes
dicho ya que se referían en primer lugar a las verdades de fe,
asambleas, se preocupaban menos de la proyección moral de los
no rehusaban toda consideración moral: así principalmente en
misterios que de la rigurosa exactitud de su definición según la fe
Clemente de Alejandría y Orígenes. Este movimiento no hará sino
cristiana. Así, los primeros pasos de la teología nos la muestran
amplificarse en el transcurso de los siglos con las grandes obras
en busca de precisiones dogmáticas, y cuando haya alcanzado
de San Ambrosio, San Agustín y San Gregorio.
una organización científica perdurará en ella desde sus orígenes
Una cosa es, sin embargo, la elaboración de una doctrina moral
un carácter predominantemente especulativo y una especie de prefe
cristiana, y otra muy distinta una Secunda Pars que introduce
rencia por la consideración teórica de las verdades de fe. No puede
las consideraciones morales en su lugar necesario y orgánico en una
hablarse sin anacronismo de teología dogmática y de teología moral,
teología científica, sin diferencias de método ni ambigüedad de
a no ser en una época muy reciente; pero es indudable que durante
objeto. Para apreciar la exacta trascendencia de esta observación
los primeros siglos de la Iglesia la teología se construyó a propósito
sería preciso medir el camino recorrido por la teología desde
de verdades dogmáticas, a medida que el pensamiento cristiano,
bajo la luz de Dios, utilizando cada vez más consciente y metódica los orígenes hasta Santo Tomás de Aquino. Este caminar no tenía
mente el instrumental filosófico que ha heredado de la antigüedad nada de fatal. Si bien era inevitable que la sociedad cristiana
y que ella perfecciona, cierne cada vez más y desentraña mejor elaborase una doctrina moral, cada vez más reflexiva y metó
la economía de los misterios divinos, en su fuente inefable y en su dica, en los distintos planos de la enseñanza eclesiástica, fué
orden maravilloso. preciso un concurso excepcional de circunstancias para que esa
doctrina moral cuajase en una síntesis teológica, y nada garantizó
Durante ese tiempo, sin relación manifiesta con esta teología,
absolutamente la permanencia del resultado una vez obtenido. Hay
amanecía una moral cristiana, muy cuidadosa de su originalidad
incluso quien se atreve a sugerir que ¡a inserción de las considera
propia, respondiendo a las exigencias dei nuevo camino abierto por
ciones morales en la unidad de la teología supone una concepción
Cristo, con sus temas característicos de caridad universal, de humil
tan justa y elevada de esta ciencia, un equilibrio tan sutil en la compo
dad, penitencia, virginidad y pobreza, desconocidos para los sabios
sición de sus partes, que, según todas las probabilidades, la ense
antiguos. Si bien el pensamiento cristiano aceptaba, para la inteli
ñanza corriente de las escuelas no podría mantenerse habitual-
gencia de la fe, los servicios de la gramática, lógica, ciencia y filo
mente a este nivel. No solamente la Suma Teológica de Santo Tomás
sofía, se dijo que en materia de costumbres ni la Academia, ni
constituye en este punto un triunfo excepcional, sino que debe reco
la Estoa, ni Epicuro, ni siquiera la religiosa gravedad de Cicerón,
nocerse que muchos espíritus han podido leer y comentar esta obra
podían ayudar en modo alguno al discípulo de Jesucristo. La sabi
sin sospechar su originalidad y sin medir su trascendencia. Tanto
duría de los paganos era reputada locura al lado de la simplicidad
más cuanto que la moral cristiana, por razón de su carácter práctico,
evangélica; sus pretendidas virtudes, puro orgullo o hipocresía.
reclama la atención de todos los espíritus y ofrece una materia tan
O bien, según un procedimiento extraño, utilizado ya por Filón,
abundante y compleja como para justificar un estudio especial,
se creía reconocer en las bellezas y verdades moraíes admiradas
en Homero, Platón, Virgilio o Séneca, migajas caídas de la mesa con el que se intente organizar, con vistas a los fines propios
del Señor, perlas hurtadas al tesoro de la revelación. del moralista, una ciencia práctica de las costumbres cristianas.
Las necesidades o las rutinas de la enseñanza universitaria, la pro
Pero esta misma tentativa demuestra suficientemente que las
pensión moderna a la especialización y la deformación profesional
costumbres cristianas no podían sustraerse al esfuerzo de reflexión
empujan en la misma dirección, y por esto, bajo el nombre de
y eJaboración científica en la sociedad cristiana. Además, la solución
teología moral, se ha visto nacer y se ve prosperar una disciplina
de los casos de conciencia en el ámbito de la práctica cotidiana daba
distinta.
impulso a la investigación. En el concilio de Jerusalén, en lo relativo
a la obligación de las observancias judaicas; en las epístolas de
San Pablo, a propósito del consumo de viandas consagradas
a los ídolos, o respecto a la conducta que debía observarse con I. LUGAR DE LAS CONSIDERACIONES MORALES EN TEOLOGÍA
tal o cual pecador público; a todo lo largo de los siglos, ante
los casos de conciencia planteados por los lapsi, por la administración Puede parecer excesivo hablar de una indivisible unidad a propó
de los sacramentos, por las relaciones con el poder representado sito de una Suma que su autor compuso en tres partes. Entre éstas
por el fisco, la milicia y las realezas bárbaras; ante los problemas es preciso un criterio de discernimiento, una distinción, lo que implica
y escándalos de la riqueza y la miseria, de los juegos o el negocio, multiplicidad y oposición, por lo menos relativas. No negaremos
que en la Secunda Pars hay un rasgo característico que falta en
13
Moral y teología
Teología moral
tumbres humanas en esa relación con la esencia divina. Sin esta
la Prima y en la Tertia Pars. Pero como esta objeción no escapó
relación ese objeto no interesaría a la fe. Pueden considerarse
a Santo Tomás, examinemos la respuesta que a ella da. Reconoce
las costumbres sin ser teólogo; entonces serán vistas no solamente
que las tesis relativas a la existencia de Dios, a la providencia
bajo otra luz, sino también dispuestas y ordenadas de distinta forma.
y al gobierno divino, son estudiadas legítimamente en una ciencia,
Sin hacer el teólogo se puede ser moralista, incluso moralista cris
especial llamada teodicea; que la naturaleza de la felicidad, el orden
tiano, preocupado por realidades sobrenaturales cuya importancia,
de las virtudes y la jerarquía de las leyes corresponden a la moral,
para la moralidad del cristiano, revela la fe. Pero, mientras se perma
ciencia práctica. No se desprende de ello que la teología deba ser
nezca en este plano, no se dará satisfacción a las exigencias del método
una compilación artificiosa de tratados procedentes de disciplinas
teológico. Tal es la impresión que dejan algunas tentativas recientes
variadas. En rigor, la felicidad humana vista por el moralista
de organizar según un orden nuevo lo que se cree poder llamar
no tiene el mismo objeto que la felicidad humana vista por el teólogo.
teología moral; en realidad consideran y ordenan su materia desde
Todo objeto (ob-iicio) es objeto frente o con relación a alguien:
un punto de vista moral, es decir, que tienen por intención expresa
objeto que hacer, conocer o amar, etc. Para la teología, como para
y suficiente dirigir la acción humana según su regla, y aunque
las ciencias o para la fe, los objetos son concebidos como objetos
tomen en consideración la actividad propia del cristiano, con
que conocer. Por lo tanto, se les distinguirá formalmente como tales;
las exigencias y recursos sobrenaturales que esto implica, el pro
es decir, según se presenten al conocimiento. Así, la objetividad es
yecto, el método y plan de estas investigaciones no por ello dejan
cosa formal: es una propiedad relativa y característica de realidades
de ser definidos y gobernados por un propósito de moralista.
y fenómenos en tanto unas y otros se prestan a ser conocidos y bajo
Insistamos y precisemos. No hay moral, y menos aún moral
la luz en que son conocidos.
cristiana, que no se refiera a Dios. Pero la teología, como la fe misma,
Bajo la luz en que son conocidos: esta cláusula señala la luz
no persigue en definitiva otra cosa que el conocimiento de Dios:
bajo la cual los objetos se hacen inteligibles. En teología se trata de
si al hombre le fuera posible en la tierra conocer ese objeto divino
la luz sobrenatural de fe que hace descender a nuestros espíritus
por una intuición simple y perfecta, ni la fe ni la teología estarían
una participación de la verdad soberanamente inteligible que es
sujetas a la necesidad de articularse en fórmulas múltiples y en con
la esencia divina. No hay duda de que el conocimiento teológico
sideraciones sucesivas. En el tratado de Dios se comprenderían
sea un conocimiento sobrenatural cuyo principio es la fe y, por la fe,
la Trinidad y la creación, el retorno de las criaturas a Dios, la
el pensamiento mismo de Dios. Pero hemos expresado otra condi
encarnación y todos los sacramentos y misterios cristianos. El
ción : en tanto se prestan a ser conocidos. Esta cláusula nos invita,
mismo tratado de Dios nos llevaría de la existencia de Dios a cada
en los objetos mismos que consideramos bajo una cierta luz (cientí
uno de sus atributos. Se concentraría en la afirmación inagotable:
fica, filosófica, teológica), a precisar la modalidad, el aspecto
Dios es. Se sabe perfectamente que en las condiciones actuales
y las características que asumen los objetos bajo la mirada. Si no nos
de nuestro conocimiento humano no llegamos a la verdad más que
engañamos, esta disposición distinta según la cual se coloca el objeto
por un discurso progresivo. La intuición, por perfecta que sea,
y se mantiene bajo un tipo distinto de luz, atrae menos corriente
es inmóvil y no nos llena más que de sí misma. Para enriquecerla,
mente la atención cuando se trata de teología moral. Por eso
para adquirir más verdad, tanto en comprensión como en extensión,
con mucha frecuencia se ven tratados de moral adornarse con el título
hemos de caminar discursivamente. Tal es la necesidad que explica
de teología, por la sola razón de que en ellos se trata de realidades
y justifica la sucesión de numerosos tratados en las tres partes
cognoscibles únicamente por la fe: visión beatífica, gracia, virtudes
de la Suma Teológica. Sin embargo, se vendría abajo la unidad de
teologales y virtudes infusas, dones del Espíritu Santo y mérito
la teología si olvidáramos, por ejemplo, que el tratado de la Trinidad
sobrenatural. Eso es olvidar que lo revelable, objeto propio de
mira al mismo objeto que el tratado de Dios, y proporciona a la inte
la teología, no requiere sólo la luz de la fe como principio de cono
ligencia fiel y razonadora la ocasión de una mirada nueva, con
cimiento, sino que, además, y por una conexión necesaria, impone
un enfoque más preciso sobre el Ser divino revelado por la fe.
a los objetos una disposición metódica, en su continuidad y sus rela
Del mismo modo, el estudio de la creación y de las criaturas
ciones, una manera característica de presentarse bajo esa luz sobre
en su diversidad tiene un carácter teológico precisamente porque
natural. No imaginemos la luz de fe (tampoco, por otra parte,
en fórmulas explícitas deduce lo que es Dios, en su actividad exte
ninguna luz inteligible) como un haz luminoso que se deslizara,
rior y para los seres que dependen de Él.
sin tocarlos, sobre un montón de objetos, dejándolos en su desorden
Hagamos la misma observación en el umbral de la Secunda Pars,
u orden anterior cualquiera que fuese, precario y profano. Las cosas
donde el corte es más claro y, por lo tanto, más susceptible de inducir
se presentan a la mirada del sabio según su orden científico.
a engaño. Vistas las cosas en su orden profundo, lo que se llama
Del mismo modo, bajo la luz de la fe, las realidades más diversas
el retorno a Dios de las criaturas racionales no es un objeto funda
se ordenan y unifican con relación a lo que es el objeto único
mentalmente nuevo para el teólogo. No se pone punto final
del pensamiento divino, el ser divino. La teología considera las cos-
15
14
Teología moral
Moral y teología
a la procesión de las criaturas cuando se ha vuelto la última página
Caeríamos en el espejismo panteísta si, olvidando la eficacia
de la Prima Pars, para comenzar un nuevo viaje, el viaje de regreso,
causal del ademán creador, no se viera en las cosas creadas más que
con la Secunda Pars.
modalidades aparentes y fugitivas del ser divino ; es el escollo siempre
.O bien, si se prefiere otra comparación, en modo alguno expli temible de la idea de participación, susceptible de una interpretación
cativa, pero propia para orientar el espíritu por la sugestión de platonizante que cree salvar la trascendencia del Infinito partici
una imagen, no nos figuremos que la procesión de las criaturas pado al volatilizar la realidad de los seres participantes. Pero la idea
brotando del abismo divino se termine en el momento en que éstas de creación permite ver el ser, la inteligibilidad del ser, la eficacia
son colocadas — iba a decir abandonadas:— en su ser, como el flujo y valor del ser en las cosas creadas y no fuera de ellas, sin perjuicio
del océano se detiene con la última ola que expira en la orilla, en ese de la trascendencia divina, antes al contrario, reconociendo a ésta
instante preciso en que la onda vacilante se inmoviliza, antes la suficiente eficacia real para sentar algo más que apariencias,
de desandar el camino para regresar a perderse en la inmensidad. para hacer existir a las criaturas en su ser, en sus naturalezas
Evidentemente, no se confundirá la actividad divina y el movimiento y propiedades.
de la criatura, y, hablando con claridad, se verá uno forzado a conce
El panteísmo no debería interesarse por naturalezas, por causas
birlos separadamente y expresarlos de forma sucesiva. Pero esta
segundas, puesto que ellas no tienen en sí mismas ninguna realidad
exigencia de nuestra razón discursiva va acompañada de un esfuerzo
distinta, sino que forman una especie de pantalla ilusoria en la que
de purificación para corregir nuestro concepto de toda univocación
se proyecta la apariencia fugaz de un reflejo divino. Seriamente
objetiva entre esas dos actividades : una no sigue realmente a la otra;
no puede concebirse el retorno a Dios de seres que jamás han podido
lejos de que la primera deba cesar para que la otra siga su camino,
distinguirse del gran Todo ni salir del Abismo. Pero para nosotros,
si la primera cesara, la otra no sería concebible; y si ésta consti
lo creado está eficazmente asentado en su ser y en su naturaleza
tuye una realidad, esta realidad es una aportación de la primera.
por la acción en él de la causalidad primera. De ahí se deduce
Digamos más bien que el flujo divino no se contenta con poner
que estamos invitados a tomar en consideración las naturalezas crea
a la criatura en trance de actuar, al pie de la acción para su actividad
das y a destacar sus diferencias específicas. Este estudio no es inútil
propia: este flujo lleva al ser creado hasta las últimas determina
ni siquiera para el teólogo, que descubre en la diversidad de lo creado
ciones de su actividad y por ello mismo lleva, contiene y mide
huellas distintas que permiten conocer mejor los caminos que sigue
el reflujo de lo creado.
la acción del Creador y las inclinaciones correspondientes según las
Así, a lo largo de toda la Secunda Pars, el teólogo no cesa de cuales la bondad divina orienta las cosas, cada una a su manera
considerar el mismo objeto, Dios. Más concretamente: el estudio y según su grado, para atraerlas finalmente a sí.
del retorno de las criaturas a Dios no hace más que desarrollar, Así es cómo el teólogo se ve llevado a considerar especialmente
sin ruptura, lo que contenía e implicaba su procesión de Dios. ciertas naturalezas creadas, las criaturas espirituales, por la especial
Porque no se comprenden todas las condiciones y vicisitudes de manera en que proceden de Dios y, consiguientemente, retornan a Él.
esta procesión si no se considera más que la dependencia de los seres En la necesidad común e ineluctable que exige que toda criatura
con relación a su causa eficiente. Debe verse también que la creación, que emana de Dios tenga a Dios por fin, las criaturas espirituales
obra de Dios, tiene necesariamente por fin a Dios, puesto que Dios no representan más que un caso particular, pero es un caso privi
es un ser inteligente, que actúa con intención, con vistas a un fin legiado. Las otras derivan de la causa primera, según las determi
y no por necesidad ciega de naturaleza o por azar y que, además, naciones de su naturaleza específica, por el juego de causas segundas,
siendo Dios causa primera, sus obras no pueden tener otro fin que explica suficientemente, en lo inmediato, su génesis, aunque
último que Él. En éste nivel ontológico universal, la correspondencia la eficacia de las segundas causas no pueda concebirse más que
es perfecta entre causalidad eficiente y causalidad final: toda criatura por la virtud divina; de ahí se deduce que la orientación de estas
que es, en la medida en que es, procede de la eficiencia divina y, naturalezas hacia el Dios que es su fin se limite igualmente, en
exactamente en la misma medida que define su grado de perfección, lo inmediato, a una perfección intermedia. Los animales y las plantas
está ordenada con respecto a Dios como a su fin. También el sabio cantan, en definitiva, la gloria de Dios, pero perpetuando su especie
se ve impulsado a representar la jerarquía de las criaturas según y cumpliendo en el universo una función definida. Su perfección
su mayor o menor participación de ser y no puede dejar de observar no vale por sí misma, es sólo un matiz de un vasto cuadro, sólo
que los seres más perfectos, al recibir más de su creador, tienen nece una nota, o quizás un silencio en un concierto.
sariamente mayor abertura e inclinación hacia el Dios que es su fin.
En cambio, las criaturas espirituales son cada una, individual
Dios, como fin, los atrae en la misma medida y, por así decirlo
mente, efectos propios e inmediatos de la causalidad divina; el espí
,por el mismo acto creador que les hace proceder de Él. En el fondo'
ritu no puede ser engendrado por causas creadas, nace inmediata
cuando vemos las cosas tender a Dios como a su fin, adivinamos que'
mente del Padre de las luces. De ello se deduce que el destino
en esto mismo continúan y acaban de proceder de Él.
de las criaturas espirituales no las orienta hacia Dios por inter-
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2 - Iníc. Teol. ií
Moral y teología
Teología moral
de ser de que son dotados y, por tanto, por su manera de proce
medio de criaturas más perfectas como lo han imaginado los neopla-
der de Dios. Pero precisamente esta ineluctable pasividad radical,
tónicos y los gnósticos, para quienes cada escalón espiritual encuentra
cuando se trata de naturalezas espirituales, les hace ser según su natu
su fin último y su perfección en un escalón inmediatamente superior.
raleza y no de una manera cualquiera; este don (que, por otra
Constituidas en su naturaleza espiritual por intervención directa de
parte, no es uno, puesto que todo don supone un preexistente
Dios, las criaturas espirituales están directamente ordenadas a Dios,
donatario que lo recibe, mientras que éste no supone nada, sino
sin intermediario. Por tanto, podemos hablar con toda propiedad
que se identifica simplemente con el ser espiritual considerado
de expresión de un retorno a Dios porque, en el seno del gran
en su vínculo de dependencia ontológica con relación a Dios), por
flujo de ser procedente de Dios, ellas no solamente están animadas por
consiguiente, lo que llamamos el don o la receptividad radical
un movimiento natural que les pertenece y que tiene a Dios por fin,
sino porque, con más precisión, esta actividad que les es propia en virtud de la cual las naturalezas espirituales son lo que son,
en su condición de espirituales no depende de ninguna causa ese don sería vano e irrisorio si las naturalezas en cuestión no pose
extraña y se explica únicamente por los recursos de su naturaleza yesen realmente los atributos característicos de las naturalezas
espiritual, efecto inmanente e inmediato de la causalidad divina espirituales. Ahora bien, el espíritu es libre. Su inmaterialidad
que las constituye e impulsa en su ser; porque, en consecuencia, le abre el reino del conocimiento, se posee inteligiblemente,
la voz de su naturaleza, su progreso, el cumplimiento de su destino asume el dominio de sí según el dato inicial de su naturaleza espi
están a su disposición y, por asi' decirlo, en sus manos; porque, ritual. Sin perjuicio de su pasividad radical, sino más bien para
en último lugar, este destino tiene a Dios por fin inmediato. verificar su contenido ontológico, adquiere posesión de sí mismo,
Hay retorno a Dios, porque estas naturalezas, salidas de Dios, se mantiene y se gobierna, es principio de sí y de sus obras.
van, se dirigen, no sin saberlo ni por un impulso extraño, sino Como puede verse, eliminamos de golpe el famoso problema del
por sí mismas, hacia una finalidad que no es cualquier otro gran conflicto o del concurso entre la acción de Dios y nuestra libertad.
efecto divino, sino inmediatamente Dios mismo y Dios reconocido No se puede quitar a una lo que se concede a la otra. Así como
como Dios. se destruiría la libertad si se cortara su raíz, la naturaleza recibida
y las mociones y circunstancias que definen su situación; en cambio
Es innegable que los movimientos ordenados y complejos de
se menospreciaría esa naturaleza recibida y todos esos elementos,
la criatura material ofrecen un bello espectáculo, digno de consi
haríase de todo ello una ilusión si se denegara a esas criaturas espiri
deración y estudio. Pero están determinados y como fijados
de antemano, según la naturaleza de cada ser y el conjunto de tuales, sin subterfugios, el dominio de sí mismas y de sus actos.
influencias que actúan sobre él desde el exterior. Dicho de otro Tales son los pensamientos que Santo Tomás condensa en una
modo: esos movimientos se hacen en lo que concierne al destino expresión tomada de las Escrituras y ya explotada en este sentido
de cada uno. Hay lugar para lo imprevisto' y para accidentes en escala por San Juan Damasceno: el hombre está hecho a imagen de Dios.
inmediata; pero en el conjunto, teniendo en cuenta todas las influen Comprender la diferencia que separa la imagen del simple vestigio
cias y circunstancias dadas, el devenir de cada uno está encadenado de Dios es señalar la manera original y característica con que
y no queda lugar para una conducta autónoma. Ni el animal ni el hombre procede de Dios y es señalar muy profundamente el punto
la planta son responsables de lo que son; dependen de sus genera de inserción de las consideraciones morales en la síntesis teológica.
dores específicos y de la red de causas circundantes. De ello Nótese que la noción de imagen permite soldar estrechamente
se deduce necesariamente lo que han de hacer. En ellos, la regla la Secunda Pars al estudio precedente que se refiere a la procesión
de correspondencia entre causalidad eficiente y causalidad final se de las criaturas. Los seres son diversos según procedan diferente
verifica sin ninguna complicación; no siendo dueños de lo que se les mente de su Autor; ahora bien, el hombre procede de Dios como
hace, no lo son tampoco de lo que hacen a impulsos de lo que son. una imagen. Para poner en claro todo lo que contiene y anuncia
Enteramente pasivos en su génesis, no se dirigen, son pasivamente esta manera singular de proceder de Dios y, por tanto, para acabar
llevados. Incapaces de poseerse, de dominarse, tampoco tienen en el tratado precedente y, a fin de cuentas, para perfeccionar nuestro
sus manos las riendas de su conducta. Por la misma razón el teólogo, conocimiento del ser divino, no podemos dejar de considerar la imagen
desde su punto de vista, lo sabe ya todo acerca de ellos cuando ha de Dios. Entendemos que, para el teólogo, ser hombre, es decir,
visto de qué manera y por qué proceden de Dios; la continuación inteligente, dotado de libre albedrío, dueño de sí y de sus obras,
de su historia no podrá deparar ninguna sorpresa ni plantear ningún es ser imagen de Dios; y hacer el hombre, obrar como hombre,
problema teológico. o, si se prefiere, refluir hacia Dios según el modo humano y los
A decir verdad, los seres espirituales no verifican menos que recursos característicos impartidos al hombre por el flujo creador,
los otros la regla de correspondencia entre eficiencia y finalidad. es literalmente hacer su oficio de imagen de Dios. Al mismo tiempo,
También a ellos, en un sentido profundo, les es dado todo; sus actos, con gran asombro del simple moralista, se trata a Dios, no como
su desarrollo progresivo, su destino final se miden por la parte legislador, o retribuidor, auxiliar, ¡qué sé yo!, sino como ejemplar.
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