Table Of ContentUniversidad de Chile
Facultad de Filosofía y humanidades
Hadewijch de Amberes: hacia una poética de la unidad
Tesis para optar al grado de Magíster en Literatura.
Alumna:
Marité Tessalia Herrera Reveco
Profesora Patrocinante:
Dra. María Eugenia Góngora Díaz.
Enero, 2014
Índice
Índice 2
Introducción 4
Capítulo I: Contexto histórico del siglo XIII 8
1. El inicio de las cruzadas 12
2. Reforma Gregoriana del siglo XI 13
3. Revolución intelectual del siglo XII y XIII 18
4. Las Órdenes mendicantes 21
5. Movimientos de Bergardos y Beguinas 24
6. La literatura femenina del siglo XII y XIII 26
Capítulo II: Conceptos fundamentales de la mística y mística beguina 29
1. Del significado de la palabra mística 32
2. Modelos existentes para el estudio de la mística 36
3. Lenguaje y discurso místico: Rasgos generales 40
4. Ascensión mística, deificación y unidad 46
5. Mística beguina 51
6. Mística cortesana 66
Capítulo III: Análisis de los poemas estróficos de Hadewijch de Amberes 76
Conclusión 104
Bibliografía 107
2
Resumen
El presente trabajo tiene por objeto de estudio una selección de los poemas estróficos de la
beguina flamenca Hadewijch de Amberes, quién vivió en la primera mitad del siglo XIII y
murió probablemente hacia 1260. El estudio del contexto cultural de su escritura permitirá
reconocer una serie de cambios a nivel cultural que se originan a partir del siglo XII,
considerando que el auge del llamado ‘amor cortés’ y la poesía trovadoresca, nacidos en la
misma época son influyentes en la obra de la autora. De este modo, se propone aquí que la
poesía de Hadewijch de Amberes está marcada por la expresión escritural de un deseo de
alcanzar la unidad con Dios, mediante la utilización de un lenguaje cortesano. El deseo de
la unión entre el sujeto femenino y Dios (su amado), aparece como inagotable. Este
lenguaje amoroso se inscribe en el desarrollo de la mística europea medieval, y la obra de
Hadewijch es un antecedente relevante para su estudio; por ello, es importante en este
trabajo la consideración de algunos de los elementos esenciales de la mística, así como los
planteamientos del amor cortés y la poesía trovadoresca. Con estos elementos, se espera
dilucidar su presencia en la poesía de Hadewijch y, en particular, la convergencia de los
códigos cortesanos con su discurso místico.
3
Introducción
Aquí soy despojada de todo porqué.
Quienes jamás comprendieron la Escritura
no podrán razonando explicar
lo que yo he encontrado en mí misma, sin miedo, sin velo,
más allá de las palabras.
Poema XIII. Hadewijch de Amberes
La obra de la beguina Hadewijch de Amberes es todavía muy poco conocida en nuestro
medio, a pesar de que existe un interés creciente en la escritura de las mujeres medievales
en particular. Su obra consta de treinta y un Cartas dirigidas a un grupo de mujeres de las
cuales se desprende que ella fue maestra, además de sus 14 Visiones y sus 45 poemas
estróficos, incluidos en el libro El lenguaje del deseo de María Tabuyo1.
Al considerar algunos aspectos de la historia de la Europa central en el siglo XIII, es
posible visualizar una ‘revolución’ de carácter religioso que imprime nuevas formas de
vivir el cristianismo. Asistimos entonces a un cambio cultural en el cual las mujeres
adquieren protagonismo, ya no solo como religiosas, sino también como laicas que viven
en grupos independientes, específicamente en los llamados beguinatos, denominación
originada en la palabra “beghard” cuyo origen etimológico está todavía en debate. El origen
de ambos nombres pudo deberse, en primera instancia, al apelativo le bégue “el
tartamudo” de Lambert le Bégue, sacerdote de Lieja quien habría fundado claustros para
viudas y huérfanos, o bien, pudo derivar de la palabra beghen en flamenco antiguo que
significa pedir u orar, pese a que ellos no se establecieron como grupos mendicantes. Otra
opción derivaría de Bega, santo patrón de Nivelles que según una antigua tradición allí se
habría establecido el primer Beguinage. Pese a ello, conviene aclarar que las beguinas
corresponden a una agrupación de mujeres cristianas que llevan una vida activa y
contemplativa, aunando el servicio y la defensa de los enfermos, mujeres, niños y pobres
El lenguaje del deseo
1
Tabuyo, María. . Madrid: Trotta, 1999.
4
con una notable labor intelectual. Eran mujeres libres que trabajaban para mantenerse y no
formulaban votos de ningún tipo.
Las denominadas ‘beguinas’, más estudiadas que sus contrapartes masculinos, se
caracterizaron por poseer un amplio conocimiento teológico y literario que aplicaron
directamente a su experiencia, renovando así el modo de relacionarse con Dios.
Por otra parte, el auge de la literatura cortesana, que tiene sus inicios en el siglo XII, en las
cortes de Francia e Inglaterra, instaura una ideología que genera nuevos códigos referentes
al amor. El nacimiento de un lenguaje representado por los trovadores, que propone un
ideal de amor como manifestación del vasallaje feudal, resulta fundamental para
comprender este fenómeno. Durante este período aparecen tratados relativos al amor y uno
de los más representativos es el Libro del Amor cortés (siglo XII), escrito por Andrés el
Capellán, en el cuál se describen las conductas y virtudes que debe tener el amante cortés
para obtener la aprobación de su dama. En efecto, la figura de la mujer se valoriza y
‘diviniza’ hasta el punto de volverse casi inalcanzable. El amante, por tanto, debe cumplir
con una serie de requisitos para obtener la atención de la Dama o Señora.
En este contexto, la presente investigación tiene por objeto de estudio situar en su contexto
una breve selección de los poemas estróficos de la beguina Hadewijch de Amberes, quién
además escribió sus visiones y cartas dirigidas a un grupo de mujeres que eran sus
discípulas. El valor de sus escritos radica en la utilización de un lenguaje cortesano para
representar el vínculo entre un sujeto femenino que aspira a la unidad con Dios (su amado).
El carácter que denominaremos aquí “insaciable” de su lenguaje cortesano y amoroso se
inscribe, por cierto, en el lenguaje de la mística europea, en cuya producción la escritura de
Hadewijch es un antecedente importante. En este sentido, resulta relevante rescatar su obra
como manifestación escritural temprana en una tradición que más tarde verá sus momentos
culminantes en la obra de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, para mencionar
solamente los autores más conocidos de la mística española.
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La revisión del corpus poético de Hadewijch (en el capítulo III de esta tesis) se basa en una
puesta al día del contexto histórico (Capítulo I), de las consideraciones generales sobre la
mística y, en particular, de la mística medieval (Capítulo II). En este sentido, se releva la
importancia del amor cortés para comprender la obra de Hadewijch, así como también las
influencias en ella de los códigos de las novelas de caballería y la poesía amorosa de los
trovadores que, ya desde el siglo XII, había iniciado su florecimiento y difusión en las
cortes de Europa. Además se estudiarán aquellos componentes esenciales que prefiguran la
mística, e influyen en este deseo de unidad con Dios, manifestado por Hadewijch. El
concepto de Deificación proveniente de los padres griegos, además de las ideas expuestas
por Guillermo de Saint Thierry, Bernardo de Claraval y Ricardo de San Víctor son
influyentes en su mística, aunque no determinantes, en este anhelo por alcanzar la unidad,
teniendo como consecuencia la nula distinción entre sujeto y objeto. Así lo enfatiza María
Tabuyo en su introducción al libro El lenguaje del deseo en el cuál se encuentran los
poemas estróficos de Hadewijch que utilizaremos en este estudio2.
Lo anterior es importante, puesto que se profundizará en su relación con el lenguaje
cortesano, así como su relación con el ideal caballeresco de la época, indagando en sus
elementos más significativos que adopta en su discurso. Lo anterior nos permite reflexionar
sobre la influencia que ejerció este modelo en la creación de un lenguaje que pretende
alcanzar “la unidad con Dios”.
En base a lo anterior es pertinente formular la siguiente hipótesis:
En la poesía de Hadewijch de Amberes se constituye una voz lírica que se apropia de
códigos propios de la poesía amorosa en lenguas vernáculas y los explora en el ámbito de la
poesía religiosa. Si bien esta apropiación no es única en la escritura mística de mujeres, la
poesía de Hadewijch se constituye como un antecedente clave en la tradición de la escritura
mística cristiana posterior. En su poesía podemos leer un discurso amoroso en el cual la voz
El lenguaje del deseo
2
Tabuyo, María. . Madrid: Trotta, 1999.
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lírica aspira sobre todo a la superación de la división sujeto/objeto y a la anulación de esa
división para lograr la completa fusión entre amado y amada.
Objetivo general:
Realizar una revisión de la escritura de Hadewijch en un corpus acotado de poemas, que
permita establecer los rasgos principales de la poética de la autora en cuanto a ejes
discursivos como el amor y la relación con Dios y la subjetividad.
Objetivos específicos:
a) Revisar las principales características de la mística medieval en su contexto histórico y
relacionarlas con la obra de Hadewijch, en particular en lo que se refiere a la
apropiación de la autora de sistemas estéticos y discursivos como el lenguaje cortesano
y caballeresco.
b) Constatar y establecer las características de la voz lírica en la poesía de Hadewijch que
ilustra esta tesis.
c) Identificar el modo en que Hadewijch se auto-presenta en su relación como sujeto con
la Divinidad.
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Capitulo I
Contexto histórico del siglo XIII
Para comprender la relevancia que tuvieron los escritos de la beguina flamenca Hadewijch
de Amberes, es pertinente considerar algunos aspectos fundamentales de la Europa central
del siglo XIII, especialmente en el ámbito religioso, cuya “revolución” es visible a partir
del siglo XII. Las causas que impulsaron esta reforma en el cristianismo están vinculadas
mayoritariamente a un cambio social, político y demográfico que se desarrolló hacia fines
del siglo XI.
Hasta el año mil aproximadamente, el Occidente cristiano fue objeto de numerosas
invasiones, sobre todo por parte de pueblos como los normandos, eslavos y mongoles,3
Hacia comienzos del siglo VIII, vemos la presencia de los musulmanes en el mundo
mediterráneo. No obstante, esta situación se revirtió hacia fines del siglo XI, puesto que los
cristianos debieron buscar nuevos lugares de expansión más allá de las fronteras hasta
entonces tradicionales del mundo cristiano. Esta necesidad se vio acompañada de un
perfeccionamiento de las técnicas agrícolas, tal como señala Jacques Le Goff en su libro La
Baja Edad Media: “Los progresos de la agricultura y la seguridad han multiplicado a los
hombres, pero la cristiandad no se halla todavía preparada para absorber ese excedente
demográfico” (117). Frente a este auge suscitado por el crecimiento de la población, no
fueron suficientes las tierras cultivadas y las ciudades emergentes para albergar y
proporcionar estabilidad a este número de habitantes en ascenso.
Por otro lado, la progresiva decadencia del sistema feudal se hizo ostensible durante la
segunda mitad del siglo XIII con el nacimiento de una nueva clase social: la burguesía.
Caracterizada por su autonomía política, este nuevo estamento supuso una ruptura en la
3
Estas invasiones corresponden a lo que se puede denominar las segundas grandes
invasiones de la Europa occidental. Las primeras correspondieron a los pueblos germanos,
tales como los Francos, los Anglos y Sajones, los Lombardos y los Visigodos.
8
tradicional división tripartita4 de la sociedad medieval. En efecto, y tal como señala el
historiador Emilio Mitre en la Historia del Cristianismo, la existencia de esta división
respondió básicamente a la función que cada estamento desempeñó en la Edad Media. Este
texto advierte las relaciones de la tripartición funcional con el relato literario y místico:
Así, el prelado inglés Eadmer de Canterbury, también en el siglo XI, se
remitía a un especial simbolismo zoomórfico: los eclesiásticos son como los
corderos, que con su dulzura inspiran el amor a Dios; los campesinos son
como los bueyes, que con su trabajo cubren las necesidades materiales de las
otras especies; y los combatientes son como los perros, que vigilan para que la
oración y el trabajo no se vean perturbados (264).
De acuerdo al fragmento anterior, los ideales propuestos a través de esta analogía, implican
un sentido trascendente, por cuanto rinden obediencia a la jerarquía divina. Su dependencia
aseguró el orden social, puesto que la mutua colaboración fue necesaria para su desarrollo,
además de reproducir el orden celeste en la tierra. En su libro El Otoño de la Edad Media,
Huizinga concuerda con esta funcionalidad y agrega:
Lo que para el pensamiento medieval da unidad al concepto de estado o de
orden en todo los casos es la creencia de que cada uno de estos grupos
representa una institución divina, es un órgano en la arquitectura del
universo, tan esencial y tan jerárquicamente respetable como los Tronos y
Dominaciones celestiales de la jerarquía angélica (77).
Así, el sistema feudal que, durante el siglo VIII y IX, proporcionó la formación de estos
tres estamentos, lentamente se vio asediado por esta nueva clase comerciante. De este
modo, “lo que sigue es la etapa de la Edad Media en la que los factores dominantes en el
Estado y en la sociedad son el poder mercantil de la burguesía y el poder financiero de los
príncipes, que descansa en el anterior” (Huizinga 74).
Atrás quedó, paulatinamente, el empoderamiento de los señores que lucharon de manera
autónoma para proteger su territorio de los bárbaros. El servicio feudal del vasallaje
consistió, en términos generales, la admisión de una dependencia política que implicaba a
o r a t o r es bellatores laboratores
4
Término empleado por el historiador Georges Duby para referirse al imaginario medieval
predominante, divido en , y .
9
su vez un compromiso de fidelidad y mutua colaboración, pues el vasallo se convirtió en
enemigo de los enemigos de su señor y amigo de sus amigos, a tal punto que los lazos de
parentesco no invalidaban este compromiso vasallático. Así mismo, cada señor feudal
podía a su vez, tener vasallos a cambio de tierras del feudo con el mismo compromiso de
fidelidad5 y protección, por lo que el feudalismo constituyó uno de los ejes fundamentales
de la época, en su libro La civilización del Occidente medieval, Jacques Le Goff explica
este fenómeno:
Para que el conjunto de la sociedad, de los que contaban realmente en
cualquier caso, quedaran vinculado al rey o al emperador mediante una red
lo más tupida posible de subordinaciones personales, alentó a los vasallos
reales a que hicieran entrar en su propio vasallaje a todos sus subordinados.
Las invasiones consolidaron esta evolución, puesto que el peligro llevó a los
más débiles a ponerse bajo la protección de los más fuertes y porque, a
cambio de los beneficios, los reyes exigieron de sus vasallos una ayuda
militar. A partir de mediados del siglo IX el término miles –soldado,
caballero– reemplaza a veces al de vassus para designar al vasallo (47).
De este modo las bases del sistema feudal, estuvieron marcadas por la desigualdad social;
que significó en este sentido, que los campesinos libres y los siervos constituyeron las
clases no privilegiadas de la época. La diferencia entre ambos grupos es leve, por cuanto
los primeros poseyeron libertad de movimientos que le permitieron cambiar de señor, a
diferencia del segundo que estaba legalmente asociado a la tierra, por lo que si ésta es
transferida a otro señor, los siervos que la conformaban cambiaban de dueño. Esta relación
servil fue de gran importancia en la sociedad medieval, ya que no solo se limitó a forjar un
sistema de relaciones de poder y servicio, sino que además consintió una forma de vida. El
comportamiento del hombre medieval, adoptará, sobretodo en lo referente a las relaciones
de vasallaje, ciertos rasgos particulares que darán origen a la caballería (siglo XII) y junto a
ello, una vasta literatura que dará cuenta de su implicancia en la sociedad medieval.
Se puede proponer que el ideal caballeresco, basado en preceptos morales y religiosos,
tiene como objetivo desde la funcionalidad social, entregar un modelo los individuos que
h o m e n a j e ( M a n n s c h a f t ) (immixtio manuum)
5
El compromiso de fidelidad, asde ghúonc Le Goff se expresa de manera simbólica, mediante el
, eLl av Basaajall oE dcaodlo Mcae dlaias manos sobre las del señor .
Luego pronuncia una fórmula , hombre del señor. Este homenaje en algunos casos va
acompañado de un beso ( 59).
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Description:Capítulo II: Conceptos fundamentales de la mística y mística beguina beguina flamenca Hadewijch de Amberes, quién vivió en la primera mitad del