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Márianna Csóti
Fobia escolar,
ataques de pánico
y ansiedad en niños
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FOBIA ESCOLAR, ATAQUES DE PÁNICO Y ANSIEDAD EN NIÑOS
Colección Prevención e intervención en niños
Título original:
School Phobia, Panic Attacks and Anxiety in Children.
© Máriana Csóti.
Publicado por Jessica Kingsley Publishers Ltd., Londres, Inglaterra.
Csóti, Márianna
Fobia escolar, ataques de pánico y ansiedad en niños. - 1.ª ed. -
Buenos Aires : Lumen, 2011.
328 p. ; 22x15 cm. - (Prevención e intervención en niños)
Traducido por: Luisa Fernanda Lassaque
ISBN 978-987-00-0944-3
1. Psicología Infantil. I. Lassaque, Luisa Fernanda, trad. II. Título
CDD 155.4
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LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
PRINTED IN ARGENTINA
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Márianna Csóti
Este libro está dedicado a mi hija y a todos los demás ni-
ños que han padecido, o padecen en la actualidad, los
problemas que presento en sus páginas.
Me gustaría agradecer a Chris y a Fiona Woods por su
ayuda en aquellos momentos en que los necesitamos.
Nuestro reconocimiento es permanente.
También deseo agradecer al doctor Gill Salmon, espe-
cialista en psiquiatría infantil y juvenil, y profesor titular
de Salud Mental Infantil y Juvenil, por su considerable e
invalorable ayuda en las etapas finales de la escritura
del presente libro.
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FOBIA ESCOLAR, ATAQUES DE PÁNICO Y ANSIEDAD EN NIÑOS
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Márianna Csóti
INTRODUCCIÓN
No existen estadísticas oficiales respecto de los niños
que sufren de fobia escolar en el Reino Unido. Sin em-
bargo, según Anxiety Care (una ONG), la cantidad de ni-
ños a los que les disgusta la escuela, y la evitan cada vez
que es posible, es tal vez mayor al 5 % de la población
en edad escolar; pero a menos del 1 % podría atribuírse-
le, con fundamento, el rótulo de “fobia escolar”. El Royal
College of Psychiatrists sugiere que entre un 5 y un 10 %
de los niños y los jóvenes padece de problemas de an-
siedad que son lo bastante graves como para afectar su
capacidad de llevar una vida normal.
En este libro, se proporciona información y consejo a
padres y tutores de niños de entre 5 y 16 años de edad,
además de a todo profesional que trabaje con ellos cuan-
do sufran de trastornos de ansiedad, sobre todo la an-
siedad por la separación y la fobia social que forman
parte de la fobia escolar (véase el capítulo 2). En el capí-
tulo 1, se incluyen páginas especiales para que los pro-
fesionales, los padres y los tutores las compartan con
los maestros, y éstos puedan entender las ansiedades
que algunos niños padecen en relación con la escuela.
En ocasiones, un niño que ha sufrido de fobia escolar
en la escuela primaria vuelve a experimentarla en la se-
cundaria y, con frecuencia, en una forma diferente. En
este libro, intentamos ayudar a padres, tutores y profe-
sionales para que alienten a niños de cualquier edad a
recuperarse de la fobia escolar, estar atentos ante la re-
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FOBIA ESCOLAR, ATAQUES DE PÁNICO Y ANSIEDAD EN NIÑOS
currencia, y procurar que no se extienda a algún herma-
no menor. También se presentan numerosos consejos
prácticos.
Mi interés en la escritura de este libro es, en gran me-
dida, de índole personal. Mi propia hija sufrió una seve-
ra fobia escolar, que comenzó antes de cumplir sus 6 años
y se prolongó durante los nueve meses siguientes. Pade-
ció de la mayor parte de los síntomas mencionados en
el presente libro, y se convirtió en una niña enfermiza
debido al constante estrés y a la falta de alimento. Su ca-
pacidad para desenvolverse fuera de los confines de su
hogar se tornó en extremo limitada, y sus miedos afec-
taron toda su vida, lo cual afectó la nuestra. Durante los
períodos de mayor gravedad de su afección, concurría a
la escuela sólo parte del día, debido a su salud.
Descubrí que la mayor parte de las personas a las
que recurrí para obtener ayuda no sabían cómo propor-
cionarla. Algunas ni siquiera deseaban intentarlo. Co-
mo soy una persona a la que le gusta resolver proble-
mas, acometí la ardua tarea de encontrar mi propia so-
lución y hacerla confirmar por mi hija, y por el psiquia-
tra infantil y juvenil al cual ella fue derivada luego de
persistentes solicitudes. El consejo práctico que se brin-
da en este libro proviene de mis propias experiencias
con mi hija.
Hasta que me enteré de que otros niños sufrían de fo-
bia escolar, no me di cuenta de que era un problema más
generalizado que lo que yo había pensado, y deseaba
compartir lo que había aprendido con otras personas
para limitar el perjuicio que alcanzaba a todos los invo-
lucrados pero, en particular, a los niños vulnerables en
su padecimiento.
Las razones por las cuales la fobia escolar desempe-
ña un rol importante en la vida de cualquier niño son va-
riadas, pero el factor común en todos ellos es el estrés
que él no puede manejar. La forma más rápida para re-
solverlo es eliminar el factor de estrés, lo cual permite
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al niño aprender que las cosas que percibe en el presen-
te como peligrosas son por completo inocuas. Si este
procedimiento no es posible, el niño debe recibir ayuda
para manejar el estrés y comprender por qué siente esos
miedos, y aprender a mantenerlos bajo control.
Los factores de estrés en la vida de mi hija, que de-
sembocaron en una fobia escolar, fueron los siguientes:
• Nos habíamos mudado a un castillo del siglo XII pa-
ra oficiar de supervisores de estudiantes que vivían
en la parte de la universidad que estaba organiza-
da en dicho castillo. El edificio era ruidoso debido
al viento, a los portazos, a los ecos de las voces en
los corredores, al cable con que se izaba y arriaba
la bandera (que golpeaba contra el mástil), la sire-
na de emergencia del servicio de rescate de la uni-
versidad (esa sirena databa de la Segunda Guerra
Mundial, y estaba situada encima del cuarto de mi
hija), la alarma contra incendios (había un disposi-
tivo en su cuarto) y timbres en los dos pisos en los
que nos alojábamos (uno de los cuales fue instala-
do en la puerta del dormitorio de mi hija).
• La llovizna, la niebla, las moscas, las ráfagas de vien-
to que hacían ingresar partículas de polvo, y los de-
tectores que una y otra vez activaban las muy sensi-
bles alarmas contra incendios. En consecuencia, mi
hija se tornó muy temerosa de los incendios, de las
alarmas, de quedar calcinada, de ir a dormir y de
quedarse sola.
• Mi hija oía los pasos de los estudiantes cuando éstos
subían las escalinatas de piedra, y temía que alguno
entrara en su cuarto (gente extraña había deambula-
do por nuestro departamento más de una vez para
curiosear; por supuesto, habían hecho caso omiso
de todos los carteles que indicaban “Zona restringi-
da”). En consecuencia, mi hija comenzó a sentir te-
mor de cualquier extraño, de ladrones que entraran
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en nuestra ausencia, y de irse a dormir y que la de-
jásemos sola.
• En su cuarto se proyectaban largas sombras prove-
nientes de los distintos arcos y pasillos, que le da-
ban miedo de cosas que estuvieran acechando en la
oscuridad.
• Sufrió de un serio ataque de crup, y vomitó antes y
durante el trayecto al hospital, en la ambulancia. A
partir de entonces, tuvo miedo de vomitar, de estar
enferma y de morir.
• Se produjeron tres muertes de las que ella se ente-
ró antes de que su problema se desencadenara, y hu-
bo otra muerte, un amigo de su padre, meses más
tarde. Estos acontecimientos incrementaron su te-
mor a las enfermedades y a morir.
• Durante algún tiempo, padeció de una infección uri-
naria no detectada, que hacía que sus visitas al ba-
ño fueran frecuentes. Se preocupaba de que necesi-
tara ir al baño y no hubiese uno cerca. Durante un
año luego de que su infección desapareciera, ella
siguió yendo al baño con gran frecuencia, sobre to-
do cuando estaba ansiosa (este síntoma de su an-
siedad fue el último en desaparecer).
• Una mañana, pisó excremento de perro antes de su-
bir al autobús escolar, y esto la hizo vomitar. Ella
relacionó el episodio de vómitos en la ambulancia
con el vómito en el autobús escolar, y tuvo miedo
de volver a viajar en éste.
• Fue enviada de vuelta a casa desde la escuela en tres
oportunidades, apenas llegó, porque las maestras
pensaron que estaba enferma; pero sólo estaba an-
siosa. Esto incrementó su preocupación por su sa-
lud, y se rehusaba a creerme cuando le decía que es-
taba bien.
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El efecto conjunto de estos sucesos hizo que mi hija
se volviera ansiosa ante la idea de dejar la casa y no en-
contrarse en el mismo cuarto que mi esposo o yo cuan-
do estábamos en casa, y necesitaba seguirnos a todas
partes.
Nueve meses más tarde, era una niña diferente y se
había recuperado en un 90 %. La ayudó el hecho de que
la casa de estudiantes del castillo cerrara, y que nos
mudaran para ser supervisores de estudiantes que vi-
vían cerca de nuestro nuevo hogar familiar; pero su re-
cuperación había comenzado seis meses antes. La mu-
danza sólo aceleró su mejoría. Experimentó una breve
regresión tres años más tarde, pero todo se resolvió en
tres semanas, episodio que me impulsó a escribir el ca-
pítulo 9.
El solo hecho de que un niño sea tímido o ansioso res-
pecto de algunas cosas o situaciones no debe significar
que toda su personalidad sea etiquetada de tal. Todo ni-
ño tiene numerosas facetas. Por ejemplo, mi hija sigue
siendo una niña tímida ante la presencia de adultos a
los que no conoce, pero es extravertida con amigos y
personas con las que ya tiene un vínculo. Manifestó un
temprano gusto por los parques temáticos de terror, a los
cuales sus amiguitos ni se atrevían a concurrir.
Hay otros atisbos de una personalidad decidida y
amante de la diversión que tratamos de alentar, en nues-
tro afán de no ser sobreprotectores y estimularla a que
se exponga a los desafíos para seguir avanzando, pero
sin presionarla. Le mostramos nuestra perspectiva de
que mejorará. Si ella expresa el deseo de emprender de-
terminada acción, y podemos acompañarla en ello (es
decir, si no median razones de peso para disentir), la
alentamos a que la emprenda.
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