Table Of ContentDomingo A. Bravo
ETIMOLOGIA
DE LA PALABRA
CHIRIPA
1994
1994
Es propiedad del autor.
Queda hecho el depósito
que previene la ley 11.723.
I.S.B.N. Nª
Impreso en los talleres gráfi-
cos de Editorial EL LIBERAL de
Santiago del Estero, en julio
de 1994.
Impreso en la Argentina
Printed in Argentina
PROLOGO
Una larga vinculación amistosa que me une
al autor de este trabajo; en los primeros años del
colegio secundario tuve la suerte de contar entre
los profesores a Don Domingo Bravo, de quien
recibí orientación, información y enseñanzas más
allá de la asignatura que dictaba. A la simpatía
originaria se agregó la admiración y el respeto
que provocan su disciplinada vocación de
lingüista, su inagotable curiosidad por los temas
de la "runasimi" y el empeño que pone en
esclarecerlos. Esa amistad es la única razón de
estas pocas palabras liminares ya que carezco
de los títulos necesarios para referirme al tema
de la presente investigación del autor.
El desarrollo de la exposición del Prof. Bravo
es en sí misma el racconto de una vieja
inquietud sobre el origen de la palabra "chiripa",
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si quechua como sostenían autorizados
tratadistas o guaraní como le indicaba su
intuición. Todo el texto pone de manifiesto la
tarea investigadora desenvuelta para satisfacer
precisamente aquella inquietud, el modo de
investigación -el método mismo de una ciencia
de la cultura- la confrontación de textos de
literatos y de lingüistas, su uso en ámbitos
geográficos y también apelaciones históricas en
cuanto al uso del vocablo en cuestión en
aquellos ámbitos y a través del tiempo.
Cabe poner de manifiesto la llana sincera
confesión de los caminos recorridos hasta llegar
a su propia conclusión, acompañada con una
humildad propia del hombre que ha logrado la
sabiduría; es el relato de una vieja duda del
científico develada ahora en su condición de
investigador.
Si hay algo que distingue a los pueblos es el
lenguaje; cada uno tiene su propio medio de
expresar sus ideas, sus sentimientos, sus ideales;
cada uno crea su "idioma" y con las palabras
propias de ese idioma refleja la peculiar
condición que le hace distinto a los pueblos. La
forja del idioma es algo espiritual y las lenguas
reflejan, en cierto modo, características de los
pueblos que las hablan. De esta manera el
estudio del idioma y su evolución contribuye al
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conocimiento de esa determinada cultura,
creada precisamente por el pueblo a través del
lenguaje que usa. Desde el simbólico relato del
Génesis Cap. 11 cuando afirma que en el origen
"era entonces toda la tierra de una lengua y unas
mismas palabras" hasta que Dios "confundió sus
lenguas para que ninguna entienda el habla de
sus compañeros" todos los pueblos
emprendieron el desarrollo singular de su propia
lengua.
Cada pueblo una lengua; y aun cuando los
americanos, por acción de la historia hablamos
lenguas europeas occidentales, la actitud
creativa no se detiene y el lenguaje vivo como
tal evoluciona. Con especial referencia al
castellano que habla la América hispana esa
evolución no significa la ruptura de la unidad
idiomática -tan asociativa por otro lado- sino un
enriquecimiento para todos los hablantes,
incluida la madre patria, con la aportaciones
que hacen cada una de las naciones que se
forjaron.
El estudio lingüístico de cualquier problema
del quichua santiagueño una aportación al
conocimiento y configuración de la cultura
nacional y obviamente americana. De tal suerte
el autor Prof. Bravo es una lingüista argentino y
americano por el cometido que se ha
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propuesto, tanto más cuanto en el territorio de
nuestra provincia sigue "vivo y resistente" el
quichua como lenguaje coloquial entre varias
decenas de miles de pobladores,
especialmente rurales. No es una lengua
histórica y cristalizada por el desuso, como
puede ser actualmente el latín, sino que es el
medio de comunicación entre gentes de varios
países sudamericanos. Sin contar los vocablos
residuales -por llamarlos de algún modo- que en
habla diaria y aún en los medios cultos locales se
usan con habitual naturalidad, como "achalay",
"puca", "chujchalo", "shulco", etc., sin reparar en
los más mínimo que no son palabras castellanas
sino quichuas; forman así junto con algunas
hibridaciones lingüísticas quichuas castellanas
una suerte de subsuelo idiomático en relación al
castellano, pero constantemente aflora
manifestándose, exhibiendo su presente
existencia.
Clementina Quenel, uno de nuestros máximos
exponentes literarios, trabajó con excelencia ese
lenguaje en sus magistrales cuentos y en "Los
Ñaupas", reflejando esa realidad lingüística que
nos envuelve en el ámbito provincial.
Ricardo Rojas, en 1939, en la clase inaugural
de la Universidad de Cuyo en la ciudad de
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