Table Of ContentEscritores, artistas y eruditos alemanes
en Espaæa: datos y reflexiones sobre
la fecundidad cultural del (cid:147)viaje espaæol(cid:148)
MIGUEL`NGELVEGA
Universidad de Alicante
[email protected]
Recibido: 20 de enero de 2009
Aceptado: 25 de abril de 2009
RESUMEN
Se pretende poner en valor los episodios de la historia cultural en los que se han visto mutua-
mente implicados los dos pa(cid:237)ses: Espaæa y Alemania. Se hace un repaso a los principales
cap(cid:237)tulos de la presencia cultural de Alemania (arte, filolog(cid:237)a, arqueolog(cid:237)a, arabismo, etc.)
en Espaæa: influencias alemanas en el arte espaæol, la imprenta alemana en Espaæa, etc.
Palabras clave: Historia de Alemania, historia de Espaæa, historia de las relaciones inter-
nacionales. Historia del arte, historia de la literatura.
German Painters, Authors, Critics and Scholars in Spain:
Facts and Considerations about the Cultural Fertility
of the (cid:147)Spanish Journey(cid:148)
ABSTRACT
The main objective of this paper is to evaluate the episodes of cultural exchange between
Spain and Germany which have taken place throughout history. In order to do so, the most
important instances of German cultural presence (art, philology, archaeology, Arabism, etc.)
in Spain will be re-examined, namely the German influence on Spanish art, the arrival of the
German printing press in Spain, etc.
Palabras clave: history of Germany, history of Spain, history of international relations, his-
tory of art, history of literature.
Cuadernos de Filolog(cid:237)a Alemana ISBN: 978-84-669-3074-1
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1. Motivo y propuesta
Con la presente contribuci(cid:243)n pretendemos poner de manifiesto la presencia,
escasa, pero continuada, de los eruditos e intelectuales alemanes en nuestro pa(cid:237)s y
su (importante) contribuci(cid:243)n al conocimiento y proyecci(cid:243)n internacional del mismo,
as(cid:237) como la productividad que esta estancia haya podido tener en sus bio-bibliogra-
f(cid:237)as. En efecto, los alemanes no se han llegado a nuestras tierras s(cid:243)lo en nombre de
una colonizaci(cid:243)n econ(cid:243)mica, mÆs o menos evidente pero real, ni de una estancia
vacacional mÆs o menos barata. Una serie importante de humanistas alemanes se vio
movida hasta tal punto por el interØs por nuestra cultura que Østa motiv(cid:243) su despla-
zamiento y, en ocasiones, su convivencia entre nosotros. TambiØn en ocasiones y
como resultado de este desplazamiento, ellos nos dieron quizÆs nuevas perspectivas
sobre aspectos puntuales o generales de nuestra manera de ser y de nuestro pasado.
Huelga decir que es la que aqu(cid:237) proyectamos una perspectiva (cid:147)hist(cid:243)rica(cid:148), y que, por
consiguiente, excluimos de nuestra consideraci(cid:243)n a aquellos eruditos que, por per-
tenecer al mundo de los vivos, todav(cid:237)a no han pasado (cid:147)biol(cid:243)gicamente(cid:148) al pasado.
Lo contrario nos obligar(cid:237)a a dar a este trabajo unas dimensiones que el marco no per-
mite. TambiØn excuso decir que limitamos nuestro trabajo a los dos œltimos siglos,
ya que sobre datos anteriores existe numerosa bibliograf(cid:237)a1. La historia de la hispa-
n(cid:237)stica alemana y de la german(cid:237)stica espaæola, todav(cid:237)a por escribir, nos deben sumi-
nistrar bases de documentaci(cid:243)n y reflexi(cid:243)n que importa poner al servicio del buen
entendimiento de los dos pueblos entre los cuales desarrollamos nuestra existencia.
En todo caso justo es recordar a unos hombres que sintieron, en la mayor(cid:237)a de los
casos, una gran pasi(cid:243)n por nuestro pa(cid:237)s y valorar sus rendimientos y servicios al
mutuo entendimiento.
2. Antecedentes
El hispanismo, es decir, los estudios hispÆnicos, bien en su vertiente hist(cid:243)rica,
bien en su vertiente filol(cid:243)gica, son una creaci(cid:243)n alemana. Del siglo XVIII concre-
tamente. La Universidad de Gotinga, desde su fundaci(cid:243)n en 1737, se hab(cid:237)a consti-
tuido en un centro de difusi(cid:243)n de los estudios hispanos. El esp(cid:237)ritu del tiempo, el
Zeitgeist, lo llevaba consigo. La estØtica, y la sociedad en general, llevaban un
siglo bajo la fØrula de los cÆnones franceses y el emocionalismo que ped(cid:237)a paso
1 Hugo Kehrer en 1960 dio a la luz un interesante trabajo de documentaci(cid:243)n sobre la presencia alema-
na en la cultura espaæola. Sin embargo, de la fecha de dataci(cid:243)n de este libro al d(cid:237)a de hoy la perspectiva que
se ha ganado con el paso del tiempo obliga a retomar y (cid:147)re-reflexionar(cid:148) los datos que este historiador del arte
expuso en su obra Alemania en Espaæa. Influjos y contactos a travØs de los siglos. Madrid: Aguilar 1956.
Por su parte, la conocida obra de G. Hoffmeister (Spanien und Deutschland.Berl(cid:237)n: Erich Schmidt 1976)
atiende bÆsicamente los momentos literarios de la relaci(cid:243)n, no lo que aqu(cid:237) pretendemos focalizar: la fecun-
didad cultural del viaje-estancia espaæol. Otros estudios referidos a los viajeros alemanes por Espaæa (Pluers,
etc.) consideran mayormente el decurso del viaje, no sus efectos y por eso los excluimos de nuestra consi-
deraci(cid:243)n.
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exig(cid:237)a patrones distintos de comportamiento personal, de enjuiciamiento de la rea-
lidad y de disfrute estØtico. Por eso, el rococ(cid:243) empez(cid:243) a huir de las (cid:147)acciones de
estado(cid:148) para refugiarse en un ensoæado mundo de pastorcillos y damiselas: al son
del caramillo lloraban sus amores o se mec(cid:237)an en columpios trenzados de flores
mientras el ganado, lanar por supuesto, triscaba en campiæas sin tormentas. Los
(cid:147)idilios(cid:148) de Gessner son un buen ejemplo de ello y la referencia hac(cid:237)a tiempo que
hab(cid:237)a sido servida por un autor espaæol: La Diana de Jorge de Montemayor hab(cid:237)a
hecho de la Babia leonesa un lugar id(cid:237)lico donde las necesidades mostrencas ced(cid:237)-
an ante la vida emocional. Por su parte, el Quijote representaba para la cr(cid:237)tica ale-
mana el triunfo de la fantas(cid:237)a romÆntica. Al mismo tiempo, la mentalidad social iba
abandonando la conciencia absolutista en aras de unos principios mÆs democrÆti-
cos. El pueblo, anteriormente conjunto de sœbditos de un pr(cid:237)ncipe que ejerc(cid:237)a,
sobre ellos y sobre todo, la potestas super omnia, es decir, la soberan(cid:237)a absoluta,
sal(cid:237)a por sus fueros y propon(cid:237)a la supeditaci(cid:243)n del soberano a la voluntad popular.
Espaæa hab(cid:237)a cumplido aquello que Kant formular(cid:237)a de manera paradigmÆtica: (cid:147)Lo
que el pueblo no puede imponerse a s(cid:237) mismo, menos puede imponØrselo el sobe-
rano(cid:148), dir(cid:237)a en su Was ist Aufkl(cid:228)rung2. A este respecto, y a pesar de ciertos episo-
dios hist(cid:243)ricos, Espaæa hab(cid:237)a dado buenos ejemplos de comportamiento, vamos a
llamarlo, predemocrÆtico. Su profesi(cid:243)n de fe (cid:147)fuerista(cid:148), es decir, de adhesi(cid:243)n a las
leyes autoimpuestas, a los fueros populares empez(cid:243) a ser conocida y valorada. MÆs
de un romance hac(cid:237)a siglos que propon(cid:237)a como paradigma a un vasallo (!Dios que
buen vasallo si oviera buen seæore!, proclamar(cid:237)a el Cantarcuando se descubriera)
que hab(cid:237)a obligado a jurar al rey su inocencia ante el pueblo en Santa Gadea; mÆs
tarde, los Comuneros hab(cid:237)an tratado de impedir que el soberano impusiera su
voluntad arbitraria al pueblo, precisamente un siglo antes de la rebeli(cid:243)n de Cron-
well contra el poder real y mÆs de dos antes de que la Revoluci(cid:243)n Francesa gui-
llotinara a un rey. Poco a poco, la Espaæa que, desde los grabados de Theodor de
Bry que ilustraban las truculentas cr(cid:243)nicas americanas de Benzoni3 a travØs de los
panfletos de Antonio PØrez y hasta la historiograf(cid:237)a de Voltaire, hab(cid:237)a sido el pro-
totipo de un estado pol(cid:237)tica y socialmente represivo, fue ganando simpat(cid:237)as en
Europa a medida que se iban superando unas fuentes de informaci(cid:243)n, las france-
sas, que hab(cid:237)an utilizado la historia y la cultura, debidamente manipuladas, en la
lucha por la hegemon(cid:237)a pol(cid:237)tica a travØs de las simpat(cid:237)as que aquellas provocaban.
El cr(cid:237)tico francØs Benassar ha constatado la injusticia con la que fue tratada Espa-
æa por parte de los ilustrados franceses.
Dicho de otra manera y con voluntad de s(cid:237)ntesis: a lo largo del XVIII, la imagen
de Espaæa se fue haciendo en el interior de la conciencia alemana mÆs diversifica-
da, mÆs positiva, mÆs contradictoria incluso. Se tradujeron romances y la historia de
2 (cid:147)Pero lo que ni siquiera un pueblo es capaz de decidir acerca de s(cid:237) mismo, mucho menos puede decir-
lo un monarca respecto del pueblo(cid:148). Citado segœn versi(cid:243)n on-line Pojekt Gutenberg-DE Was ist Aufkl(cid:228)rung.
1.1.2009.
3 Ver Duviols, J.P., L AmØrique espagnole vue par l Europe selon les rØcits de voyage de Cristoph
Colombe a L. A de Bougainville Paris: Promodis, 1985.
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la literatura espaæola de J. Ferreras; J. Bertuch edit(cid:243) una revista de literatura espa-
æola y portuguesa, precisamente en Weimar, y Goethe, por no salir de esta ciudad,
hizo representar algunas obras de Calder(cid:243)n (El pr(cid:237)ncipe constante, p. e, con ocasi(cid:243)n
de un aniversario de la Duquesa). Fr. Bouterwek dedic(cid:243) un prolijo estudio al siglo
de oro4 y en el espacio de cinco lustros aparecer(cid:237)an tres traducciones del Quijote. Es
en este contexto, en el que poco a poco va surgiendo el hispanismo que durante un
siglo, el XIX, tendrÆ en Alemania, antes que en Francia, su bander(cid:237)n de engache.
Una serie de artistas (F. Lenbach), escritores (J. Auffenberg, E. Geibel, P. Heyse),
humanistas de nuevo cuæo (W. von Humboldt, F. Wolff, A. Schack), traductores (L.
Braunfels, J. Fastenrath) y cr(cid:237)ticos (O. Walzel, E. R. Curtius, etc.) irÆn constituyen-
do un corpus de estudios y motivos hispÆnicos que cubrirÆn un amplio espectro tem-
poral y genØrico: desde la publicaci(cid:243)n de romances por parte de J. Grimm hasta las
poetizaciones/ traducciones de Geibel o Heyse pasando por los estudios de filolog(cid:237)a
vasca de W. von Humboldt o la reivindicaci(cid:243)n de Cervantes y de Calder(cid:243)n por parte
de Fr. Schlegel. Si Schiller en su Don Carlos hac(cid:237)a de Felipe II el mÆs temible de
los padres y el mÆs dØspota de los soberanos, Fr. Schlegel convertirÆ a uno de sus
paladines, el duque de Alba, en un dechado de las virtudes caballerescas y Herder,
a poco de comenzar el siglo XIX, hab(cid:237)a rendido al Cid un tributo de creaci(cid:243)n poØti-
ca con su Cid.
Pero la mayor parte de estos estudiosos hablarÆn y escribirÆn de o(cid:237)das y le(cid:237)das,
pues nunca llegar(cid:237)an a viajar a Espaæa. En el coraz(cid:243)n de los alemanes, nuestro pa(cid:237)s,
en cuanto Æmbito meridional, siempre ha tenido en Italia una pantalla. W. von Hum-
boldt emprender(cid:237)a su viaje espaæol como alternativa a un viaje italiano planeado
pero imposible a causa de las guerras napole(cid:243)nicas. Y muchos de ellos llegaron al
tema espaæol a travØs de la cultura italiana. Por eso, el archiduque Maximiliano de
Austria, de viaje por Espaæa, se quejar(cid:237)a de que Goethe no hubiera venido a Valen-
cia y Sevilla, pues as(cid:237) hubiera podido escribir con mayor conocimiento de causa su
Mignon: (cid:147)¿Conoces el pa(cid:237)s donde florecen los limoneros?(cid:148) Esta falta de presencia
f(cid:237)sica ha pesado negativamente mÆs de una vez en las interpretaciones textuales o
hist(cid:243)ricas de los hispanistas alemanes. Tieck, por ejemplo, traducir(cid:237)a el Quijote
(1800), lo mismo que su antecesor Bertuch (1775) y su sucesor Braunfels (1867),
sin haber estado nunca en Espaæa. QuizÆs a esto podr(cid:237)a deberse el que, a la hora de
traducir el top(cid:243)nimo (cid:147)Puerto LÆpice(cid:148), Tieck no pudiera distinguir entre un (cid:147)puerto
de mar(cid:148) y un (cid:147)puerto de montaæa(cid:148): Hafen LÆpice5.
4 Bouterwek, F., Geschichte der Poesie und Beredsamkeit seit dem Ende des dreizehnten Jahrhunderts.
Gotinga: [s.e.] 1804. La obra tuvo el mØrito deobtener una traducci(cid:243)n al espaæol ya en 1829, por JosØ G(cid:243)mez
de la Cortina. Recientementese ha reeditado de nuevo.
5 La presencia f(cid:237)sica in situes un factor poco tenido en cuenta en los estudios de culturas extranjeras.
Pero las consecuencias negativas que la falta de contacto inmediato con la realidad estudiada produce son
evidentes. Con raz(cid:243)n, Hugo Kehrer hac(cid:237)a alusi(cid:243)n a la falta de conocimiento f(cid:237)sico por parte de una investi-
gadora del arte visig(cid:243)tico como causa de una opini(cid:243)n equivocada: (cid:147)... ha equivocado enteramente el papel
del arte visig(cid:243)tico en Espaæa. Como la autora desconoce Espaæa como me han asegurado y no ha visto los
monumentos originales, es dif(cid:237)cil una discusi(cid:243)n con ella(cid:148) (Kehrer 1960: 6).
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3. El (cid:147)viaje espaæol(cid:148) y la erudici(cid:243)n
S(cid:237) es cierto que ese hispanismo incipiente fue el caldo de cultivo para que, si no
una legi(cid:243)n como a Italia, s(cid:237) una cohorte de artistas, fil(cid:243)logos, poetas y cr(cid:237)ticos de
arte velara sus armas de hispanistas en la Pen(cid:237)nsula durante temporadas mÆs o
menos largas que marcaron su pensamiento y los resultados de sus estudios. Sin lle-
gar a la fuerza de atracci(cid:243)n que ejerci(cid:243) (cid:150)y todav(cid:237)a ejerce(cid:150) el (cid:147)grand tour(cid:148) a Italia, el
tour espaæol, a partir de finales del XVIII, fue un punto de referencia importante
para las ansias (cid:147)exteriores(cid:148) de los investigadores alemanes.
Desde finales del XVI, desde el viaje del estudiante Kuelbis, hasta finales del
XVIII hab(cid:237)an sido pocos los viajeros alemanes que vinieron a la Pen(cid:237)nsula impulsa-
dos por la curiosidad, por la extraæeza o por el deseo del estudioso. Andreas Schott,
jesuita flamenco, como excepci(cid:243)n, fue un transpirenaico que en el lejano siglo XVII
hab(cid:237)a rendido un servicio inestimable a la causa hispana con su Hispania Illustrata.
Hubo artistas alemanes a los que la monarqu(cid:237)a espaæola sirvi(cid:243) de mecenas; colonos
e ingenieros que se establecieron en Espaæa o militares que sirvieron en cuerpos
espaæoles o extranjeros en nuestro pa(cid:237)s. Mengs6, p. ej., permaneci(cid:243) varios aæos en
Madrid, aunque sin manifestar otro interØs que no fuera el econ(cid:243)mico.
Pero en general las letras alemanas no hab(cid:237)an sentido, casos individuales aparte,
mayor interØs por el viaje espaæol. Fue a partir de 1800 y, en parte, por influencia de
esta nueva predisposici(cid:243)n hacia nuestra cultura que surge en Gotinga y, en parte, en
Weimar (Bertuch, Wieland, Mus(cid:228)us, etc.) cuando empiezan a aparecer por la Pen(cid:237)n-
sula viajeros alemanes movidos bien por el deseo de conocer las gentes y los espa-
cios ex(cid:243)ticos del finis terraeeuropeo sobre los que harÆn versar sus reflexiones; bien
por el deseo de manejar los textos que les sirvieran de prueba para las hip(cid:243)tesis cr(cid:237)-
ticas que despuØs desarrollar(cid:237)an, bien por la necesidad de recuperar jirones de la pro-
pia historia en tierras peninsulares. En este intento, incluso algunos vendrÆn con la
intenci(cid:243)n de establecerse entre nosotros y de Espaæa harÆn su morada temporal o
definitiva. Lo que sigue es una m(cid:237)nima menci(cid:243)n de los mÆs destacados miembros de
esta intelligentsia alemana que en cierto momento convirtieron nuestras tierras en
meta de sus intereses cognitivos o investigadores.
4. Escritores, fil(cid:243)logos y eruditos
En avanzadilla de todos estos eruditos e intelectuales, llegar(cid:237)an, aparte de otros
viajeros que no manifestaron mayores intenciones de investigaci(cid:243)n o declarada-
mente eruditas, los hermanos Humboldt, cada uno de ellos con sus prop(cid:243)sitos, pero
ambos con la intenci(cid:243)n comœn de recoger en los espacios y ambientes hispanos
documentos, impresiones, impulsos y conocimientos: el uno de carÆcter filol(cid:243)gico;
6 Aunque nacido en Bohemia y de origen danØs, es considerado pintor alemÆn por haber residido y tra-
bajado mayormente en Alemania. Sus dos estancias en Espaæa (1761-1770 y 1773- 1777) fueron de gran pro-
ductividad.
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el segundo, Alexander, de carÆcter cient(cid:237)fico. El mayor, Wilhelm (1767-1835), en su
primer viaje (1799) recorrerÆ de punta a cabo la Pen(cid:237)nsula: del Pa(cid:237)s Vasco a Valla-
dolid, Segovia y Madrid, donde permanecerÆ el invierno despuØs de haber sido reci-
bido por el rey Carlos IV en El Escorial; de ah(cid:237) emprenderÆ viaje al sur y, despuØs
de visitar C(cid:243)rdoba, MÆlaga y Granada, subirÆ por el Levante hasta Barcelona y
Montserrat. Cuando salga por La Junquera se llevarÆ, aparte de numerosos encuen-
tros e impresiones que volcarÆ en su Diario de viaje, los contactos que al aæo
siguiente le permitirÆn repetir estancia (cid:150)esta vez s(cid:243)lo en el Pa(cid:237)s Vasco(cid:150) por dos
meses para profundizar los fundamentos de su teor(cid:237)a acerca del origen de la enig-
mÆtica lengua de sus abor(cid:237)genes. Sea cierta o no, la teor(cid:237)a que propondrÆ en la obra
que pasa por ser una de las fundadoras de la filolog(cid:237)a vasca7, no deja de tener inte-
rØs y atractivo: el vasco ser(cid:237)a, a juzgar por similitudes fijadas contrastivamente con
top(cid:243)nimos extendidos por toda la Pen(cid:237)nsula y aledaæos, una lengua propia y primi-
genia de la regi(cid:243)n mediterrÆnea que habr(cid:237)a ido cediendo terreno ante las oleadas de
invasores que pasaron por la Pen(cid:237)nsula para acabar refugiada en las montaæas del
Pa(cid:237)s Vasco. Junto a esta aportaci(cid:243)n, las informaciones acerca del arte y la erudici(cid:243)n
espaæolas que trasmiti(cid:243) a sus corresponsales alemanes fueron tambiØn importantes.
La posterior orientaci(cid:243)n italiana de sus aficiones, donde llegar(cid:237)a a ser embajador
ante el Vaticano, borrar(cid:237)a las impresiones espaæolas y las buenas intenciones que en
cierto momento alberg(cid:243) frente a nuestro pa(cid:237)s.
Su hermano Alexander (1769-1859), en su intento de crear la imagen total del
mundo f(cid:237)sico, que todav(cid:237)a la ciencia no hab(cid:237)a conseguido, escogerÆ (cid:150)al contrario de
Goethe, quien tras las huellas de la Ursteino piedra primigenia de la que habr(cid:237)a sur-
gido todo, escogi(cid:243) Sicilia como tierra prometida que supuestamente guardaba los
secretos del mundo f(cid:237)sico(cid:150) el mundo hispano de AmØrica como el entorno que mÆs
acercar(cid:237)a cognitivamente al ser humano al pr(cid:237)stino estado del Planeta tras la crea-
ci(cid:243)n. Para preparar su expedici(cid:243)n investigadora, que durar(cid:237)a varios aæos, permane-
ci(cid:243) varios meses en Madrid antes de partir de La Coruæa hacia Canarias y de all(cid:237) a
CumanÆ, en Venezuela. En Madrid, donde en marzo de 1789 hab(cid:237)a sido presentado
al monarca, quedar(cid:237)a impresionado por la complacencia con la que Luis de Urquijo,
ministro de Carlos IV, acogi(cid:243) su propuesta de viajar a los pa(cid:237)ses hispanos. Los
impulsos que le mov(cid:237)an a una aventura, tan arriesgada desde todos los puntos de
vista, eran (cid:147)las ganas de hacer botÆnica, el estudio de la geolog(cid:237)a(cid:148). En AmØrica per-
manecerÆ casi cuatro aæos y el producto de ello serÆ los relatos de su Viaje a las tie-
rras equinocciales, que redactarÆ en francØs, entonces lengua franca de la cultura.
Sus impresiones espaæolas estÆn recogidas en las pÆginas iniciales del relato de
su viaje y no dejan de tener un gran interØs a pesar de la brevedad. Cuando desde
Valencia suba a la meseta, al igual que hab(cid:237)a hecho su hermano al pasar la Bureba
burgalesa, relacionarÆ las sensaciones paisaj(cid:237)sticas con su acendrado sentido, quizÆs
sentimiento, geol(cid:243)gico: (cid:147)La meseta central espaæola resisti(cid:243) el embate de las pode-
rosas aguas hasta que Østas desaguaron gracias al estrecho abierto entre las colum-
7 Von Humboldt, W., Pr(cid:252)fung der Untersuchungen (cid:252)ber die Urbewohner Spaniens vermittelst der vas-
kischen Sprache. Berlin: D(cid:252)mmler 1821.
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nas de HØrcules, de tal manera que el Mar MediterrÆneo baj(cid:243) su nivel y paulatina-
mente se desecaron, por una parte, el Bajo Egipto y, por otra, las llanuras de Tarra-
gona, Valencia y Murcia(cid:148)8.
Hecho a la mar, durante una breve escala de seis d(cid:237)as en Tenerife, aprovecharÆ
para ascender al Teide y describir y anotar todas las peculiaridades del paisaje, flora
y fauna de la isla, anotaciones que constituyen un testimonio inapreciable de la natu-
raleza del ArchipiØlago. En una carta a Freiesleben desde la Coruæa, al tiempo que
le manifestaba su ilusi(cid:243)n por verse pr(cid:243)ximo a realizar el sueæo mantenido desde su
infancia (cid:150)viajar por los espacios poco visitados por los europeos(cid:150) le confesaba el
motivo, la conciencia moral bajo la que pon(cid:237)a su empresa americana, a saber la bœs-
queda de lo bueno y lo grandioso.
ContemporÆneo y corresponsal de los dos ser(cid:237)a Juan NicolÆs B(cid:246)hl de Faber
(1770-1836), industrioso empresario alemÆn involucrado, a principios del XIX, en
negocios de vino en Andaluc(cid:237)a y c(cid:243)nsul del rey de Prusia en CÆdiz. Aparte de dar
vida a la que ser(cid:237)a cØlebre escritora del costumbrismo espaæol FernÆn Caballero,
B(cid:246)hl de Faber fue un entusiasta estudioso de nuestra literatura, llegando a publicar
colecciones de romances. TambiØn fue el iniciador del movimiento romÆntico espa-
æol al representar en Espaæa la corriente que entonces hac(cid:237)a furor en Alemania.
Desde una actitud tradicionalista, provoc(cid:243) la disputa en torno al romanticismo y al
valor de la cultura de nuestro Siglo de Oro. Imbuido de las ideas de los Schlegel
sobre el carÆcter romÆntico de nuestra cultura, intentar(cid:237)a propagar su ideario desde
El Mercurio Gaditano, dando origen a una nueva y mÆs modesta versi(cid:243)n de la cØle-
bre(cid:147)querelle des anciens et modernes(cid:148) ((cid:147)querella entre antiguos y modernos(cid:148)), que
durante los siglos XVII y XVIII hab(cid:237)a sacudido la estØtica europea. JosØ Joaqu(cid:237)n de
Mora, retoæo de una Ilustraci(cid:243)n que hab(cid:237)a llegado con retraso, intent(cid:243) oponer su
visi(cid:243)n negativa del Siglo de Oro. Huelga decir que el intento de Mora y AlcalÆ
Galiano iba, aunque pretend(cid:237)a defenderla, contra la Ilustraci(cid:243)n misma y contra el
pulso de la Øpoca. Obviamente, el romanticismo acabar(cid:237)a saliendo por sus fueros, no
en œltimo lugar, gracias a la labor de mediaci(cid:243)n que de las teor(cid:237)as de los hermanos
Schlegel desarroll(cid:243) B(cid:246)hl de Faber.
A estos tres adelantados del interØs hispano les seguir(cid:237)a una serie de intelectua-
les de la mÆs diversa procedencia profesional, sobre todo fil(cid:243)logos, arque(cid:243)logos,
historiadores y, por supuesto, tambiØn algunos artistas que como, Lenbach o Bam-
berger, escogieron como complemento o alternativa a una Italia, apabullante por su
imagen, una Espaæa mÆs ex(cid:243)tica por desconocida.
De entrada digamos que casi hasta nuestros d(cid:237)as, ningœn escritor alemÆn de talla
se dign(cid:243) o pudo venir a Espaæa, ni siquiera los mÆs hispan(cid:243)filos, tales como Wie-
land, Eichendorff o Tieck. Los escritores de habla alemana que visitaron nuestro
pa(cid:237)s quizÆs se podr(cid:237)an contar con los dedos de una mano y, si exceptuamos a Rilke,
Stefan George, Hermann Bahr, Kisch o Reinhold Schneider, no son ni de primera ni
segunda fila. Joseph von Auffenberg (1798-1857), fue una estrafalaria personalidad
del romanticismo meridional alemÆn, que, despuØs de probar suerte literaria con un
8 Von Humboldt, A., Reise in die ˜quinoktial-Gegenden des Neuen Kontinents. FrÆncfort: Insel 1999.
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drama de tema espaæol (Pizarro), se llegar(cid:237)a a la Pen(cid:237)nsula con el objeto de visitar
Andaluc(cid:237)a. En Valencia, sin embargo, ser(cid:237)a asaltado y malherido, por lo que mÆs
tarde legar(cid:237)a sus bienes al hospital valenciano en el que las hermanas de la caridad
hab(cid:237)an salvado su vida... a excepci(cid:243)n de mil florines que reserv(cid:243) para su perro. Fas-
tenrath, de quien hablaremos mÆs adelante, no careci(cid:243) de talla literaria, aunque fue
un segunda o tercera serie. MÆs tarde, ya en el siglo XX, Rilke pas(cid:243) por nuestro pa(cid:237)s
tras las huellas de El Greco y nos dej(cid:243) un enjundioso epistolario; Stefan George, el
pont(cid:237)fice del modernismo literario alemÆn, estar(cid:237)a un mes en 1889 haciendo un
breve recorrido espaæol que le llev(cid:243) de Madrid a Toledo, Valencia, Elche y Murcia.
La productividad de esa estancia es escasa y, si excluimos algunas traducciones/imi-
taciones/inspiraciones de San Juan, Campoamor o los romances (el de Abenamar),
poco mÆs podemos seæalar y resulta escas(cid:237)simo si lo comparamos con los efectos
que en Øl tuvieron sus viajes por Francia o Italia (fue traductor de MallarmØ, de la
Divina Comedia, etc.). Bien es verdad que logr(cid:243) una cierta empat(cid:237)a con nuestra len-
gua, ya que lleg(cid:243) a componer algœn poema en un idioma (cid:147)romance(cid:148) sui generis, es
decir,de propia creaci(cid:243)n en el que predominan los elementos morfosintÆcticos espa-
æoles.
Algunos otros escritores (E. E. Kisch, p.e.) vinieron a Espaæa enmarcados en los
grupos de apoyo a la Repœblica en el curso de la Guerra Civil. MÆs de uno de ellos,
recogi(cid:243) en diarios o cartas sus impresiones espaæolas. A estos habr(cid:237)a que aæadir las
aportaciones cr(cid:237)ticas de otros escritores que, viajeros mÆs o menos incidentales, han
escrito o guardado sus recuerdos en forma de libro o de ensayo espaæol. El exquisi-
to conde Keyserling mantuvo en Formentor tertulias para un pœblico no menos
exquisito, pero que mayormente ignoraba nuestra cultura9, y R. Schneider (1926-
1958), cuyo viaje a Espaæa le supuso la liberaci(cid:243)n de su angustia y desesperaci(cid:243)n,
tal y como confesar(cid:237)a en Verh(cid:252)llter Tag10, cultivar(cid:237)a ocasionalmente el tema espa-
æol: BartolomØ de las Casas y Carlos Vo El rey de Diosson dos obras que merecen
visitarse. MÆs recientemente, en su viaje espaæol, E. J(cid:252)nger se limit(cid:243) a aceptar unos
honores institucionales que le sirvieron para entrar en contacto con un pa(cid:237)s que
mayormente desconoc(cid:237)a, pero que ya no pudo explotar.
En cualquier caso, casi todos ellos fueron mÆs bien adictos a aquel (cid:147)viaje senti-
mental(cid:148) que Lawrence Sterne hab(cid:237)a puesto en circulaci(cid:243)n a finales del XVIII. Y este
tipo de viaje, ya se sabe, no es estancia ni permanencia. Su rasgo definitorio es lo
momentÆneo. Puede producir sugerencias, impresiones, imprecisiones, no trabajos o
estudios. En resumidas cuentas: estos artistas no produjeron nada comparable con la
atracci(cid:243)n que Italia o Francia ejercieron sobre los escritores alemanes, empezando
por Goethe, y con la productividad que este atractivo provoc(cid:243), desde el Tasso de
Goethe a la Arrabiata de Heyse o el Stellvertreterde Hochhut. Cuando los grandes
utilizaron la imagen espaæola (Schiller o Goethe, p.e.), observaron Østa desde su
parte mÆs negativa.
9 En su correspondencia no hay mayores alusiones a personalidades de nuestra cultura.
10 Schneider, R., Verh(cid:252)llter Tag. Freiburg: Herder 1959; Bartolome de las Casas y Carlos V. Barcelona:
Edhasa 1991;El rey de Dios. Barcelona: Belacqua de Ediciones y Publicaciones 2002.
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Si los escritores alemanes prohispanos fueron de poca talla o nos prestaron poca
atenci(cid:243)n, los cr(cid:237)ticos nos la concedieron de sobra. Hacer una menci(cid:243)n de todos ellos
exigir(cid:237)a mayor espacio del que disponemos en esta ocasi(cid:243)n. Valga pues el cometa-
rio de los rendimientos mÆs destacados de sus investigaciones hispÆnicas.
QuizÆs, el mÆs destacado de todos los cr(cid:237)ticos alemanes de nuestra cultura sea el
mecklenburguØs Adolf von Schack (1815-1894), que viajarÆ a nuestras tierras para
estudiar in situlas literaturas espaæola e hispano-Ærabe. Fruto de sus repetidas estan-
cias (en los aæos 38, 46, 52, 53, 55, 62, 65, 68 y 73) y de sus estudios ser(cid:237)an La his-
toria de la literatura y del arte dramÆtico de Espaæa11, obra que ya se tradujo al
espaæol en 1865, el mismo aæo en que aparec(cid:237)a otra de sus obras, La poes(cid:237)a y el arte
de los Ærabesen Espaæa y Sicilia12,la que mÆs celebridad le dar(cid:237)a en Espaæa. La dis-
cusi(cid:243)n que provoc(cid:243) con Juan Valera, que acab(cid:243), si no en tablas, s(cid:237) en paces, al tra-
ducir Øste la obra del alemÆn, le hizo un personaje de gran renombre en nuestro pa(cid:237)s.
El autor de Pepita JimØnez traducir(cid:237)a la obra de Schack13 anteponiendo una adver-
tencia en la que, al tiempo que seæalaba ciertas diferencias de opini(cid:243)n frente a las
del autor, reconoc(cid:237)a que Schack hab(cid:237)a escrito el libro movido por un gran amor a
Espaæa. La obra ser(cid:237)a editada recientemente por Hiperion. Reconocido en su patria
como gran erudito, Schack actuar(cid:237)a como ministro del Ducado de Mecklenburgo,
llegando a fundar en Mœnich una pinacoteca que lleva su nombre y que recogi(cid:243),
entre otras cosas, no pocos testimonios pict(cid:243)ricos con motivos hispanos de la Øpoca.
Unos aæos mÆs tarde, en 1864, viene a Espaæa J. Fastenrath (1839-1908), quizÆs
el mÆs ferviente hispanista, representante de una hispanofilia militante, actitud Østa
que Øl propon(cid:237)a como necesidad inmediata en Alemania. (cid:147)No s(cid:243)lo necesitamos his-
panistas, sino tambiØn hispan(cid:243)filos(cid:148), llegar(cid:237)a a decir. En su primer viaje permane-
cer(cid:237)a cuatro meses en Espaæa y posteriormente repetir(cid:237)a la empresa en varias en oca-
siones (1869, 1879, 1881). A partir de ah(cid:237) desarroll(cid:243) una peculiar labor de traduc-
ci(cid:243)n de obras literarias espaæolas que pon(cid:237)a bajo interesantes t(cid:237)tulos exotizantes
(Inmmortellen aus Toledo, Hesperische Bl(cid:252)ten) y de investigaci(cid:243)n de filolog(cid:237)a espa-
æola y catalana, llegando incluso a escribir en espaæol su Walhalla14, obra con la que
pretend(cid:237)a dar a conocer a los espaæoles los grandes nombres del pante(cid:243)n literario
alemÆn. Inmerso en la realidad cultural de nuestro pa(cid:237)s, supo relacionarse con
importantes figuras de la misma, tales como JosØ del Castillo o el compositor F. Bar-
bieri. La Real Academia de la Historia le nombr(cid:243) miembro correspondiente y el
Estado espaæol le otorgar(cid:237)a la Gran Cruz de Carlos III. El efecto mÆs decisivo de
esta su labor prohispÆnica ser(cid:237)a la fundaci(cid:243)n del premio que lleva su nombre y que
concede la RAE desde 1909. Prestigiosos autores espaæoles como J. M. Coss(cid:237)o, A.
M. Matute, J. Juaristi, y un largo etcØtera quizÆs hayan experimentado con Øl o bien
un pequeæo impulso hacia la fama o bien una sanci(cid:243)n de la misma.
11 Von Schack, A., Geschichte der dramatischen Literatur und Kunst in Spanien. Berl(cid:237)n: Verlag von
Duncker U. H. 1845.
12 Von Schack, A., Poesie und Kunst der Araber in Spanien und Sicilien. Berl(cid:237)n: [s.e.] 1865.
13 Von Schack, A., La poes(cid:237)a y el arte de los Ærabes.Madrid:M. Rivadeneyra 1867-1871.
14 Fastenrath, J., La Valhalla y las glorias de Alemania. Madrid: Aribau y C“ 1874-1879.
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Ludwig Pfandl (1881-1942), hispanista de la escuela de Vossler, estar(cid:237)a repeti-
das veces en Espaæa para atender los numerosos asuntos de sus investigaciones
sobre literatura15o historia espaæolas (estudios sobre Carlos II, Juana la Loca o Feli-
pe II). Su Spanische Kultur und Sitte des 16. und 17. Jahrhunderts: eine Einf(cid:252)hrung
in die Bl(cid:252)tezeit der spanischen Literatur und Kunst16 tiene la validez que le da el
profundo conocimiento de nuestra cultura por parte del autor.
En Øpoca reciente no han sido escasos los alemanes que se han radicado en nues-
tro pa(cid:237)s en aras del ejercicio de una profesi(cid:243)n, la enseæanza universitaria, que en
algunos casos les ha hecho conacionales nuestros. Hans Juretschke, fallecido en
2004, es buen ejemplo de estos profesionales de la investigaci(cid:243)n hispanista que
abandonaron su tierra alemana para desarrollar su curr(cid:237)culum entre nosotros. Tras
haber estudiado en Bonn con E. R. Curtius, se estableci(cid:243) en Madrid. Desde la direc-
ci(cid:243)n de la sede espaæola de la Sociedad Goerres en esta ciudad, su vida estuvo dedi-
cada a la investigaci(cid:243)n de la historia y literatura espaæolas de los siglos XVIII y
XIX. Sus trabajos sobre Lista, los afrancesados y MenØndez Pelayo son obras clÆsi-
cas de la investigaci(cid:243)n hispan(cid:237)stica. Los casi 200 art(cid:237)culos sobre temas tales como
el romanticismo espaæol, Fr. Schlegel y su recepci(cid:243)n en Espaæa, la mediaci(cid:243)n fran-
cesa en la recepci(cid:243)n de la cultura alemana, o la influencia de B(cid:246)hl de Faber en el
romanticismo espaæol le hacen acreedor del respeto por parte de afamados hispa-
nistas. No menor mØrito suponen sus largos aæos de enseæanza en la Universidad
Complutense, en la que logr(cid:243) introducir la especialidad de Filolog(cid:237)a Alemana, sien-
do, junto con Feliciano PØrez Varas en Salamanca, recientemente desaparecido, pro-
motor de los estudios de German(cid:237)stica en Espaæa. De Øl fueron alumnos, o incluso
disc(cid:237)pulos, personalidades de la Filolog(cid:237)a Alemana tales como M.T. Zurdo, J. Cerro-
laza y muchos otros. Hoy en d(cid:237)a, cuando estos estudios se ven amenazados por la
incomprensi(cid:243)n de unas autoridades de talante tecnocrÆtico, ser(cid:237)a cuesti(cid:243)n de apelar
al ejemplo de los que nos ha precedido para intentar preservar unos estudios de los
que como pa(cid:237)s civilizado no podemos prescindir. Los congresos interdisciplinares
sobre historiograf(cid:237)a, la imagen de Espaæa en la Ilustraci(cid:243)n alemana o sobre el
Romanticismo europeo fueron, al igual que la publicaci(cid:243)n de los despachos de los
embajadores de la Corte vienesa en Madrid, rendimientos cient(cid:237)ficos o documenta-
les que obligarÆn a tenerle en cuenta en los trabajos de la especialidad. Su calidad
de miembro correspondiente de la RAE, a pesar del carÆcter tan aleatorio que tiene
la pertenencia a esta, supuestamente, docta instituci(cid:243)n, estuvo basada en una val(cid:237)a
indiscutible. Su compromiso obligado (desde la embajada en Madrid y en asuntos
de pol(cid:237)tica cultural) con el rØgimen de la Alemania nazi no debe ser (cid:243)bice para reco-
nocerle los mØritos rendidos en el Æmbito de su especialidad, sobre todo a estas altu-
ra en las que hemos sabido calibrar el no menos obligado, pero no menor, compro-
miso con el rØgimen que tuvieron autores como Ernst J(cid:252)nger, Max Kommerell o
15 Pfandl, L., Beitr(cid:228)ge zur spanischen und provenzalischen Literatur.Bayreuth: Ellwanger 1915.
16 Pfandl, L., Spanische Kultur und Sitte des 16. und 17. Jahrhunderts: eine Einf(cid:252)hrung in die Bl(cid:252)tezeit
der spanischen Literatur und Kunst. Mœnich: Josef K(cid:246)sel & Friedrich Pustet 1924. Su valor le ha merecido
una reciente publicaci(cid:243)n en Espaæa (1994, Visor).
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Description:Spain and Germany which have taken place throughout history. In order Palabras clave: history of Germany, history of Spain, history of international