Table Of ContentINTRODUCCIÓ N 3
—Bloque 1— El Modelo Cultural Únic o 12
1. La Socialdemocracia: una Nueva Religió n 13
2. El Sermón de la Iglesia Socialdemócrat a 20
3. Así Nació el Modelo Único Socialdemócrat a 28
4. La Nueva Socialdemocracia se Quedó en los Pirineo s
37
5. ¿La Derecha? Economicista, Acomplejada y Disuelt a
42
—Bloque 2— Cómo Someter a la Socieda d 47
1. España, el País Más Socialista de Europ a 48
2. Cuatro Décadas de Ingeniería Social en Españ a 52
3. Igualdad Forzada, Fraternidad Sectaria, Libertad a la Hoguera:
el Feminismo de las Sombras 61
4. Divide, Colectiviza y Vencerá s 71
5. Los Nuevos Hechiceros de la Narrativ a 77
6. El Triunfo Cultural Empieza en la Histori a 83
7. ¿La Sociedad Civil? Mejor Desarticulad a 132
—Bloque 3— Efectos y Resultados de Modelo
Socialdemócrata 138
1. Intervencionismo y Quiebra (una Historia de Amor )
139
2. Una Sociedad Buenista e Infantiloid e 147
3. El Islam: la Bomba que Estallará en Europ a 152
5. Paga y Calla: las Redes Clientelares no se Pagan Solas
192
6. Una Juventud Desempleada y Sin Futur o 198
7. Una Deuda Gigante e Inmora l 205
8. La Argentinización de Españ a 208
9. El Timo de la Calentología: 12.000 Años de Cambio
Climático 215
10. El Suicidio de Occidente y la Hegemonía Chin a 226
10. Reseteo y Agenda 2030: el Modelo Chino a Escala
Global 246
—Bloque 4— La Alternativa: una Batalla Cultural por la
Libertad 274
1. Las Creencias: el Núcleo Duro de la Batalla Cultura l
275
2. Ley de la Realidad Dominant e 279
3. La Lucha Cultural en Redes Sociale s 282
4. Cómo Dar la Batalla Cultural en Twitter (según Número de
Seguidores de la Cuenta) 284
5. El Arte de Argumentar y de Persuadir: Tips y Regla s
295
6. Contribución a Proyectos y Organizacione s 300
7. Tácticas de Persuasión Política y Tips Generale s 302
EPÍLOG O 308
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INTRODUCCIÓN
Obedece, calla y paga.
Nosotros nos encargamos.
Todo está cambiando muy rápido en los últimos años. El globalismo
progresista se ha convertido en la doctrina hegemónica del siglo en
curso. La mayor parte de gobiernos del ámbito internacional ya
asumen como propias las directrices del programa global, ahora
encarnadas en la Agenda 2030, cuyo desarrollo e implantación se
ha acelerado de forma notable junto a los cambios derivados de la
pandemia originada en Wuhan, azote de todas las sociedades
occidentales a nivel humano y económico. Pero el plan globalista,
de la mano del marxismo cultural, ya lleva muchos años en marcha.
Para llevar a cabo sus objetivos globales los gobiernos de todo el
mundo se han alineado en la últimas décadas, fijando una de las
mayores operaciones graduales de ingeniería social, financiera y
cultural que hemos conocido desde la Revolución Cultural china. El
multiculturalismo forzoso, la imposición de la religión climática, el
aumento de la presión fiscal para sufragar los enormes gastos
estatales, la normalización de ideologías acientíficas como la de
género, o el feminismo de corte marxista, son solo algunos de los
ítems a cumplir por las organizaciones internacionales, la mayor
parte de gobiernos del mundo, el conglomerado corporativo
multinacional, las grandes tecnológicas, las mayores redes sociales
y los dueños de las mayores compañías de inversión global (como
Vanguard o BlackRock Inc.).
En la nueva deriva organizativa, en la que tanto se modifican los
equilibrios de poder, los estados nación quedan condenados a una
enorme pérdida de soberanía y auto-gobierno, que desampara a los
ciudadanos y los priva del poco control de sus países que les
quedaba.
Y hablo del poco control porque cada día es más obvio que el
mundo occidental no se rige tan solo por sus democracias obsoletas
y los hombres de paja que vemos como presidentes, cuya parcela
de poder cada vez es menor y más limitada. Conforme avanzan los
caballos de Troya del globalismo los ciudadanos pierden voz, voto y
peso político, y los políticos nacionales a menudo se revelan como
meros peones intermedios en la jerarquía del poder, quedando en
una especie de delegados de la clase de los que dirigen las cosas
tras bambalinas, estableciendo el statu quo del mundo y las
directrices convenientes.
El proyecto global de las élites, gestado en distintos foros y clubes
opacos para el gran público, ha sido recibido con entusiasmo por
entidades y países muy diferentes, como el partido comunista de
China, el narco-socialismo internacionalista de los países afines al
Foro de São Paulo y también por el sector político demócrata de
Estados Unidos y por todas las socialdemocracias del planeta. A su
lado están acaudaladas élites financieras como los Rothschild,
promotores anónimos y no tan anónimos, como el magnate húngaro
George Soros, el príncipe Carlos de Inglaterra, el fundador de
Facebook Mark Zuckerberg o el empresario filantrópico Bill Gates,
que a través de sus astronómicos capitales y sus fundaciones son
apoyo financiero y moral clave para que el plan se vaya
consumando en las próximas décadas.
Su meta de máximos, su ideal, pasaría por crear una autoridad
internacional que centralizara mayor cuota de poder a costa de los
Estados soberanos, con pretextos diversos que requerirán de
intervenciones drásticas y urgentes para no extinguirnos como
especie o sufrir eventos catastróficos.
Es bien conocido que los escenarios de crisis son los medios
idóneos por los cuales los autoritarios justifican su mayor control
sobre la población, y esta vez no será diferente, como ya hemos
comprobado durante la pandemia. Si no los hay los crearán, y si no
adulterarán la realidad hasta conseguirlo.
Su objetivo, alcancen o no finalmente su meta, trata de concentrar
más poder en manos del sistema financiero internacional, con el
pretexto de la justicia social, el equilibrio económico y la ecología en
peligro extremo. Así, la calentología climática sería solo una excusa
que ya cuenta con altísimos niveles de concienciación y
sensibilización social, para hacerse con mandos de control que no
están legitimados a manejar, y luego seguir configurando un nuevo
orden que culminaría en la creación de una entidad supranacional
por encima de todo Estado, Unión de países u organización. Con
esta táctica los oligarcas globales aspirarían al control de una
entidad que no se limite a la mediación, la resolución de conflictos o
el comercio, sino que ejerza un poder real en detrimento de los
países actuales, los cuales pasarían a ser meras provincias sin tanto
poder, supeditadas y dependientes de los poderes fácticos que
desde arriba actuaran.
El plan va de la mano del socialismo y sus derivados, y también del
comunismo (los dos encargados de implementar la Agenda en
España han sido Pablo Iglesias y Enrique Santiago) y converge muy
bien con estas ideologías en cuanto a que, generalmente, el objetivo
de todas es afín al derribo de las tradiciones nacionales, al
desarraigo de las personas de su patria, de la familia y los valores
de la libertad.
Para liderar la nueva estructura que será necesario edificar
conforme avancen los derribos culturales será necesario el viejo
objetivo colectivista de uniformar a la humanidad, definiendo
asimismo como nocivas y anti-democráticas todas las tendencias
que pretendan sobrevivir a su rodillo, y como enemigos a todos
aquellos “insensatos”, “fascistas”, “ultras” o “negacionistas” que se
opongan al proceso.
Reman así hacia el viejo objetivo de crear “un hombre nuevo”, una
clásica aspiración socialista que para migrar del capitalismo burgués
al socialismo veía como necesaria una transformación del hombre.
Había pues que moldearlo para convertirlo en un ser que rechazara
la fe y las creencias religiosas, que adjudicara prioridad al interés del
colectivo sobre el propio o el familiar, que solo obrara en el marco
del igualitarismo y el materialismo histórico, y que se mantuviera
crítico ante todo lo conservador y lo liberal.
Por supuesto, los que controlen la maleable conciencia de este
nuevo hombre sin espíritu y esta nueva política vaciada serán los
líderes de los estados o el supraestado pretendido.
Este plan incluye tanto a democracias como a dictaduras. Esto se
deduce del papel activo al que han arrogado a la dictadura
comunista de China o al que tenía el ya fallecido dictador Robert
Mugabe, que, entusiasmado, llegó a afirmar sobre la Agenda 2030
que " promete un mundo nuevo y feliz, un mundo nuevo que
tenemos que construir conscientemente, un mundo nuevo que exige
la creación de un nuevo ciudadano global ".
Asimismo, no está claro hasta qué punto la Agenda cree en su
capacidad para homogeneizar a las naciones más totalitarias y
criminales con su población, como las islámicas y comunistas, pero
parece muy confiada en que de alguna forma esos países
cambiarán necesariamente hacia algo mejor conforme adopten sus
planes. Pretende así pasar por la neutralización de China como la
superpotencia totalitaria más peligrosa sobre la faz de la tierra,
mostrándoles que otra forma de proceder más abierta es posible.
Caben dos posibilidades. O su modelo de referencia es más
parecido al chino de lo que quieren hacer creer, o pecan de una
ingenuidad y una ignorancia absolutas de lo que es el Partido
Comunista Chino. No comprenden la fuerza verdadera de este país,
que lejos de cambiar y caer en su planes engañosos, está ganando,
tal y como es, más poder en todos los organismos internacionales,
desde Naciones Unidas a la ONU. Está creando su propio
ecosistema organizativo en Asia. Se extiende como un virus
mediante la compra de sectores estratégicos al continente africano y
a hispanoamérica, cuyos países, cada vez más unificados bajo la
bandera socialista del Foro de Sao Paulo, caen en trampas de
deuda nefastas a largo plazo.
Por otro lado, la mayor potencia económico-militar del planeta vive
una etapa nueva, donde el establishment, que no pudo consentir
que el odiado Trump volviera a repetir mandato en la Casa Blanca,
ejecutó un plan de cambio valiéndose de una vulnerabilidad del
sistema electoral a través del voto por correo. Cierta élite del
sistema estadounidense de poder no pudo permitir que gobernara
cuatro años más un outsider díscolo que no cumplía los contratos
con Wall Street y que resultaba tan poco sumiso y manejable, razón
por la cual hicieron lo que tenían que hacer para que los resultados
de las elecciones coincidieran con sus deseos.
En todo caso, ahora está el peón Joe Biden como su secretario en
la Presidencia, un anciano de sonrisa postiza, sin liderazgo,
inteligencia estratégica ni carisma, pero mucho más manejable por
los que lo colocaron en su posición de poder. Y también tenemos a
su probable sucesora, Kamala Harris, una mujer de piel oscura,
feminista, y de ascendencia asiática, reunión de “minorías” idónea
para representar a las élites siniestras del país, seguidoras de la
Escuela de Frankfurt, que no pretende destruir el capitalismo, sino
legislar desde los mandos de poder para que se piense y actúe ya
como si se viviera en el socialismo (sin el trauma del fin del
capitalismo).
Trump, que fue un fenómeno revulsivo irrepetible contra el
globalismo y la cultura socialista en auge, baluarte del patriotismo,
las tradiciones y la cultura de la libertad, fue finalmente asesinado
socialmente, suspendidas todas sus redes de comunicación a través
de las grandes tecnológicas, y enterrado entre infamias e
impeachments falsos tras cuatro años de durísima campaña
propagandística contra él (quizás la más violenta e inmoral que se
haya hecho jamás contra un Presidente de los Estados Unidos). Ha
tenido suerte no obstante, ya que otros Presidentes inconvenientes
para los designios de las élites han acabado incluso abatidos por un
francotirador mientras circulaban en la parte trasera de un Lincoln
Continental.
Mientras el socialismo se extiende y cohesiona en los países
emergentes por todo el mundo y EEUU vive su restablecimiento de
la deriva hacia donde quieren las élites globalistas y los
simpatizantes de la distopía marxista, la Unión Europea está sumida
en su propia forma de socialismo avanzado: la socialdemocracia. Se
trata de aplicar la vieja estrategia del socialismo fabiano, centralizar
el control por etapas graduales de aplicación, o en otras palabras,
hervir lentamente la rana en la olla para que no se dé cuenta de lo
que está sucediendo hasta que no pueda saltar al exterior.
En la UE la mayor parte de países ya han renunciando al derecho
de control directo sobre su política monetaria mediante la cesión de
este al Banco Central Europeo, lo cual no es una pérdida baladí, y
han perdido asimismo parte de su soberanía legislativa en pro de la
Unión, encarnada en el Europarlamento, la Comisión Europea y el
Consejo de la UE. Unión liderada por las socialdemocracias de
Alemania y Francia que, recordemos, cuenta con una implicación
ciudadana verdaderamente escasa (la participación de voto es
inferior al 50% en 18 de los 27 Estados miembros).