Table Of ContentMaría del Carmen Lacarra Ducay
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en el siglo XVIII (1995). a d Castilla, Extremadura y Andalucía LE y Andalucía. Se cumple con ello un
■ Difusión del Arte Romano en Aragón Marí CO compromiso adquirido con el público
asistente que demostró con su presencia
(1996).
constante el interés que despertaban
■ Francisco de Goya y Lucientes. los temas seleccionados y los profesores
Su obra y su tiempo (1997).
encargados de su difusión.
■ Los monasterios aragoneses (2000).
Destacados investigadores en el campo
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■ Retablos esculpidos en Aragón: a
l de la Historia del Arte y de la Historia
del Gótico al Barroco (2002). l
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t Medieval participaron en este Curso,
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■ Historia y política a través de la Escultura a que deseaba ser un homenaje
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pública, 1820-1920 (2003).
a todos aquellos investigadores
,
■ Arquitectura religiosa del siglo XVI n de las universidades españolas
ó
en España y Ultramar (2004). e que en la actualidad se dedican
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■ Los caminos de Santiago. Arte, Historia , a al estudio del mudéjar como fenómeno
y Literatura (2005). óncí histórico-artístico.
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er Diseño de cubierta:A. Bretón.
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AE Motivo de cubierta:Palacio de Altamira.
Sevilla. Alicatado.
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Arte mudéjar en Aragón, León, Castilla,
Extremadura y Andalucía
COORDINADORA
María del Carmen Lacarra Ducay
Cristina Giménez Navarro
COLECCIÓN ACTAS
ARTE
Arte mudéjar en Aragón, León, Castilla,
Extremadura y Andalucía
Coordinadora
María del Carmen Lacarra Ducay
Cristina Giménez Navarro
INSTITUCIÓN «FERNANDO EL CATÓLICO» (C.S.I.C.)
Excma. Diputación de Zaragoza
Zaragoza, 2006
PUBLICACIÓNNÚMERO2.617
DELA
INSTITUCIÓN«FERNANDOELCATÓLICO»
(EXCMA. DIPUTACIÓNDEZARAGOZA)
PLAZADEESPAÑA, 2 • 50071 ZARAGOZA(ESPAÑA)
TFF. [34] 976 28 88 78/79 • FAX[34] 976 28 88 69
[email protected]
http://ifc.dpz.es
FICHA CATALOGRÁFICA
ARTE mudéjar en Aragón, León, Castilla, Extremadura y Andalucía /
Coordinadora: María del Carmen Lacarra Ducay.— Zaragoza: Insti-
tución «Fernando el Católico», 2006.
352 p.: il.; 24 cm.
ISBN: 84-7820-844-5
1. Arte. I. LACARRA DUCAY, María del Carmen, coord. II. Institu-
ción «Fernando el Católico», ed.
© Los autores.
© De la presente edición, Institución «Fernando el Católico».
I.S.B.N.: 84-7820-844-5
DEPÓSITOLEGAL: Z-1.312/2006
PREIMPRESIÓN: A+D Arte Digital. Zaragoza.
IMPRESIÓN: Octavio y Félez. Zaragoza
IMPRESO EN ESPAÑA-UNIÓN EUROPEA.
PRESENTACIÓN
En este volumen se reúnen las lecciones impartidas en el X Curso de la
Cátedra «Goya» celebrado en marzo del año 2005, que versaba sobre Arte Mudé-
jar en Aragón, León,Castilla, Extremadura y Andalucía. Se cumple con ello un
compromiso adquirido con el público asistente, que demostró con su presencia
el interés que despertaron los temas seleccionados y los profesores encargados
de su difusión.
Con el título de Arte Mudéjar en Aragón, León,Castilla, Extremadura y
Andalucía se ofrecía un amplio panorama interdisciplinar de lo que significa el
Arte Mudéjar en el siglo XXI.
Destacados investigadores en el campo de la Historia del Arte y de la His-
toria Medieval participaron en este nuevo curso de la Cátedra «Goya», que
deseaba ser un homenaje a todos aquellos investigadores de las universidades
españolas que en la actualidad se dedican al estudio del mudéjar como fenó-
meno histórico-artístico.
En esta ocasión el estudio del arte mudéjar aragonés fue encomendado a
especialistas conocidos de la Universidad de Zaragoza. Y, junto a ellos, partici-
paron profesores de las universidades de León, Madrid,Extremadura, Granada
y Sevilla para mostrar las peculiaridades de otros focos artísticos peninsulares.
El curso se inició el lunes día 7 de marzo, a las 18.00 horas, en el Aula de
la Institución «Fernando elCatólico», con asistencia del director de la Institución
y colaborador del curso, don Gonzalo M. Borrás Gualis.
Durante cinco tardes, de lunes a viernes, se impartieron las diez lecciones
programadas, según el orden establecido por la directora del curso. A través de
las autorizadas palabras de los profesores invitados, acompañadas con diaposi-
tivas, se mostraron ejemplos de arquitectura, escultura, pintura y artes decorati-
vas en estilo mudéjar ubicadas en los distintos territorios de la geografía penin-
sular, sin olvidar el estudio de la sociedad que las hizo posibles.
El curso finalizó el día 11 de marzo, a las 21.30 horas, con una sesión de
clausura presidida por el director de la Institución, doctor don Gonzalo M.
Borrás, a quien acompañaban las doctoras María del Carmen Lacarra Ducay y
Cristina Giménez Navarro, directora y secretaria de la cátedra «Goya», respecti-
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PRESENTACIÓN
vamente, y el director del Departamento de Historia del Arte, don Ernesto Arce
Oliva.
Los trabajos que se reúnen en el presente volumen han sido elaborados por
los conferenciantes tomando como base el guión de sus disertaciones. Se publi-
can acompañados por numerosas ilustraciones seleccionadas por ellos como
enriquecimiento de los textos y recordatorio de las lecciones compartidas.
Agradezco, un año más, a todos los que participaron en el curso, profesores
y alumnos, su presencia. Y a doña Cristina Jiménez, secretaria de la Cátedra
«Goya», su colaboración en las actividades académicas programadas.
María del Carmen LACARRA DUCAY
Directora de la Cátedra «Goya»
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LA SOCIEDAD MUDÉJAR
ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ
En la plenitud de la Edad Media europea (siglos XI al XIII), cuando la recon-
quista del territorio por parte de los reyes cristianos hispanos fue avanzando
hacia el sur, desde los valles del Duero y Tajo al oeste y el somontano pire-
naico y el valle del Ebro al este, a partir sobre todo del siglo XII, la población
de origen musulmán que fue aceptando los pactos de capitulación y los acuer-
dos con las nuevas autoridades impuestas por la monarquía, se convirtió en un
conjunto dispar de moros de paz o sarracenos, llamados también mudéjares,
que se fueron adaptando a su condición de minoría resistente en su fe, cultura
y dedicación, bajo la dependencia jurídica directa de la monarquía o de los
señores por delegación real, a cambio de una contribución tributaria especial y
de determinadas limitaciones en sus relaciones con los nuevos dominadores
cristianos.
Su condición personal y colectiva, integrados en las aljamas y morerías,
representadas por el alamín de cada comunidad, varió según formaran parte del
realengo, dependiente directamente de la autoridad regia, o del señorío laico o
eclesiástico, a instancia de un señor de una u otra condición. Pero, en general,
formaron parte de la sociedad de su tiempo y fueron activos agricultores, jor-
naleros, maestros de obra y alarifes, expertos en algunos oficios (cerámica,
orfebrería, calzado, armas, etc.), así como mercaderes y patrones de navíos flu-
viales, por ejemplo en el caso del Ebro.
Regidos por su propia jurisdicción, con sus mezquitas, zocos, tiendas y obra-
dores, permanecieron generación tras generación, o bien dispersos entre el res-
to de la población urbana y rural, o bien recluidos en morerías cerradas y sepa-
radas, pero no desconectadas del conjunto cristiano, que fue haciéndose a su
presencia, hasta el punto de llegar a formar parte del paisaje y del paisanaje de
los siglos XIII, XIV y XV; especialmente en Aragón, Valencia, bajo Ebro y Mur-
cia, y menos en Baleares, Castilla, Extremadura y Andalucía, donde las suble-
vaciones mudéjares del siglo XIII obligaron a expulsarles en parte y a dificultar
su permanencia de forma masiva; donde, además, la cercanía del todavía
musulmán reino o sultanato de Granada representaba un peligro de contami-
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ESTEBAN SARASA SÁNCHEZ
nación y de espionaje que hacía temer una posible alianza entre quienes, a un
lado y otro de la frontera granadina, representaban la pervivencia islámica de
un al-Andalus residual.
Laboriosos, pacíficos y respetuosos con la mayoría cristiana, los mudéjares
llegaron a representar hasta un diez por ciento de la población en el caso del
reino de Aragón a finales del siglo XV, cuando se estaba fraguando el proceso
de integración española que llevó a los Reyes Católicos a expulsar a los judíos
y a obligar a la conversión a los mudéjares desde los últimos años del siglo en
cuestión, pasando a ser denominados moriscos durante algo más de otro siglo
hasta su definitiva expulsión a comienzos del siglo XVII, por temor a la conni-
vencia con los turcos que amenazaban el Mediterráneo; dejando un vacío
humano y productivo difícil de sustituir por mano de obra cristiana.
Pues bien, en la historia de los reinos medievales hispanos, en los que con-
fluyeron tres grupos humanos de diferente origen y condición —cristianos, judíos
y musulmanes sometidos—, la presencia de quienes descendían de aquellos
que durante el emirato y califato de Córdoba (siglos VIII-XI), los reinos taifas y
las sucesivas dominaciones almorávide y almohade (siglos XI-XIII) habían man-
tenido una espléndida civilización hispano-omeya para pasar progresivamente a
dominio cristiano de los reyes peninsulares, ha sido siempre objeto de atención
por parte de los historiadores de la época medieval española.
Denominados convencionalmente mudéjares, de «mudayyin» («sometidos» o
«los que se quedaron»), los documentos coetáneos que se refieren a ellos los
llaman simplemente moros (moros de paz) o sarracenos; llegando a constituir,
por lo general, una minoría destacable por su laboriosidad, respeto por los cris-
tianos, con los que coexistieron —más que convivieron— al igual que con los
judíos, especialización laboral y por mantenerse como fieles seguidores de la fe
islámica heredada de sus mayores desde el inicio de la conquista de la Hispa-
nia visigoda a partir del año 711; lo cual fue a su vez respetado por los nue-
vos dominadores, cuyos monarcas les permitieron mantener su credo, sus per-
tenencias y sus oficios, acogiéndoles bajo su especial y directa protección, o la
de los señores por delegación regia; aunque a cambio, eso sí, de mantener un
régimen tributario especial, evitar la promiscuidad con los de la religión mayo-
ritaria y, en muchos casos, permanecer recluidos en sus barrios apartados,
morerías, e incluso aislados por muros en las grandes poblaciones de los rei-
nos ibéricos de los siglos XIII, XIV y XV.
No obstante, su contribución a la economía productiva de los estados penin-
sulares —en los que mantuvieron una notable presencia hasta el final de la
Edad Media (Aragón, la Cataluña del Ebro, Valencia o Murcia) y aun después
como moriscos—, así como las manifestaciones artísticas salidas de sus manos
artesanas y las edificaciones civiles y eclesiásticas derivadas del buen conoci-
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LA SOCIEDAD MUDÉJAR
miento del uso y combinación de elementos constructivos y decorativos —pro-
pios de sus conocimientos arquitectónicos, de su comprensión espacial y de su
sensibilidad estética—, acaso sea lo más destacable de su presencia activa en el
medio urbano y rural de los reinos surgidos con la reconquista de lo que, pre-
cisamente, había sido durante siglos territorio islámico preferentemente, al-
Andalus o Alandalús, limitado a partir del siglo XIII al llamado reino o sultana-
to nazarí de Granada.
Por tanto, quienes inspiraron, produjeron o contagiaron el llamado arte mudé-
jar en general, y del que tantas manifestaciones se conservan todavía hoy en la
amplia y diversa geografía española —con variantes según los reinos medievales
de antaño y que ofrece peculiaridades propias en Castilla o León, Andalucía o
Aragón, entre otras comunidades autónomas actuales—, formaron parte de esa
sociedad mudéjar que también presenta, junto a un componente y unas bases
comunes, realidades distintas que permiten pluralizar más que singularizar o
generalizar; debiéndose hablar, más bien, de «sociedades mudéjares», como ha
dejado bien sentado José Hinojosa en su reciente libro de título tan expresivo
como el de Los mudéjares. La voz del Islam en la España cristiana (2 vols. Cen-
tro de Estudios Mudéjares, Teruel 2002, al que se remite para la bibliografía
correspondiente, junto con las actas de los X Simposia Internacionales de Mude-
jarismo celebrados en Teruel desde 1975 a 2005), verdadero vademecum sobre el
Mudejarismo, con un volumen de estudios y otro de documentación, obra ya de
indispensable referencia para el conocimiento de la cuestión.
Si se piensa, además, que a fines de la Edad Media, en el reino de Aragón,
por ejemplo, los mudéjares representaban todavía un 10% de la población, y
que en algunos lugares del mismo la mayoría de los habitantes eran de dicha
condición, se puede pensar, sin reservas, que su presencia en los reinos
medievales peninsulares no pasó inadvertida a quienes los visitaron prove-
nientes de la Europa continental; como muestra, por ejemplo, el testimonio del
alemán Jerónimo Münzer, quien, a finales del siglo XV, escribió que: entre
todos los pueblos de España, era el de Aragón el que tenía mayor número de
moros, expertos como labradores y en muchos oficios, sometidos a fuertes tri-
butos, laboriosos y parcos en el comer, de gran complexión, bien proporcio-
nados, sufridos en el trabajo y diestros en artes, con casas limpias, tiendas y
mezquitas.
Pues bien, qué mejor foto fija, valga la expresión, que dicho testimonio de
los mudéjares aragoneses en particular y de los españoles en general, que se
sentían por entonces tan de la tierra como los cristianos o los judíos, que en
1492 fueron obligados a salir de donde habían estado desde época tardorro-
mana. Sin llegar a olvidar, en algunos casos, estos nuevos moros el uso del ára-
be como lengua de comunicación entre sí, aunque se desenvolvieran entre los
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