Table Of ContentANTROPOLOGIA
MEDICA
PARA CLÍNICOS
ANTROPOLOGIA
MEDICA
PARA CLÍNICOS
PEDRO LAIN ENTRALGO
SALVAT EDITORES, S. A.
Barcelona - Madrid - Buenos Aires - Bogotá - Caracas - Lima - México
Quito - Rio de Janeiro - San Juan de Puerto Rico - Santiago de Chile
Reimpresión 1985
© 1984. Salvat Editores, S. A. - Mallorca, 41 - Barcelona (España)
ISBN 84-345-2488-0
Depósito Legal B. 1394-1985
Composición y compaginación: Fotoletra - Aragón, 208-210 - Barcelona (1984)
Impresión: Henchin, S. A. - Pallars, 85-91, 2.°, 3.* - 08018 Barcelona (1985)
Printed in Spain
Prólogo
Más objetivo uno, más subjetivo el otro, dos motivos me han impulsado
conjuntamente a la confección de este libro.
Es el primero un hecho histórico hace tiempo denunciado por mí: que si la
clínica ha sido siempre real y verdaderamente humana, no puede decirse otro
tanto de la patología. En su relación directa con el enfermo, nunca el clínico ha
dejado de ser un hombre, homo medendi perítus, que médicamente está tratan
do a un homo paíiens, a otro hombre. Mas cuando el clínico pasa a ser patólo
go, cuando se afana por dar razón científica de lo que como tal clínico ve y
hace, ¿no es cierto que la persona tratada suele quedar intencionalmente con
vertida en un objeto que sólo por modo comparativo puede ser llamado
«hombre»? Es cierto, sí, que al organismo del hombre y sólo a él se refiere lo
que los libros al uso dicen de la fisiopatología del reflejo patelar o del síndro
me urémico. Pero esa fisiopatología, ¿es formalmente y en todos los sentidos
humana? Con mayor amplitud: ¿es formalmente y en todos los sentidos huma
na la patología que de ordinario se escribe y se enseña? Lo que como patólogo
suele hacer el médico, ¿no es más bien «patología humana comparada» que
«patología humana comparada e incomparable», siendo así que a la vez compa
rable e incomparable es, respecto de los restantes animales, el que genérica
mente denominamos hombre? Desde su idea puramente científico-natural de
la ciencia, y por tanto de cualquier patología que pretenda ser científica, que
Claudio Bernard nos dé la respuesta. «El médico -escribió el genial fisiólogo-
se ve con frecuencia obligado a tener en cuenta en sus tratamientos eso que
llaman influencia de lo moral sobre lo físico, y por consiguiente... una multitud
de consideraciones que nada tienen que ver con la ciencia.» Está claro: formal
mente y en todos los sentidos no era humana la patología a que Claudio
Bernard aspiraba, y sigue sin serlo la que oficial y académicamente desde él se
ha escrito; lo era y lo es tan sólo -como la fisiología del metabolismo o la del
corazón que habitualmente se enseña a los médicos- por modo comparativo.
Pues bien: para que la patología llegue a ser plenamente humana, por necesi-
VII
VIII Prólogo
dad habrá que fundarla sobre un conocimiento del hombre en cuanto tal, del
hombre como ente a la vez comparable e incomparable, y desde el punto de
vista de su mudable condición de sano, enfermable, enfermo, sanable y mortal;
es decir, sobre una verdadera antropología médica. Y en tal caso, me he pre
guntado más de una vez, ¿podría yo hacer algo aceptable para el buen logro de
ese empeño?
Más subjetivo es el segundo de los motivos de este libro. Desde que me ini
cié en el cultivo profesional y vocacional de la historia de la Medicina, pronto
advertí que el saber histórico-médico puede adquirir valor y sentido por muy
distintos caminos. Puede, en efecto, contribuir a la formación intelectual del
sanador, y con tal intención se le ha incluido en el curriculum de la Facultad de
Medicina; puede asimismo cooperar en la cabal edificación de la historia gene
ral de un pueblo, de una cultura o de la humanidad entera; puede, en fin, ser
vir de camino hacia una concepción integral del saber médico, si a él se aplica
rectamente la consigna «historia como sistema», de Ortega, y por tanto hacia la
disciplina en que tal saber debe tener su fundamento propio: el conocimiento
médico del hombre en cuanto hombre, la antropología médica. Tácita o expre
samente, nunca desde entonces he dejado de moverme hacia esta meta.
Aunque no haya sido incluida en la formación regular del médico, y con
fundida a veces -pars pro tofo- con la antropología médica cultural, una de sus
ramas, no es ciertamente nueva tal disciplina. Aparte ciertas trasnochadas elu
cubraciones de filosofía médica, nació a la historia cuando, tras la Primera
Guerra Mundial, una mentalidad transpositivista comenzó a imponerse en el
pensamiento europeo. Los Stüclce einer medizinischen Anthropologie, de V. von
Weizsacker (1928), y la Medizinische Anthropologie, de O. Schwarz (1928), fue
ron las primeras expresiones de ese nacimiento. No han sido desde entonces
escasas las publicaciones consagradas al tema, más sistemáticas unas, más en-
sayísticas otras, y con frecuencia unilateralmente orientadas por una determi
nada ideología filosófica, política o religiosa. Ha habido así acercamientos a la
antropología médica de carácter fenomenológico-existencial (L. Binswanger,
M. Boss), antropobiológico (A. Gehlen, A. Jores), marxista (H. Steussloff y
E. Gniosto, S. Milcu), teológico (V. E. Fr. von Gebsattel) y científico-metafísico
(P. Laín Entralgo, D. Gracia Guillén). Todos ellos habrán de ser tenidos en
cuenta cuando se quiera construir por extenso una antropología médica a la
vez filosófica, sistemática y omnicomprensiva.
No es éste mi caso en cuanto autor del libro que ahora aparece, aunque,
como pronto verá el lector, sea rigurosamente sistemática la estructura de él.
En primer lugar, porque al escribirlo siempre he procurado moverme con una
intención estrictamente descriptiva y comprensiva; con lo cual, aunque en ri
gor no sea posible la descripción asépticamente pura, aunque toda descripción
científica lleve en sí noíens volens algo de la ideología del autor, será mínima
la parte de ella en la construcción de la doctrina expuesta. En segundo, porque
este libro va primordialmente dirigido a los médicos -a los médicos reflexivos,
claro está- y no a los profesionales de la antropología filosófica o a los aficio
nados a ella. ANTROPOLOGÍA MÉDICA PARA CLÍNICOS, reza su título completo. En
Prólogo IX
tercero, porque en aras de la sencillez he decidido que el aparato erudito fuese
en sus páginas mínimo o nulo. Sólo he puesto en ellas lo que veo, recuerdo y
pienso, sabiendo muy bien, por tanto, que dejaré de consignar observaciones y
pensamientos ya anteriormente impresos, y que, sin advertir que algunos lo
han dicho antes, daré por mío algo de lo que en realidad es de otros. Qué le va
mos a hacer. Cuando uno escribe ya en los que, completando la canónica serie
tudesca de las edades del intelectual -Lehrjahre o «años de aprendizaje», Wan-
derjahre o «años de peregrinación» y Meister/ahre o «años de magisterio»-, he
propuesto llamar Vermachtnis/ühre o «años testamentarios», ese proceder es a
un tiempo necesidad y virtud.
A riesgo de incurrir en redundancia, otra advertencia previa debe ser he
cha. He dicho que este libro va primordialmente dirigido a los clínicos, esto es,
a lectores con poco tiempo y exigentes, en consecuencia, de exposiciones con
cisas, claras y sinópticas; tanto más cuando se trata de saberes todo lo funda
mentales que se quiera, pero considerablemente apartados de los que la prácti
ca médica diaria pide. Cuando yo era mozo, La Presse Médicale publicaba con
frecuencia el anuncio de no sé qué preparado farmacéutico: una página dividi
da en tres columnas, la primera totalmente impresa bajo el título «Para los
médicos que tienen mucho tiempo», la segunda impresa en sólo su mitad supe
rior y titulada «Para los médicos que tienen poco tiempo», la tercera con sólo
tres o cuatro líneas en letra gruesa y encabezada así: «Para los médicos que no
tienen ningún tiempo». Pues bien, este libro ha sido compuesto pensando en
los médicos reflexivos que tienen poco tiempo; y si a ellos se añade alguno de
los que tienen mucho, los jóvenes pendientes de orientación profesional o de
destino, tanto mejor. A los que no tienen ninguno, a los atosigados por su prác
tica, esclavos de ella y sólo menesterosos de los conocimientos técnicos inme
diatamente utilizables, sería inútil que yo me dirigiera. De ahí el carácter
conciso, claro y sinóptico que he querido dar al contenido de este libro. Y, por
supuesto, su doblemente abierta condición: abierta tanto a las más distintas
doctrinas antropológicas y psicológicas -salvo a las que por reduccionismo
doctrinario lleguen a prescindir de ciertos hechos o a falsear la íntegra reali
dad de ellos-, como a la personal reflexión de los lectores que se decidan a
completar por sí mismos lo que en tantas ocasiones yo no paso de apuntar o
sugerir.
Dicho lo cual, no me queda sino aplicar a mi intento la fórmula usada en las
Academias al término de los dictámenes que ellas encargan: «Con su superior
criterio, el lector decidirá». En esta ocasión, acerca de la pertinencia y el acier
to de la antropología médica que aquí le ofrezco.
Enero de 1984
PEDRO LAÍN ENTRALGO
Description:A título de elemental ejemplo, pensemos en el tratamiento de la hiper- clorhidria mediante el bicarbonato sódico. El estómago del hiperclorhídrico,.