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MITOS GRIEGOS
E HISTORIOGRAFÍA ANTIGUA
Padilla Libros Editores & Libreros
Sevilla
Sabino Perea Yébenes
MITOS GRIEGOS
E HISTORIOGRAFÍA ANTIGUA
r i e H i $ t c r
Padilla Libres Cd iteres & Libreros
Sevilla
MITOS GRIEGOS E
HISTORIOGRAFÍA ANTIGUA
En cubierta: Metopa del templo C de la acrópolis de Selinunte, que representa a
Perseo decapitando a Gorgo. Finales del siglo VI a.C. Museo de Palermo.
© Sabino Perea Yébenes
D.LEGAL SE-2.261-2000
ISBN 84-8434-042-2
Padilla Libros Editores & Libreros
c/Larañan°2
41003 Sevilla (España)
A Carmen,
hasta el cielo,
por una promesa;
y a Manuel Angel.
Toda teoría implica la determinación
de emprender acciones racionales valientes,
con independencia de su éxito o de su fracaso.
Agnes Heller
Desgraciado el que aún se encuentra
preso en la oscura locura de los dioses.
Empédocles
PRÓLOGO
L os mitos griegos han sido siempre motivo de investigación porque,
aunque fueron concebidos casi siempre como relatos puramente litera
rios, encierran tal cantidad de situaciones protagonizadas por dioses y hom
bres (y de dioses en relación con los hombres) que admiten ser exprimidos en
muchos sentidos tanto para comprender la mentalidad religiosa de los griegos
como para entender muchos mecanismos de relaciones humanas, económicas
y sociales. ¡Qué sería de nuestro conocimiento de la Grecia arcaica sin los
poemas homéricos!
Los dioses y los héroes viajaban, vivían, amaban, y guerreaban como hu
manos. Los episodios mitológicos no sólo se representaban en los teatros de
Atenas o Epidauro; las escenas míticas también se dibujaban en vasos objetos
de lujo y de comercio que llevaban el mundo griego por todo el Mediterráneo,
donde mito y religión a menudo se solapan, sobre todo en el arte. Este libro
del Dr. Sabino Perea Yébenes, que tengo el gusto de presentar, estudia, desde
perspectivas diferentes, algunos mitos que interesan al Occidente mítico, a la
colonización heroica de la Península Ibérica, tomando como hilo conductor,
en dos de los capítulos, la leyenda del héroe Perseo y de la Gorgona. Este
complejo relato, conservado por muchos mitógrafos antiguos, admite, como
hace el autor, una fina interpretación psicológica de los personajes, que se
mueven, al arbitrio de los dioses, como terribles e implacables guerreros a su
servicio para conseguir bienes económicos o romper tabúes religiosos de los
pueblos conquistados. El mito es espejo y refrendo del interés de los griegos
que crearon esos dioses por conquistar e imperar en toda tierra mediterránea
donde llegaran sus naves. En estos capítulos se desvelan las claves, entre otras,
de las raíces orientales del mito de Perseo, su transformación helena en el
contexto colonizador y su traslación progresiva al Occidente, donde se instala
definitivamente en “las columnas de Hércules”, pues para los griegos no sola
mente no había más tierras que explorar más al Oeste, sino que allí, en la
bocana del Atlántico, situaron el Haides. A la hora de repensar estos espacios
mitológicos, resulta valiosa la aportación del autor al “rescatar^’ y estudiar en
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detalle la versiónque hace del mito de Perseo, todavía en el mundo antiguo, un
autor poco conocido, Paléfato, un escritor iconoclasta que no sólo pinta al
héroe desprovisto de atributos divinos sino que nos lo muestra como un ban
dido salteador de los poblados cercanos a las costas donde llegaba con su nave
pirata.
El análisis del valor de las fuentes está siempre presente, ya desde el pri
mer capítulo, donde se hace una crítica metodológica, no sin cierto desparpa
jo, a uno de los micenólogos más importantes, a propósito de las extrapolaciones
entre los poemas de Homero y el contenido de las tablillas de escritura lineal
B. El análisis del tiempo, o mejor, de la temporalidad histórica, es uno de los
ejes de este libro, pues recorre varios capítulos donde el mito deja paso a la
historiografía antigua, mostrándonos paso a paso la evolución del concepto
temporal entre los griegos y romanos, de Heródoto a San Agustín, con un
excelente manejo de las fuentes, y un abundante aparato crítico que imprime
seriedad metodológica. En España escasean los trabajos sobre historiografía
antigua y moderna, de modo que este libro constituye un paso más, un merito
rio avance en nuestro conocimiento del pensamiento antiguo sobre su propia
historia, y el “pensamiento sobre el pensamiento antiguo” en autores moder
nos, como los dos que ha estudiado el autor de este libro, Eduard Meyer y
Amaldo Momigliano, ejemplos de pensamiento historiográfico sobre el mun
do antiguo a comienzos y a final del siglo XX, respectivamente.
A través de dos escritores antiguos, uno de los cuales escribe en latín y el otro
en griego, Fedro y Luciano de Samosata, se reflexiona aquí acerca del modo en
el que Fedro y Luciano se retratan a sí mismos en sus obras. El humor es un
común denominador de ambos, un humor que, como se desprende de estos
estudios, no era únicamente un recurso literario, sino una forma de crítica y
de autocrítica, de simulación del verdadero pensamiento y personalidad del
escritor.
Finalmente, retomando el pulso mítico de los primeros capítulos, el autor
nos da dos cortos pero jugosos capítulos donde los mitos se expresan median
te el vehículo artístico. El arte más reciente lo representa un grabado del artista
búlgaro-hispano N. Dimitrov, que ha interpretado el mito de Asclepio y Quirón;
y el arte antiguo lo representa una pieza rigurosamente inédita: un bronce
romano de Eros auriga, de una colección privada parisina.
Son, pues, muchos los motivos que hacen atractiva y recomendable la
lectura de este nuevo libro del Dr. Sabino Perea, cuya obra crece con el pulso
firme de los buenos historiadores.
José María Blázquez .
De la Real Academia de la Historia.
Catedrático Emérito de Historia Antigua.
HOMERO Y MICENAS
E sta nota pretende responder a una polémica surgida en tomo al
libro de J. Chadwick titulado El mundo micénico. Mi opinión,
que intentaré corroborar aquí, es que Chadwick algunas veces saca con
clusiones a partir de las tablillas Lineal B no por deducción, sino por
inferencia y analogía de épocas posteriores, más concretamente del lla
mado «mundo homérico». Aun a riesgo de ser tajante en algunas afir
maciones trataré de dar mi opinión respecto al libro que nos ocupa,
tanto en cuestiones de método como en recoger algunos casos puntua
les de inferencia.
El mundo micénico es la obra de un filólogo y no de un historiador.1
El autor, sin duda consciente de la importancia de su descubrimiento
(justamente reconocido siempre) se atreve a levantar un edificio histó
rico del que sólo debería ser colaborador.2 Chadwick dice:
Algunos de mis colegas pensarán sin duda que, en algunos lugares he ido
demasiado lejos al reconstruir un modelo que explique los documentos. Sólo
puedo decir aquí que debe existir algún modelo, y por cuanto aquello son
fuentes auténticas, coetáneas; y si el modelo que he propuesto es erróneo,
1 Llamo la atención sobre la bibliografía citada en El mundo micénico, 244-246, íntegramente
dedicada a la historia del descubrimiento de las tablillas, su desciframiento o su interpretación,
es decir, con un apoyo científico exclusivamente filológico. Contrasta con el índice del
libro, páginas 7-8, y de su contenido donde sólo el capítulo 2, “Los testimonios documen
tales”, se hace eco de la especialidad del autor, y el resto se dedica a temas históricos, desde
la estructura social (cap. 5), a la caída del mundo micénico (capítulo 11).
2 Más útil en mi opinión es el volumen colectivo dirigido por M. Marazzi, La sociedad micénica
(Madrid 1962) donde no se “fuerza” a las tablillas a decir lo que no dicen, y se apuntan con
mayor rigor crítico otras evidencias, hipótesis y puntos pendientes de investigar.
14 S. Pekea Yfbfnes
adoptaré gustoso otro mejor cuando se proponga. Pero lo que desde luego
rechazo es la actitud derrotista que rehuye incluso idear un modelo por el mero
hecho de que no pueden probarse todos sus detalles (El mundo micénico, 13).
Llamo la atención sobre la cursiva (que es mía): necesita un modelo
para sus documentos, en vez de ser los documentos quienes muestren
determinada realidad histórica3 Más precaución debiera tener este au
tor teniendo en cuenta el desfase explicativo, que él mismo reconoce,
respecto a anteriores obras suyas.4 El valor histórico-documental de las
tablillas es relativo: su dispersión geográfica, su discontinuidad
cronológica, sus textos cortos (a menudo poseemos sólo fragmentos
con unas letras)5 y el carácter exclusivamente económico (contable)
de las tablillas, hace que éstas sean documentos históricos, sí, pero
a partir de ellas no se puede levantar el edificio histórico completo6
3 El terror al vacío de la historia es propio de los historiadores antiguos. Ver a este propósito el
trabajo de M.I. Finley, “El historiador y sus fuentes”, en Historia Antigua. Problemas
metodológicos, Madrid 1985, 22 ss.; D. Musti, “Tendenze nella storiografla romana e
greca su Roma Arcaica”, Quaderni Úrbinati, 10, 1970; T.P. Wiseman, Clio’s Cosmetics,
Leicester 1979),52. En los autores actuales «idear un modelo por el mero hecho de que no
pueden probarse todos sus detalles», es decir, inventar, es cuando menos una frivolidad. J.
Lange, «The Argument from Silence», History and Theory, 5,1965,288-301, y V.K. Dibble,
«Four Types of Inference from Documents to Events», History and Theory 3, 203-219.
Sobre modelos de investigación histórica, remito a: G. AlfÖldy, «La Historia Antigua y la
investigación del fenómeno histórico», Gerión 1, 1983, 39-61; y G. Bravo, «Hechos y
Teoría en Historia (Antigua)», Gerión 3,1985,19-41.
4 Desde The Deciphrement of linear B, escrito por Chadwick en colaboración con Michael
Ventris, Cambridge 1958, hasta este El mundo micénico, cuya edición primera es de 1976,
pasaron veinte años, tiempo en el que Chadwick reconoce «que la investigación sobre
fuentes escritas ha progresado tanto que no basta con revisar algunos capítulos de The
Deciphrement... sino que es necesario escribir todo un nuevo libro» (El mundo micénico,
12). Creo que su obra capital sigue siendo Documents in Mycenaean Greek, Cambridge
1956 y 19732.
5 M.I. Finley, La Grecia Primitiva. Edad del Bronce y Era Arcaica, Madrid 19872,60-71;y
del mismo, «Los archivos de palacio micénicos y la historia económica», en La Grecia
Antigua. Economía y Sociedad, Madrid 1984,228 ss. y «Homero y Micenas: propiedad y
tenencia», ibid, 241-263.
6 M. Crawford (ed.), Fuentes para el estudio déla Historia Antigua, Madrid 1986, donde E.
Gabba no incluye los textos micénicos como fuentes literarias (13-86). Es evidente la des
ventaja de estos breves textos con los de época clásica. Para las tablillas se hace necesario
pues a) una investigación sistemática, casi estadística, de las palabras; b) un estudio com
plejo comparativo y de equivalencias con formas conocidas en su evolución, M.I. Finley,
«Los archivos», 238 ss., Id., «Documentos», en Historia Antigua. Problemas
metodológicos, 48-74; y en el mismo sentido A. Snodgrass, cap. «Arqueología», en
Crawford, op.cit., 149-196.