Table Of ContentClaude Lévi-Strauss
LA ALFARERA CELOSA
A
ediciones
PAIDOS
Barcelona
Buenos Aires
México
Título original: La potière jalouse
Publicado en francés por Plon, París, 1985
Traducción de Caterina Molina
Cubierta de Julio Vivas
edición, 1986
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© 1985, Librairie Plon, París
© de todas las ediciones en castellano,
Ediciones Paidós Ibérica, S. A.;
Mariano Cubí, 92; 08021 Barcelona;
y Editorial Paidós, SAICF;
Defensa, 599; Buenos Aires.
ISBN: 84-7509-421-X
Depósito legal: B. 34.364/1986
Impreso en Limpergraf, S. A.; c/ del Río, 17; Ripollet (Barcelona)
Impreso en España - Printed in Spain
INDICE
INTRODUCCION
Rasgos de la personalidad asociados a la práctica de un oficio.
Ejemplos europeos. En ausencia de especialización profesional,
estas correspondencias obedecen a otros criterios. Las creencias
europeas ignoran al alfarero. Explicaciones posibles de esta laguna
que este libro se propone colmar. Enumeración de los problemas
tratados 13
CAPITULO 1
Un mito jíbaro y sus variantes. Teoría de lo informe. Mujer y alfa-
rería. Enunciado del primero de los problemas que motivan este
libro 23
CAPITULO 2
La alfarería, «arte celoso». Su origen mítico. Dueños y dueñas de
la arcilla en las dos Américas. La alfarera celosa de los hidatsas. La
alfarería como puesta de un combate cósmico 31
CAPITULO 3
Los mitos con chotacabras, pájaro de muerte, en América del Sur,
Su conexión con el ciclo de la disputa de los astros. Sus tres temas
principales: avidez, celos o desavenencia conyugales, estallido . . 41
CAPITULO 4
Horno de alfarero y fuego de cocina. El chotacabras y la alfarería:
teoría del hornero. Mitos del Chaco y de otras partes. Aplicación
de la fórmula canónica 53
CAPITULO 5
Los mitos con chotacabras en América del Norte. Los tres temas
descubiertos en América del Sur vuelven a encontrarse. El del esta-
llido ilustrado por la historia del peñasco movedizo conduce a la
desavenencia conyugal y a los celos 63
CAPITULO 6
Avidez oral y retención anal: el par chotacabras-perezoso. Retorno
al mito de origen jíbaro: conflicto cósmico y guerra entre humanos.
El perezoso, viejo enemigo. Breve repaso sobre su lugar y su papel
en diversos mitos sudamericanos 73
8 LA ALFARERA CELOSA
CAPITULO 7
El perezoso, símbolo cosmológico. Los excrementos del perezoso.
Saber de los indios y saber de los naturalistas. Otras relaciones de
correlación y de oposición entre el perezoso y el chotacabras. Al-
farería y tejido 85
CAPITULO 8
En busca de zoemas. El oso hormiguero, variante combinatoria del
perezoso. Los enanos rojos sin ano o sin boca. Ardilla, cuchumbé,
coendú, zarigüeya. Teoría de la fauna arborícola 95
CAPITULO 9
Los estratos del mundo y los problemas de vecindad. El mono aulla-
dor, símbolo de la incontinencia anal. Segunda aplicación de la
fórmula canónica 111
CAPITULO 10
Excrementos, meteoros, celos, cuerpo troceado: ese conjunto pre-
sente también en América del Norte. El mito de origen de los ira-
queses. Papel que en él tiene la interpretación de los sueños. Intro-
ducción a los mitos del sur de California 121
CAPITULO 11
Demiurgos o héroes culturales californianos como alfareros celosos,
Comparación con los mitos subandinos. Luna y meteoro. Lo arbi-
trario del signo en el análisis mítico. Relaciones de simetría entre
los mitos del sur de California y los mitos sudamericanos con pere-
zoso. Problemas que plantean. Tercera aplicación de la fórmula
canónica 133
CAPITULO 12
Mitos en botella de Klein. Cerbatana, pipa y otros tubos. Interpre-
taciones psicoanalíticas; discusión. El campo semántico de los ori-
ficios corporales. Avidez anal, incontinencia y retención orales.
Teoría del tapir. Cuarta y quinta aplicación de la fórmula canónica . 145
CAPITULO 13
Naturaleza del pensamiento mítico: pluralidad de códigos. Situación
del código psico-orgánico. Oralidad y analidad. Ciclo alimenticio de
la comida y ciclo técnico de los recipientes. Dialéctica del conti-
nente y del contenido. Conservadurismo y celos de las familias de
alfareros. Mujeres y exogamia de las vasijas. Contenedoras vagi-
nales. Retorno por la costa norte del Pacífico a la cerbatana y a la
Amazonia 157
CAPITULO 14
Totem y tabú, versión jíbara. Crítica de los principios de la inter-
pretación psicoanalítica. Dos concepciones del símbolo. Freud y
Jung. El pensamiento de Freud como pensamiento mítico autén-
INDICE 9
tico. Su concepción de las relaciones entre el psicoanálisis y las
ciencias humanas. Naturaleza de la metáfora. ¿Pulsiones sexuales
o exigencias lógicas? La relatividad recíproca de los códigos: ejem-
plo de las escrituras japonesas. Sófocles y Labiche: esbozo de aná-
lisis comparado, Lo que quiere decir «significar» 167
Referencias 183
Bibliografía 195
LA ALFARERA CELOSA
Antes, la raza humana vivía sobre la tierra ale-
jada y protegida de las penas, de la dura fatiga,
de las enfermedades dolorosas, que conducen a los
hombres a la muerte. Pero la mujer, al levantar con
sus manos la gran tapadera de la jarra, dispersó
esos males por el mundo y, con ello, preparó tris-
tes preocupaciones a los hombres.
HESÍODO, LOS trabajos y los días.
INTRODUCCION
Rasgos de la personalidad asociados a la práctica de un oficio. Ejemplos
europeos. En ausencia de especialización profesional, estas corresponden-
cias obedecen a otros criterios. Las creencias europeas ignoran al alfarero.
Explicaciones posibles de esta laguna que este libro se propone colmar.
Enumeración de los problemas tratados.
Cuando en 1947 regresaba en barco de los Estados Unidos, a veces
conversaba en el puente de pasajeros con un director de orquesta que
acababa de dar unos conciertos en Nueva York. Cierto día me dijo
haber observado a lo largo de su carrera que el carácter de un músico
se reconcilia a menudo con el evocado por el timbre y ejecución de su
instrumento; el director debía tenerlo en cuenta si quería estar a bien
con su orquesta. De este modo, añadía, fuera cual fuese el país en
que se encontrara, contaba con que el oboe estuviera dolido y suscep-
tible; el trombón, jovial y buen muchacho...
Esta observación me impresionó, al igual que todas aquellas que
conciban dominios que, por otro lado, nada incita a aproximar. Desde
siempre, el pensamiento popular se las ingenia para descubrir tales
analogías: actividad mental donde se puede reconocer uno de los pri-
meros motores de la creación mítica.
En suma, mi director de orquesta volvía a dar vida en su sector a
creencias antiguas y generalizadas según las cuales hay una homología
entre dos sistemas: el de las ocupaciones profesionales y el de los
temperamentos; creencias respecto a las cuales, aún hoy, podemos
preguntarnos si son totalmente arbitrarias o si no descansan, en cierto
modo, sobre un fondo de experiencia y de observación.
Hace aproximadamente un siglo, Sébillot había estudiado el pro-
blema. Su libro Légendes et curiosités des métiers hace el inventario
de los rasgos constitutivos de la personalidad asociados por la tradi-
ción a la práctica de diversas artesanías. Estos rasgos pertenecen a
tres órdenes. En primer lugar el aspecto físico: quizá porque traba-
jaban sentados o de cuclillas, se pintaba a los tejedores y a los sastres
como si se tratara de engendros o enfermos. Los cuentos bretones
presentan habitualmente al sastre bajo el aspecto de un jorobado afli-
14 LA ALFARERA CELOSA
gido de ojos que bizquean y con una pelambrera rojiza. En cambio,
los carniceros se consideraban robustos y de buena salud.
Los oficios se distinguían asimismo por criterios de moralidad. Un
viejo folklore europeo bastante generalizado acusa de ladrones a los
tejedores, a los sastres y a los molineros, pues con su trabajo reciben
una materia prima —hilos, tejido, grano— de la cual se supone que se
aprovechan antes de devolverla transformada en una pieza de tejido,
traje o harina. Si se consideraba que estas tres corporaciones cometían
fraude respecto a la cantidad de los productos, los pasteleros —que
tenían una reputación de alcahuetes, cuando no, incluso de encargados
de casas de citas— eran sospechosos de poner a la venta productos de
dudosa calidad disimulada por la presentación.
Finalmente, a cada categoría de artesanos se le atribuían disposi-
ciones psicológicas distintivas: los sastres, jactanciosos y asustadizos,
pero también astutos y afortunados a semejanza de los zapateros; és-
tos, bromistas y chocarreros; los carniceros, turbulentos y orgullosos;
los herreros, vanidosos; los leñadores, groseros y desagradables; los
barberos, charlatanes; los pintores de brocha gorda, bebedores y siem-
pre alegres, etc.
Un dicho citado por Sébillot nos ofrece un resumen de estas creen-
cias, aunque introduce algunas variantes: «Si hubiera cien sacerdotes
que no fueran golosos; cien sastres que no estuvieran alegres; cien
zapateros que no fueran mentirosos; cien tejedores que no fueran la-
drones; cien herreros que no estuvieran corrompidos; cien viejas que
no fueran charlatanas: se podría coronar al rey sin temor».
Para explicar la locución inglesa As mad as a hatter, «loco como
un sombrerero», se han tenido en cuenta los trastornos mentales pro-
vocados por los productos químicos utilizados en el tratamiento de las
pieles. Tanto si se trata de una racionalización como si no, parece
claro que, en todos los casos considerados, el pensamiento popular
pretende basarse en la experiencia, pero establece asimismo toda clase
de equivalencias simbólicas de orden metafórico. No siempre es fácil
descubrir el verdadero punto de partida: «Los griegos —escribía Mon-
taigne— decían de las tejedoras que eran más apasionadas que las
otras mujeres: debido a que hacen un oficio sedentario, sin excesivo
ejercicio corporal». Pero él tenía una opinión diferente: atribuía
este temperamento al «zarandeo a que les obligaba su trabajo», es
decir, al movimiento de sus piernas al accionar los pedales del telar.
La América precolombina ignoraba el telar con pedales; sin embargo,
los aztecas hacían la misma asociación entre el tejer y la lascividad,
encarnada por la diosa lunar Tlazolteotl. Entre los mayas, la diosa de
las tejedoras, Ixchel, protegía la gestación de los hijos, función que los
bella coola del Canadá occidental asignan en sus mitos a los carpin-
teros. Emparentados con los mayas, los indios tzotzil del sur de Mé-
xico compartían al parecer las ideas de los aztecas, aplicándolas en
una fase anterior de la industria textil: durante el solsticio de invierno,