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El sujeto de la
Psicología Cognitiva
a mágica etiqueta de lo a la historia interna de la psicolo
cognltivo ha conquistado gía y a la sustitución del paradig
tanto las instituciones aca ma conductista por otro que sub
démicas y los laboratorios sane sus anomalías. Es preciso
de psicología como las teo también recurrir a su historia ex
rías e interpretaciones de terna: los intereses educativos, los
los datos, las publicacio avances de la cibernética y la er-*
nes, la!s disertaciones y las prácti gonomía, los progresos tecnológi
cas de explicación e intervención cos en el ámbito del tratamiento
de la disciplina. Si bien son pocos de la información y la importan
los psicólogos que no hagan —en cia de los símbolos y las represen
uno u otro momento— declara taciones en los sistemas de inter
ción pública de su conversión o de cambio de las sociedades avanza
sus cdnvicciones cognitivas, esa das. El autor afirma que se ha
etiqueta corre el peligro (como producido una modificación pro
cualquier otro paradigma en ex funda del modelo o imagen de
pansión) de vaciarse de sentido en sujeto con que se hace la psicolo
el intento de dar cuenta de fenó gía y de la perspectiva metateórica
meno^1 muy alejados de su ámbito en que tiende a situarse el estudio
explicativo originario. Ahora que científico del comportamiento; y
casi todos los profesionales pare también mantiene la necesidad de
cen mostrarse partidarios de la hacer hincapié en el problema del
psicología cognitiva es el momen significado y de analizar más a
to de plantear una pregunta ino fondo el tejido epistemológico de
portuna: ¿en qué consiste ser cog- base que guarda relación con el
nitivo* y qué es, en realidad, la crecimiento espectacular de la psi
psicología cognitiva? Para expli cología cognitiva.
car el‘origen y la significación de
esta disciplina no basta con aludir
Alianza
Psimlneía
Angel Riviére
El sujeto de la
Psicología Cognitiva
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Alianza
Editorial
A la memoria de mi padre, que
me recuerda que cada sujeto es, por encima
de todo, una identidad irrepetible.
INDICE
INTRODUCCION.—La mágica etiqueta de lo más o menos cognitivo,
o de cómo la psicología es perseguida por un término....................... 11
CAPITULO 1.—El concepto de psicología cognitiva...................:.......... 19
CAPITULO 2.—El procesamiento de la información y el sujeto de la
psicología cognitiva.................................................................................... 33
CAPITULO 3.—El sujeto modular de Fodor y algunas críticas a la psi
cología cognitiva........................................................................................ 49
CAPITULO 4.—Gramática, sujeto y conocimiento en Chomsky......... 63^
CAPITULO 5.—La génesis del sujeto y la estructura de la acción en la
obra de Piaget............................................................................................ 75
CAPITULO 6.—Sujeto, interacción y conciencia en la escuela históri-
co-cultural de Moscú................................................................................. 89
Bibliografía........................................................................................................ 99
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Introducción .
LA MAGICA ETIQUETA DE LO
MAS O MENOS COGNITIVO,
O DE COMO LA PSICOLOGIA
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TERMINO
En 1956, uno de los investigadores más lúcidos e intuitivos de la Psico
logía Norteamericana, George Miller, publicaba un artículo en Psychological
Review, que comenzaba con la confesión de una extraña inquietud: se sentía
perseguido por un dígito. Treinta años después, aquellos primeros síntomas
de inquietud se han desarrollado hasta tal punto que es la propia Psicología,
en sus aspectos científicos e institucionales, la que se ve perseguida por un
término. El dígito era, naturalmente, el «mágico número siete más/menos
dos», y hacía referencia a una posible limitación del sistema humano de pro
cesamiento de la información. El término es, obviamente, la mágica etiqueta
de lo más o menos cognitivo, y hace referencia al paradigma psicológico por
el cual consideramos al propio sujeto humano como un sistema de procesa
miento de la información.
Los números tienen una cosa buena: que, como diría Piaget, «se conser
van», y no cambian por mucho que nos persigan. Pero los términos que nos
acosan se desgastan por el uso, llegan a saturarse, y corren el peligro de per
der cualquier significado preciso. Ello es especialmente cierto en el caso de
las etiquetas y nociones centrales de los paradigmas en expansión, que ter
minan por colapsarse y vaciarse de sentido en el intento de dar cuenta de fe
nómenos muy alejados de su ámbito explicativo originario, como destacaba
perspicazmente Vygotsld (1926) en su ensayo sobre El significado histórico
de la crisis en Psicología. Y el adjetivo «cognitivo», que ha invadido nuestras
instituciones académicas y laboratorios, nuestras teorías e interpretaciones de
los datos, nuestras prácticas de explicación e intervención, nuestras publica
ciones y disertaciones, remite, indudablemente, a un paradigma en expan
sión. Pocos son los psicólogos que no hacen, en uno u otro momento, decla
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ración pública de su conversión o convicción cognitiva. Por eso, cuando «casi
todos somos cognitivos», ha llegado el momento más oportuno de hacer la
pregunta más inoportuna: «¿Y en qué consiste ser cognitivo?, ¿qué es, en rea
lidad, la Psicología Cognitiva?»
Es importante dar alguna clase de respuesta a esta cuestión, si no que
remos perder el hilo de la significación de lo que hacemos y decimos. El con
cepto de lo cognitivo ha adquirido progresivamente un significado tan pluri-
forme, y unos límites tan imprecisos, que su empleo repetido y su carácter
de «emblema paradigmático» no son garantía (sino todo lo contrario) de un
significado compartido. Si no establecemos los límites de su uso significativo,
podemos terminar como aquel millón de personas, que lloraban amargamen
te porque se habían perdido. Por eso, conviene que dediquemos las primeras
páginas de este libro al complejo asunto del significado del concepto de Psi
cología Cognitiva.
Tenemos la suerte de que la propia Psicología Cognitiva nos proporcio
na algunos recursos para enfrentarnos a la difícil tarea de definirla. Frente a
la perspectiva clásica de los conceptos como conjuntos de elementos equiva
lentes, bien definidos por unos límites claros y unos determinados atributos
suficientes y necesarios (Hull, 1920; Bruner, Goodnow y Austin, 1966; Bo-
wer y Trabasso, 1963; Levine, 1975), algunos psicólogos cognitivos han de
sarrollado la idea de que las categorías naturales tienen más bien unos límites
difusos, y sus elementos no son equivalentes, sino que definen un continuo
de «tipicidad» o representatividad, de forma que determinados ejemplares
son más representativos o prototípicos del concepto definido. Por otra parte,
no habría, según esta concepción, unos atributos únicos compartidos por to
dos lo miembros de una categoría (Rosch, 1978; Rosch y Mervis, 1975; Mer-
vis y Rosch, 1981).
El concepto de Psicología Cognitiva tiene la estructura de una categoría
natural, y no la demarcación más neta que suelen tener los conceptos lógi
cos, matemáticos o físicos. Sus límites son borrosos, y sus ejemplares desi
gualmente representativos y no definidos por unos mismos atributos. Se or
ganiza en torno a ciertos elementos prototípicos, que son los modelos com-
putacionales y las teorías del procesamiento de la información (a los que todo
el mundo está de acuerdo en aplicar la etiqueta de «Psicología Cognitiva») y
tiene fronteras imprecisas en torno a otros ejemplares teóricos, como el es-
tructuralismo genético de la Escuela de Ginebra, las ideas sobre la génesis so
cio-cultural de las funciones superiores de la Escuela de Moscú, o la perspec
tiva «ecologista» de Gibson en el estudio de la percepción. Desde este punto
de vista, preguntarse si «Piaget es cognitivo», por ejemplo, no tiene mucho
más sentido que preguntarse si una lámpara es un mueble. Lo que sí pode
mos decir es que las concepciones teóricas de Piaget, y sus métodos empíri
cos, no son un prototipo de lo que se entiende por «Psicología Cognitiva» en
Introducción 15
sentido estricto, mientras que sí lo son las concepciones teóricas de Simón
(1978) o Anderson (1976) o los procedimientos de Saúl Sternberg (1969 a y
b). Pero ello no quiere decir, naturalmente, que las aportaciones de Piaget
no sean relevantes para el conocimiento científico de las funciones de cono
cimiento, o no pertenezcan a lo que podríamos denominar «Psicología Cog
nitiva en sentido amplio».
De las consideraciones anteriores se deduce que sí tiene sentido hablar
de «la mágica etiqueta de lo más o menos cognitivo», como hacíamos en nues
tro título. La etiqueta es mágica porque parece proporcionar, al que la em:
plea, el marchamo de prestigio social y académico que tienen, entre otras ca
racterísticas, los paradigmas dominantes en las distintas ciencias. Y lo cogni
tivo puede ser «más o menos», porque remite a un concepto con la estructu
ra de una categoría natural, cuyos ejemplares pueden ser más o menos típi
cos, y se organizan alrededor de prototipos centrales, que son los que poseen
mayor «parecido familiar» y un mayor número de los atributos más pertinen
tes en la definición de la categoría.
¿Y cuáles son los atributos que definen, en mayor grado, a los ejempla
res típicos de la Psicología Cognitiva? En los capítulos introductorios de los
textos de nuestra disciplina, suelen establecerse estos atributos haciendo una
especie de contrapunto con los rasgos que definirían al paradigma dominante
en la psicología científica norteamericana de los años cuarenta: el conductis-
mo. Se suele decir, por ejemplo, que la Psicología Cognitiva nos ofrece la ima
gen de un sujeto activo, que no se limita a responder pasivamente a los es
tímulos del medio, sino que los elabora significativamente, organizando su ac
tividad con arreglo a planes y estrategias que controlan y guían su conducta
(Miller, Galanter y Pribram, 1960). Se contraponen las explicaciones en tér
minos de «cadenas» de elementos, que se determinan o condicionan de for
ma lineal, a las nociones explicativas de la Psicología Cognitiva, que presu
ponen una determinación jerárquica y recursiva del comportamiento. Se com
para la parsimonia reduccionista de las explicaciones E-R con la proliferación
de conceptos internos de la Psicología Cognitiva, referidos a estrategias, pla
nes, procesos y representaciones, esquemas y estructuras que organizan las
funciones de conocimiento. Se destaca la diferencia entre la epistemología ra
cionalista que defienden algunos de los teóricos más perspicaces de la Psico
logía Cognitiva, como Jerry Fodor (1975) o Zenon Pylyshyn (1981). Así, se
ofrece el cuadro del paso del conductismo a la Psicología Cognitiva en térmi
nos de una sustitución revolucionaria de un paradigma dominante por otro
(Lachman, Lachman y Butterfield, 1979; Weimer y Palermo, 1973; Arnau,
1982; De Vega, 1984), y esta imagen tiene mucho de cierto.
Sin embargo, los rasgos de continuidad entre el conductismo y la Psico
logía Cognitiva son, probablemente, mayores y más profundos que lo que se
perfila en el cuadro anterior, como ha destacado Leahey (1981). El respeto
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a los métodos objetivos y las supicacias hacia la introspección y la conciencia
(Nisbett y Wilson, 1977; Evans, 1980), el empleo de modelos explicativos me-
canicistas (aunque varíe el tipo de máquina que se emplea como metáfora),
y una perspectiva más bien solipsista en el análisis de la génesis del compor
tamiento son, por ejemplo, características en que se identifican algunos mo
delos conductistas con las teorías computacionales más estrictas de la Psico
logía Cognitiva.
En cualquier caso, el intento de explicar el origen del paradigma cogni
tivo en términos exclusivamente internos a la Psicología, de sustitución de un
paradigma por otro en función de las anomalías del primero, ofrece una ima
gen empobrecida de la génesis y, lo que es peor, de la significación de la Psi
cología Cognitiva. Como ha señalado De Vega (1984), la «emergencia del cog-
Ifiitivismo se debe no sólo a la crisis del conductismo sino a ciertos factores
sociales, históricos o al influjo de otras disciplinas científicas» (p.28). La Psi
cología Cognitiva es, en realidad, una de las manifestaciones más claras y ge-
nuinas del Zeitgeist científico, la organización tecnológica y ciertos intereses
productivos dominantes en las sociedades tecnológicamente más desarrolla
das en la segunda mitad de nuestro siglo. Es expresión, si se me permite de
cirlo así, de una «compulsión hacia la información, la computación y la re
presentación» que tiene un significado mucho más profundo e influyente que
el de un cambio de paradigmas en una ciencia particular. No es extraña, por
eso, la ubicación de los modelos explicativos más prototípicos de la Psicolo
gía Cognitiva en el marco de «las ciencias de lo artificial» (Simón, 1968), cuyo
desarrollo ha sido considerable en un mundo que, como dice Simón, «es un
mundo creado por el hombre, un mundo artificial más que natural» (p.16).
Tampoco es extraña, en este contexto, la creciente reivindicación de una Cien
cia Cognitiva, concebida por unos como un saber unitario y por otros como
una red interdisciplinar, y de la que la propia Psicología Cognitiva constitui
ría un aspecto particular (Norman, 1981; Kintsch, Miller y Polson, 1984;
Gardner, 1985). Todo ello —el auge de la Psicología Cognitiva, el desarrollo
de las ciencias de lo artificial, la reivindicación de una Ciencia Cognitiva—
es, a un tiempo, consecuencia y causa de la evolución de la sociedad post-in-
dustrial en el trecho de tiempo que nos ha tocado vivir.
Hay que recurrir, por tanto, a la «historia externa», y no sólo a la his
toria interna de la Psicología, para explicar el origen y la significación de la
Psicología Cognitiva. Los intereses educativos, los desarrollos tecnológicos en
el área del tratamiento de la información, los avances de la cibernética y la
ergonomía, la propia importancia de los símbolos y representaciones en los
sistemas de intercambio de las sociedades avanzadas, están en ese origen.
Pero ello no quiere decir que la Psicología Cognitiva sea una mera expresión
ideológica, como ha pretendido Sampson (1981). Aunque reconozcamos que
ha implicado, en sus formulaciones más prototípicas, las formas de reducción
Introducción 17
subjetivista (esto es, la primacía de las estructuras y procesos del sujeto en la
explicación del conocimiento) y de reducción individualista, que él atribuye
a nuestra ciencia, lo cierto es que el desarrollo de la Psicología Cognitiva ha
supuesto también el estudio empírico y objetivo de viejos problemas episte
mológicos, la acumulación de una enorme cantidad de datos relevantes sobre
los procesos, estructuras, representaciones y limitaciones de la mente, y una
comprensión teórica mucho más profunda que la que se poseía anteriormen
te de los mecanismos subyacentes a las funciones superiores y más complejas
de conocimiento (De Vega, 1984). Ha supuesto, finalmente, y esto es lo más
importante, una modificación profunda del modelo o la imagen de sujeto con
que hacemos psicología, de las explicaciones que damos de sus funciones, y
de la perspectiva metateórica en que tiende a situarse el estudio científico del
comportamiento. En otras palabras: el desarrollo de la Psicología Cognitiva
ha implicado una transformación sustancial en el objeto mismo de la Psicolo
gía.
Comencemos por el aspecto más externo y verificable: el referido a la
acumulación de datos empíricos sobre las funciones superiores, es decir: so
bre los procesos de percepción, memoria, lenguaje y pensamiento. Para ana
lizar el crecimiento de las investigaciones sobre estos y otros procesos, en Psi
cología Experimental, podemos servirnos de la ley establecida por Price
(1973), según la cual todos los aspectos mensurables de una ciencia crecen
con arreglo a una ley de crecimiento exponencial. Este investigador ha cal
culado en 10 años el índice de duración en psicología experimental. Sin em
bargo, en el caso de los estudios sobre las funciones superiores, la tasa de cre
cimiento exponencial fue mucho más alta en los 30 años transcurridos entre
1946 y 1976. Si tomamos como índice las publicaciones reseñadas en Psycho-
logical Abstraéis, veremos que, mientras que el número total de publicacio
nes citadas se multiplicó por 5 en ese período, el de artículos y libros sobre
percepción, memoria, pensamiento y lenguaje se multiplicó por 16 (pasando
de 78 a 1.275). En otros términos: se duplicó 4 veces, lo que proporciona un
índice de duplicación de siete años y medio. Esta duplicación continuada en
períodos tan breves da lugar a una situación peculiar, a la que Price denomi
na «contemporaneidad»: los creadores de la Psicología Cognitiva (Simón, Mi-
11er, Bruner, etc.) son, en este momento, investigadores productivos y, en bas
tantes casos, relativamente jóvenes. Debemos tener en cuenta que la produc
ción en Psicología Cognitiva se duplica en la mitad de tiempo que en la ma
yoría de las ciencias experimentales (en que el índice de duplicación medio
es de 15 años), para las que Price (1973) calcula un índice de contempora
neidad del 87,7%
Este rápido crecimiento exponencial se manifiesta también en la apari
ción de numerosas revistas y manuales de Psicología Cognitiva: entre las pri
meras, podemos citar el Journal of Verbal Learning and Verbal Behavior