Table Of ContentLos desarrollos latinoamericanos y sus controversias
Oscar Madoery
Resumen
El desarrollo es un tema controversial; muchas preguntas forman parte de una discusión tan
amplia como duradera: qué representa, cómo impulsarlo, quienes lo motorizan, qué es lo
que simboliza, cuál es su alcance histórico, su sentido epistemológico. Polémicas abiertas,
discrepancias entre partes activas de un debate, que se suman a las historias y realidades de
una América Latina plena de contrastes, desigualdades, inconformismos, orgullos y sueños.
Si algo es controversial es político, nos recuerda Carlos Vilas (2013). Por eso, en todo el
trabajo fluirá una idea central: el desarrollo es una categoría política, que contiene y
enlaza las diversas y complejas dimensiones de lo real, sea en el plano estructural,
institucional, cultural, ambiental, humana, laboral, simbólica,…; y lo hace de modo
político, es decir abierto a la trama de relaciones de fuerzas sociales, a los
condicionantes contextuales y a los proyectos de sociedades en tensión. Estos pueden
permanecer en estado latente, como expedientes sociales inconclusos, pero en determinadas
coyunturas aparecen en escena y provocan fricciones que desafían nuestro entendimiento y
nuestra capacidad de acción. Mucho de esto está acaeciendo en la región y allí radican las
principales motivaciones del presente libro.
En lo personal, el libro expone los momentos de una reflexión de veinte años sobre el tema
del desarrollo en América Latina. Un primer momento, donde la preocupación central
pasaba por entender el desarrollo y las estrategias necesarias para impulsarlo. Allí se trataba
de evitar reduccionismos, de trazar caminos críticos, dada la insostenibilidad del mismo, y
de expresar el valor de lo endógeno, de los procesos impulsados por los actores y las
sociedades locales. Vimos los alcances de esa propuesta, pero fundamentalmente vimos sus
límites. Un segundo momento, se centra en la política y el territorio, donde la pregunta ya
no es cómo hacer sostenible el desarrollo, sino una más profunda: qué sociedad queremos.
Partir de la realidad social que es conflictiva, por ende, atravesada por la política. De allí es
que no hay una interpretación ni una única opción de desarrollo. La condición situada
social, temporal y espacialmente de cada sociedad, otorga la posibilidad y la necesidad de
pensar y actuar diversamente, y de construir las condiciones de posibilidad de esos
desarrollos en plural.
Palabras clave
Desarrollo, Territorio, Política, Epistemología, Situacionalidad, América Latina y el Caribe.
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Indice
Introducción: Fortaleza y debilidad del concepto de desarrollo.
(cid:120) “Vivir la contradicción”
(cid:120) Acerca de las condiciones de posibilidad
(cid:120) Tensionar el desarrollo
(cid:120) Las ideas también transforman
PRIMERA PARTE: CRITICA DE LA RAZON DESARROLLISTA.
1. Desarrollos alternativos al neoliberalismo o alternativas al desarrollo capitalista.
1.1. La idea: un cúmulo de interpretaciones positivas
1.2. La teoría: crecimiento, modernización y desanclaje
1.3. La política: el derecho al desarrollo
1.4. La matriz de progreso
1.5. La respuesta institucional y cultural al reduccionismo económico
1.6. El capital invisible de los pueblos
1.7. El camino de las adjetivaciones
2. Los territorios y sus trayectorias
2.1. El espacio como categoría de comprensión de la realidad
2.2. Tramas territoriales y procesos sociales
2.3. La perspectiva territorial de los procesos de desarrollo
2.3.1. El fortalecimiento de los sistemas productivos territoriales
2.3.2. Los entornos de innovación
2.3.3. El conocimiento contextual
2.3.4. La densidad institucional
2.3.5. ¿Es posible el control local del proceso de desarrollo?
2.4. Política y Territorio como eje de interpretación
2.5. La mirada en las relaciones desiguales
3. El desarrollo como proyecto civilizatorio
3.1. Historicidad y espacialidad del concepto
3.1.1. Los rostros ocultos del progreso
3.1.2. El dilema fáustico
3.1.3. El postdesarrollo como concepto y práctica social
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3.2. Tres tesis para una reinterpretación política y epistemológica
3.2.1. La ciencia del desarrollo elimina teóricamente el conflicto
3.2.2. El sentido moderno del “desenvolvimento”.
4. Saberes de fronteras. Sobre ausencias, ocultamientos y alteridades en la experiencia
latinoamericana
4.1. América latina atrasada. Territorio de ausencias
4.1.1. Contribuciones
4.1.2. Las primeras tensiones epistemológicas
4.1.3. Dificultades
4.2. América latina mutilada. Territorio de ocultamientos
4.2.1. Estructuralismo periférico
4.2.2. Liberacionismo nacional-popular
4.2.3. Pensamiento decolonial
4.2.4. Contribuciones
4.2.5. Dificultades
4.2.6. Una segunda tensión epistemológica
4.3. América Latina ignorada. Territorio de alteridades
4.3.1. El Buen Vivir
4.3.2. Los derechos de la naturaleza
4.3.3. Feminismos
4.3.4. Contribuciones
4.3.5. Dificultades
4.4. Afirmar la diversidad creativa de la vida.
4.5. Expresar las tensiones
4.6. Expresar las opciones
SEGUNDA PARTE: EL DESARROLLO COMO CATEGORIA POLITICA
SITUADA.
1. ¿Un punto ciego de la Ciencia Política?
1.1. Para ser modernos hay que ser nacionales.
1.2. El debate sobre las territorialidades emergentes
1.3. Elementos para una teoría del territorio
1.3.1. Las escalas de la política
1.3.2. Espacio, Territorio y Fronteras
1.3.3. La construcción social del espacio
1.3.4. Centro étnico y centro geométrico
1.3.5. Jerarquías espaciales
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1.3.6. Compresión espacio-temporal
1.3.7. El sistema mundo moderno colonial
1.3.8. La solución espacial
1.3.9. Acumulación por desposesión
1.4. Universalidad no es sinónimo de homogeneidad
1.5. Cada lugar es un modo abierto de relaciones
2. “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo” ó Acerca de la necesidad de una
perspectiva situada
2.1. Situacionalidad no es mera circunstancia
2.2. La situacionalidad como opción política
3. Hacia un enfoque de política situada
3.1. Política democrática, conflicto y convivialidad
3.2. ¿Por qué el desarrollo es una categoría política?
3.3. Los territorios y sus capacidades políticas.
3.4. Desplegar territorialidades para construir alternativas políticas
3.4.1. Gobernar el territorio
3.5. Síntesis: el poder y sus geografías
4. Metodologías para el abordaje territorial
4.1. ¿Cómo leer el territorio? El concepto de Sistema Territorio
4.1.1. El contexto situacional
4.1.2. La sociedad activa
4.2. ¿Cómo actuar el territorio? El concepto de Proyecto Territorio
4.2.1. Las capacidades políticas para el desarrollo territorial
4.2.2. Sentidos de una educación transformadora
4.2.3. Los interrogantes situacionales
Síntesis final:
1. Qué representa hoy América latina
1.1. Los horizontes regionales de política
2. Todo proyecto emancipatorio tiene anclaje territorial
Bibliografía
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Introducción: fortaleza y debilidad del concepto de desarrollo
El desarrollo ha tenido una presencia insoslayable desde hace décadas a nivel internacional,
tanto en el debate teórico como en la práctica de gobiernos. Ha sido defendido desde
posiciones de izquierda como de derecha, con contenidos diferentes obviamente, pero
orientando programas de gestión y conformando discursos públicos recurrentes. Las
circunstancias históricas le fueron agregando adjetivos que, tanto ampliaron su perspectiva,
como confundieron su alcance. Es una idea defendida por casi todos, por ende algo
confusa. Todo cabe dentro del recipiente conceptual del desarrollo, ¿qué es, en definitiva, el
desarrollo?
Su fuerza radica en que es la categoría social que mejor ha sintetizado aspiraciones de
cambio y de progreso propias del imaginario civilizatorio moderno, porque implica salir del
atraso, modernizarse, adoptar estándares universales, abrirse al mundo, compartir similares
estilos de vida, pautas de organización y comportamiento, patrones de bienestar. Romper,
de algún modo, con aquellas ataduras socio-territoriales ancladas en culturas arcaicas, en
producciones primarias, en instituciones porosas.
Esas han sido las promesas del desarrollo, las de un mundo donde cabemos todos, con
igualdad de posibilidades más allá de las realidades desiguales; al que es posible tornarlo
sustentable más allá de los atropellos; al que es posible volverlo humano más allá de las
violaciones. Pero para una enorme mayoría de personas, de historias y geografías de vida,
esas promesas no se cumplieron. América Latina y sus pueblos vuelven a poner en cuestión
la vigencia histórica del concepto, a raíz tanto de los magros resultados obtenidos en su
nombre, como por su utilización genérica a través de discursos diferentes, incluso
antagónicos. Otras voces silenciosas y silenciadas durante mucho tiempo, han comenzado a
hacerse oír con fuerza.
(cid:120) “Vivir la contradicción”
El pensamiento latinoamericano realizó históricamente significativos aportes críticos a la
teoría moderna del desarrollo, como el centro-periferia (Prebisch), el dependentismo (Dos
Santos, Cardoso y Faletto, Sunkel y Paz), el liberacionismo (Zea, Dussel, Freire, Gutierrez)
y el desarrollo como autodependencia (Max Neef, Hopenhayn, Elizalde). La época
neoliberal olvidó, combatió y en algún caso anuló esas perspectivas que, sin embargo, hoy
se recuperan y se actualizan para adecuarlos a un nuevo contexto internacional y regional.
Pero también surgen nuevas expresiones que hablan de la falacia desarrollista (Dussel), del
posdesarrollo (Escobar), del mito de la desterritorialización (Haesbaert), de una crisis
civilizatoria (Evo Morales); que reflexionan en términos de Ecología Política (Alimonda), ó
promueven la alternativa del Buen Vivir (Acosta, Gudynas, Oviedo); que plantean el
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interrogante sobre si efectivamente no se ha producido una ruptura epistemológica
(Mignolo, Quijano, Grosfoguel), en el pensamiento de la región sobre el desarrollo. Voces
que se animan y nos animan a cuestionar los dogmas, a tocar lo intocable, a develar caras
ocultas de un juego imaginario que no muestra claramente todas sus cartas. Todos ellos
coinciden en ofrecer respuestas más adecuadas a los desafíos latinoamericanos, recuperan
el espíritu de reflexión propia, y revierten los cánones interpretativos de la realidad
regional.
Históricamente han interpretado que los obstáculos que enfrentan las sociedades
latinoamericanas son de índole política, porque refieren a órdenes sociales, a proyectos de
sociedad que excluyen, marginan, polarizan, desplazan, extraen… Y para ello han
establecido diferentes categorías que permitan entender los problemas de nuestras
sociedades.
Tanto el estructuralismo periférico, con las categorías de intercambio desigual y centros y
periferias, el liberacionismo, apelando a la conciencia crítica y la construcción de
hegemonías nacional-populares; el Buen vivir, con su crítica al progreso occidental y la
posibilidad de pensar y sentir desde otra cosmovisión, o la fractura decolonial que provocan
las categorías de matriz colonial del poder y geopolítica del saber (Castro Gómez y
Grosfoguel, 2007), cambian los modos de entendimiento, el punto de partida para la
transformación social: sacan al desarrollo de su reducto económico y lo colocan en el
amplio terreno de los procesos sociales. Recuperan la idea de desarrollo desde la política y
abonan una praxis de liberación y desprendimiento (Madoery, 2012).
Pero también la región se encuentra frente a cambios muy importantes, en una especie de
praxis vertiginosa en busca de su teoría, como sostiene Emir Sader. El siglo XXI comienza
con fuertes transformaciones en los procesos político-institucionales, económico-sociales y
cultural-simbólicos en la mayoría de nuestros países, que abren un nuevo tiempo histórico.
Una realidad que reclama una renovada idea de cambio y reintroduce el debate sobre la
búsqueda de desarrollos alternativos a la propuesta neoliberal o pensar definitivamente en
alternativas al desarrollo, como muchos pretenden (Escobar, 1995; Boaventura, 2012,
Gudynas, 2011).
En otras palabras, un tiempo que invita a ir más allá de la exclusiva crítica al
neoliberalismo, como paso necesario pero insuficiente, para profundizar en las opciones de
transformación social, cultural, ambiental, económica e institucional en nuestros países. Un
tiempo que se muestra, a su vez, pleno de contradicciones, de esquemas sociales y laborales
inclusivos financiados por prácticas productivas extractivistas, de fomento de prácticas
asociativas junto al aumento de concentración económica en la cúspide, de mayores
espacios de protagonismo democrático junto a la consolidación de ciertos esquemas
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corporativos, elitistas. “Vivir la contradicción”1 en este tiempo latinoamericano rico en
novedades e innovaciones, pero que arrastra la pesada carga de una herencia dramática y
persistente.
(cid:120) Acerca de las condiciones de posibilidad
Esta época de cambios recupera antiguas luchas y plantea nuevos horizontes. La ilusión del
progreso indefinido, del crecimiento que derrama y distribuye, las garantías del orden
institucional como condición suficiente, la globalización como oportunidad, la
responsabilidad social como respuesta ética pero no política, son criterios aplicados
históricamente en la región, pero que han resultado al menos insuficientes, cuando no
equivocados.
Es que el desarrollo, para que acontezca, requiere de condiciones de posibilidad: estados
soberanos en manos de gobiernos con sensibilidad social; comunidades organizadas y
activas con sujetos conscientes de sus derechos; instituciones y reglas que garanticen
igualdad efectiva ante la ley para las mayorías nacionales en cada una de las decisiones;
democracias participativas y protagónicas, no solo representativas; transformaciones
estructurales que reflejen la disputa por la distribución de los excedentes, de los
conocimientos y de las palabras y por la propiedad de los factores y los recursos. El
desarrollo no ocurre en todo momento, en todo tiempo y lugar. No ocurre cuando
deciden los grupos económicos concentrados, cuando gobiernan las elites conservadoras,
cuando las mayorías populares se encuentran retraídas, desmovilizadas, desorganizadas. No
hay desarrollo cuando reinan filosofías del avasallamiento no sólo económico, sino
también, institucional, cultural, moral y ecológico, como ha ocurrido en gran parte de la
historia latinoamericana. El desarrollo no es un proceso técnico-metodológico, de
aplicación de recetas descontextualizadas. Es, fundamentalmente, un proceso
protagonizado, consciente, de disputa de poder para la concreción de una vida plena.
Por tanto, el libro acompaña aquellas interpretaciones que consideran que los problemas
endémicos de nuestras sociedades obedecen a proyectos de sociedad en pugna, que
litigan por la igualdad y la inclusión. En Bolivia se dice que el socialismo es un campo de
batalla (García Linera, 2015); en Argentina que la democracia es litigio por la igualdad
(Forster, 2011); el desarrollo también es disputa, es controversia. Hoy, en lo que va del
siglo XXI es posible volver a dar esa discusión histórica y política, por las expectativas que
generan los procesos sustantivos de cambio en marcha, particularmente en algunos países
de Sudamérica, y también por las restricciones que esos mismos procesos presentan.
1 Suele expresar el vicepresidente de Bolivia Alvaro García Linera
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Se trata de un énfasis renovado y un modo diferente de priorizar los temas del desarrollo y
es producto de varias causas: de la maduración reflexiva junto a colegas, de la experiencia
de participación en institucionalidades territoriales fuertes en sus diseños conceptuales,
aunque débiles en su posibilidad de dar cuenta de las tensiones reales de los territorios. Pero
sobre todo, de un contexto regional latinoamericano que, en lo que va del siglo XXI, nos
propone desafiar tanto el entendimiento de lo que significa el desarrollo, como modificar el
contenido de las acciones que se impulsan en su nombre. Un cambio en el foco de
análisis: del desarrollo como categoría meta-histórica, válida en diferentes momentos
y lugares, al desarrollo como categoría política situada en espacios-tiempos concretos.
Existe en América Latina un debate profundo en torno al desarrollo, que no es solo de
adjetivos adecuados (humano, sustentable, social…), que reflejen de manera más apropiada
su alcance. Mucho menos de criterios técnicos que hagan efectivas las políticas de
desarrollo. Al desarrollo se lo ha analizado en relación a sus objetivos (crecimiento
sostenido, expansión de las libertades, bienestar social, competitividad internacional,…), en
relación a sus dimensiones (económico, institucional, social, ambiental, humano,…), en
relación a sus geografías (nacional, regional, local, urbano, rural,…).
Pero hoy es necesario reflexionar sobre opciones de transformación en el actual contexto
latinoamericano e interrogarnos sobre los avances que son posibles de alcanzar por parte de
democracias populares, a partir de la movilización social y una renovada presencia estatal
que busca poner límites a un economicismo hegemónico de matriz especulativa-financiera
y ofrecer algunas líneas de interpretación respecto de los horizontes de política que se abren
en la región.
Una pregunta central y muchas derivadas: ¿El desarrollo sigue siendo un concepto
pertinente para la transformación social en América Latina? En caso afirmativo, ¿se
necesita pensar en desarrollos alternativos o en alternativas al desarrollo? ¿Cómo se
expresan las relaciones entre sociedades y territorios en América Latina del siglo XXI?
¿Cuáles son las principales tensiones del desarrollo en la región? ¿Cuáles son y han sido los
modos predominantes de entender el desarrollo latinoamericano? ¿Qué alcances y
limitaciones tienen esos planteos? ¿Sobre qué supuestos teóricos y epistemológicos se
apoyan? ¿De qué modo tiñen las políticas de desarrollo impulsadas en estos años? ¿Qué
idea de territorio expresan? ¿El factor territorial, de qué modo está presente en las políticas
de desarrollo en la región?
(cid:120) Tensionar el desarrollo
Es tiempo de afrontar un desafío epistémico y político, que ponga en debate el conjunto de
conocimientos que condicionan nuestras formas de entender e interpretar el mundo actual,
la historia y la realidad latinoamericana, así como los caminos para producir las
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transformaciones. El libro intenta dar cuenta de esa polémica. Por eso propone un giro
político en la concepción y en la praxis del desarrollo, y lo presenta como una categoría de
lo político. El desarrollo como un proceso político con consecuencias económicas, sociales,
institucionales, ambientales…., pero no al revés. Un proceso que integra dimensiones y
escalas del desarrollo latinoamericano y que permite pensar la transformación regional en
perspectiva situada, es decir desde la realidad y la reflexión regional. Esto no significa
desconocer otros aportes, sino hacerlo desde una perspectiva, desde adentro, desde abajo;
desde las luchas históricas por reforzar una identidad y un proyecto propio.
Y elige un eje en el concepto de espacio social, más precisamente de territorio. Porque dar
iniciar la discusión epistemológica del desarrollo es cuestionar su lógica de separación,
aquello que el neoliberalismo elevó a la categoría de principio universal: un ideal de
progreso descontextualizado y la ilusión de una civilización desterritorializada, que
implica desconectar los pueblos de sus patrimonios territoriales (o sea físicos, ambientales,
culturales, tradicionales, institucionales, productivos, emocionales y espirituales). Milton
Santos decía: el lugar es esperanza, lo global es falsedad, engaño2.
Mucha polémica existe en la interpretación y la práctica del desarrollo en América Latina,
potenciada en el actual contexto internacional y regional. Expresan las tensiones existentes
entre una historia del desarrollo en América Latina y el imaginario social del concepto: una
región con déficit y limitaciones evidentes, que incluso cuestionan su pertinencia como
horizonte de expectativas, es necesario “salirse del desarrollo” se suele escuchar. Sin
embargo, el imaginario social convierte al desarrollo en un concepto pleno de
connotaciones positivas: se lo identifica con el crecimiento, el progreso, el cambio, las
oportunidades, el bienestar, etc. Toda tensión implica fricción pero también vínculo. Da
cuenta de un proceso abierto, disputado, político. Tensión y controversia. Disputa
epistemológica que se libra contra el pensamiento único (que no es solo liberal, sino
occidental), contra los reduccionismos (fundamentalmente economicistas) y contra las
recetas (monetaristas y de otra índole). Disputa política que se libra contra las fuerzas
internas y externas que se niegan al desarrollo, expresada entre transformaciones
democráticas y populares frente a la recurrencia de prácticas concentradoras y excluyentes.
Pensar el desarrollo en clave de política situada implica un esfuerzo de conocimiento y de
acción; recuperar aportes teóricos originados en diferentes tradiciones de pensamiento, y
repensar el significado y la importancia del territorio en la transformación social. Así como
observar políticas implementadas tanto por gobiernos nacionales y locales, e iniciativas de
2 “O mundo da globalização doentia é contrariado no lugar (...) Desse modo, o lugar torna-se o mundo de
veraz e da esperança; e o global, mediatizado por uma organização perversa, o lugar da falsidade e do
engodo”. Santos, Milton (1994:36)
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diferentes grupos sociales. Esos saberes y esas prácticas abren la posibilidad de
revalorizar opciones de transformación social en contextos socio-espaciales
determinados y de explorar la relación entre política, desarrollo y territorio como
dimensiones que atraviesan diferentes campos del conocimiento.
El objetivo general entonces, es “tensionar el desarrollo”, plantear una disputa por su
sentido, plantearlo en el marco de las contradicciones sociales y los proyectos políticos.
Específicamente, presentar el debate sobre los fundamentos epistemológicos del concepto;
fortalecer una perspectiva situada en sociedades, tiempos y espacios concretos, de modo de
romper con su impronta abstracta y universal y recuperar una interpretación política como
praxis de transformación y condición de desarrollo de las sociedades.
Con ello, se podrá contribuir al diseño de un marco interpretativo de Política Situada y un
enfoque práctico de actuación territorial, apoyado en conceptos operativos e interrogantes
de acción. Un marco que coloca al desarrollo en el campo de lo político, que enlaza (de
modo político, es decir abierto e impredecible) las diferentes dimensiones (estructurales,
institucionales, relacionales) de la realidad, vista en su complejidad social, temporal y
espacial. Un proceso abierto que depende de relaciones de fuerzas históricas y actuales en
tensión, en contextos sociales, espaciales y temporales concretos.
Al poner el foco en las relaciones de poder histórica y actualmente imperantes; el
pensamiento crítico y comprometido saca al desarrollo de su reducto económico y lo coloca
en el amplio terreno de los procesos sociales, El desarrollo no es algo a lo que se arriba de
manera armónica, sino que es el resultado de un proceso que se construye poniendo en
juego intereses divergentes, contradictorios (incluso antagónicos) y buscando posibles
maneras de solución en el marco de una democracia sustantiva. Por eso se trata de una
construcción histórico-social de fuerte contenido popular y no un tema de incumbencia
exclusiva de elites modernizadoras. Pensar al desarrollo de un territorio en términos
políticos remite a una concepción de la acción como praxis de transformación, a cimentar
una sociedad preocupada por la igualdad social, que cuestione las relaciones de poder que
imperan en su entorno. En esta idea de la política subyace su sentido más rico, más
genuino, más social, más comunitario.
Todo proyecto político condensa una matriz de poder en un momento determinado,
que cristaliza en reglas de juego institucionales y que construye realidad a través de
acciones de gobierno en interacción (armónica o conflictiva) con otros sectores de la
sociedad local, regional, nacional y/o internacional. Por tanto, para revertir los pilares
de la sociedad de mercado y otorgar primacía a lo público como valor y lo político
como energía de transformación, es necesario construir capacidades territoriales. Es
que todo proyecto emancipatorio tiene anclaje territorial y depende de una capacidad
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